Título: El regionalismo castellano durante la II República Publicado por: Maelstrom en Diciembre 28, 2008, 02:44:03 Los años de la II República fueron decisivos para la maduración del regionalismo castellano. Un regionalismo que comenzó como reacción airada contra las pretensiones catalanas de autogobierno, pero que consiguió llegar a 1936 abanderando un proyecto propio. Sin embargo, la sublevación militar de julio de 1936 y la Guerra Civil desencadenada como consecuencia de la misma interrumpieron los titubeos regionalistas. Estos hechos privaron a la actual autonomía de Castilla-León de los antecedentes históricos que esgrime la disposición transitoria segunda de la Constitución de 1978 para acceder a la autonomía por la vía rápida del artículo 151.
(http://farm1.static.flickr.com/51/128043306_488d740b96.jpg?v=0) El 14 de abril de 1931, horas antes de ser proclamada la II República en Madrid, Francesc Maciá anunciaba de manera unilateral "la República Catalana com a Estat de la Federació Ibérica". Era todo un desafío al nuevo régimen. Una vez más, la sensibilidad castellanista despertaba a impulsos de lo que en estas tierras se recibía como un auténtico atentado contra la unidad de España, y ni siquiera la reconducción de la República Catalana hacia la Generalitat de Cataluña (cuya definición pretendía recuperar la fórmula medieval de Diputació del General) sosegó a los más exaltados. Como señala el historiador Juan Andrés Blanco, tres etapas concitan ahora las arengas regionalistas castellanas: -De abril a diciembre de 1931 (cuando se debate en las Cortes el modelo de Estado) -De mayo a septiembre de 1932 (momento en que se discute el Estatuto catalán) -A partir de febrero de 1936 (cuando el triunfo del Frente Popular reabre la posibilidad de acceder a la autonomía) Tres etapas recorridas por dos tendencias: el anticatalanismo feroz de los primeros momentos (básicamente hasta septiembre de 1932) y el progresivo aumento del sentimiento regionalista castellano (hasta mayo de 1936). En efecto, la posibilidad abierta a la autonomía catalana suscitó, dentro del regionalismo castellano, dos tipos de respuestas: la de quienes, partiendo de una postura claramente defensiva y (vinculándose en nombre de los sectores tradicionalistas que postulaban la identificaicón de Castilla con España) se dolían de las arengas anticastellanas de los nacionalistas periféricos y consideraban que cualquier descentralización fomentaría el separatismo, generaría injusticias y perjudicaría gravemente los intereses económicos y políticos de la tierra; y, por otro lado, aquellos que pretendían acceder a la autonomía y trabajar en pro de la identidad castellana, pero eludiendo el federalismo. Sin duda alguna, el político que más se esforzó por combatir las pretensiones catalanistas fue el aragonés Antonio Royo Villanova, catedrático de Derecho Administrativo y diputado agrario. Éste, al poco de escuchar las arengas de Francesc Maciá, le dijo: "Habéis cometido la falta de cordialidad de traer un Estatuto a una República que acaba de nacer". Es más, cuatro días después de proclamada la II República, Royo Villanova desafiaba de esta manera al veterano catalanista: "Para que Cataluña sea independiente, no basta con que lo quiera el señor Maciá, es menester que lo consienta España, y ningún elector republicano ha propugnado con su voto ni siquiera si la República ha de ser federal. Mucho menos se le ha pasado por la imaginación a ningún votante republicano autorizar, sin más ni más, la independencia de Cataluña...El señor Maciá tiene derecho a pedir la independencia de Cataluña. Pero no puede posesionarse de ella sin antes obtener el fallo favorable y soberano de las Cortes Constituyentes. Y de seguro que los republicanos de Castilla podrán aceptar o aprobar la autonomía o el federalismo, pero la República independiente que siempre ha defendido el señor Maciá no la apoyará en el Parlamento ningún diputado español". Este texto, publicado en El Norte de Castilla, fue uno de los muchos que sacó a la luz para combatir las pretensiones autonomistas catalanas, bastante elevadas cuando, en 1932, se aprobó el Estatuto de Nuria: "La nación catalana es incompatible con la española. Decís que España no es una nación, sino un conjunto de nacionalidades, yo digo que sobre esa base no puede haber solución. La nación española es una realidad". A pesar de las mofas que otros políticos hacían de él (como Manuel Azaña) lo cierto es que Royo Villanova tenía el apoyo de un importante sector social de Castilla la Vieja. Así lo demuestra, por ejemplo, el multitudinario homenaje a su persona realizado por la Unión General de Clases Medias, en agradecimiento a "su gesta españolista". Más de 3000 personas, en el vallisoletano Hotel Nacional, oyeron a Royo Villanova clamar contra "la labor desespañolizadora que se realiza en Cataluña" y el intento universitario de "sustituir con la cultura catalana la española y con la lengua catalana la de Cervantes". Falange Española, creada en 1933, hizo un acto de "afirmación españolista" en el Hotel Bilbao de Torrelavega, en que José Antonio afirmó que "Royo Villanova es el último ejemplar de la fauna liberal". Pero la de Royo no era ni mucho menos la única postura que mezclaba castellanismo y anticatalanismo. Los diputados agrarios de Castilla la Vieja insistían en que la autonomía catalana provocaría la desintegración de la unidad nacional, el rotativo católico Diario Regional respondía a la constitución de la Generalitat con un sentido editorial titulado "La personalidad de Castilla y León", el Diario de Burgos hacía lo mismo en multitud de textos, y una Asamblea de Ayuntamientos reunida en esa misma ciudad instaba a la unión de todas las provincias de Castilla la Vieja y León en contra del estatuto catalán y a favor de legislación regional: "Que Castilla lo pida cuando no tenga más remedio, pero mientras tenga un resquicio no debe ir a la cabeza para pedir la desmembración de España. Con Estatutos o sin ellos queremos la unidad de España". Esta era su propuesta, publicada en el Diario de Burgos el 14 de diciembre de 1931. (http://farm4.static.flickr.com/3268/2413077767_91d6f207a1.jpg?v=0) Mucho más comedidos y, en cierto modo, progresistas (a pesar de las posturas defensivas de sus propuestas) se mostraron en sus escritos otros líderes regionalistas como Ignacio Carral, defensor de una gran autonomía castellana que comprendiese las provincias de Castilla la Vieja y Castilla la Nueva (prescindiendo de tierras leonesas) o los catedráticos Misael Bañuelos y Narciso Alonso Cortés. Aunque entregado a la actividad literaria y ensayística, éste último nunca ocultó sus aspiraciones políticas y desde el primer momento entró el la polémica autonomista defendiendo la unidad de Castilla la Vieja con León, así como un federalismo gradual. Reconocía límites a la acción de las autonomías, pero partiendo de unos presupuestos homogéneos, y salvaguardando la unidad de España. Defensor de una región formada por las 11 provincias de Castilla la Vieja y León, un mes después de proclamada la II República, Narciso Alonso Cortés fundamentaba unos presupuestos básicos en los que la región no debería quedarse atrás en relación con el autogobierno de vascos y catalanes: "1º La región estará integrada por todas las provincias de Castilla la Vieja y León. No obstante, cualquier medida sobre este transcendental problema ha de basarse en la voluntad del pueblo y no en una simple consulta a los Ayuntamientos. 2º Ante el proyecto futuro (unitario/federal) pendiente de las Cortes Constituyentes, los castellanos deberán aprestarse a defender el punto de vista más favorable a su región. 3º El grado de autonomía para Castilla y León no será ni más ni menos que el de otras regiones. Si Cataluña y Vasconia han sufrido daños por la malaventurada absorción centralista madrileña, muchos mayores los ha sufrido Castilla." Preocupado por el mortecino espíritu regionalista de sus convecinos, Narciso Alonso Cortés no dejaba de difundir su castellanismo, a la vez que combatía el yugo del centralismo: "Seguir como antes, o casi como antes, es tanto como seguir sometidos a la oligarquía madrileña y a sus delegaciones provincianas. Debemos proclamar la inquebrantable unidad nacional, pero junto a ello, la emancipación de todo centralismo funesto", aseguraba el 5 de mayo de 1931 desde las páginas de El Norte de Castilla. Tampoco se quedaba atrás su amigo Misael Bañuelos, catedrático de Medicina en la Universidad vallisoletana, oriundo de Burgos y hombre de ideas avanzadas. "Castilla no debe entorpecer este movimiento, sino reconstruir su personalidad perdida en los campos de Villalar y presentarse en igualdad de condiciones ante el problema de hacer valer sus derechos", escribía en el mismo periódico el 19 de mayo de 1931, y hasta apostaba por la estructuración de España como una Federación de Estados. En junio de aquel año, Bañuelos era aún más claro en sus propuestas: "Jamás hubiéramos proclamado nuestras ideas regionalistas y autonómicas de no haber habido una región o dos, otres, que se lanzaron por el camino de una amplísima autonomía regional" escribía en El Norte de Castilla el día 13 (en respuesta a las arengas centralistas y unitarias de Arturo Pérez Martín, catedrático de Derecho) mientras reconocía que "las regiones que sigan sujetas al centralismo de Madrid" no podrían gozar de"una vida tan plena de posibilidades, materiales y espirituales, como las regiones gobernadas autonómicamente". Su idea era bastante clara: la unidad del estado se había roto, pero no la unidad nacional. Y lo más importante: en lugar de atacar cerrilmente al catalanismo, Bañuelos (y Alonso Cortés) atacarán al cantralismo, verdadero enemigo (en su opinión) de las tierras castellanas. Este mensaje será retomado por los castellanistas de la década de 1970. (http://www.elnortedecastilla.es/prensa/noticias/201107/14/fotos/7125639.jpg) Narciso Alonso Cortés Los castellanoviejos más preocupados por el movimiento regionalista, además de seguir estas disputas periodísticas entre centralistas y autonomistas, tuvieron la oportunidad de escuchar al mismísimo José Ortega y Gasset defender las teorías de Narciso Alonso Cortés y Misael Bañuelos. En un acto que tuvo lugar en el Teatro Principal de León, el 26 de junio de 1931, Ortega y Gasset pronunció un discurso del que merece la pena leer algún fragmento: "Si...Suponemos reunida la región leonesa a Castilla la Vieja se llega a una población de tres millones de hombres. Con tres millones de hombres, ocupados en una vida de tipo muy semejante y preocupados de problemas iguales, se puede hacer mucho; con todos estos hombres reunidos en una gran región, a la cual se otorgue su asamblea, su sufragio universal y su gobierno local. Entonces os sentiríais capaces y responsables de la existencia local de vuestros terruños, dentro del gran grupo estatal de España. Entonces se resolvería el tremendo problema de la tierra castellano-leonesa". Si Ortega y Gasset (que sería elegido diputado por León días después) culminaba su discurso con una arenga de tal calibre, era por algo. Bien sabía él que en León prendía con fuerza la propuesta de construir una región castellano-leonesa, aun sin menoscabo del leonesismo que promovían personas como Miguel Bravo Guarrida, Miguel Díez Canseco, José González, Mariano Domínguez Berrueta, Manuel Fernández Núñez o el alcalde José Eguigaray, instiuciones como el Ateneo Leonés, Centro Leonés, Vida Leonesa, Sociedad de Estudios Leoneses e Institución de Estudios Leoneses y asociaciones como Amigos de León, Tradiciones Leonesas, el Grupo Pro-León o el Orfeón Leonés. El 2 de mayo de 1931, un editorial del Diario de León titulado "Mirando el horizonte debemos prepararnos" animaba a los municipios leoneses a "unificar posturas con Castilla salvaguardando los derechos de León", mientras las páginas interiores del periódico reproducían artículos de Narciso Alonso Cortés. Fue precisamente el Diario de León el responsable de la primera propuesta estatutaria para Castilla-León. El 9 de junio de 1931, este diario publicaba un artículo titulado "Estatuto Castellano-Leonés". Inspirado por las ideas del Centro Autonómico Leonés, el texto apostaba por una región castellano-leonesa bajo la fórmula de una federación de provincias, con plena autonomía para los asuntos de alcance regional y relativa para los de alcance provincial y municipal. Gobernada la nueva entidad por una junta o consejo regional elegido por los ciudadanos, en él estarían representados los municipios, las corporaciones y las clases profesionales. Este periódico publicaría (los días 4,5,7,18 y 19 de diciembre de 1931 y 8 de enero de 1932) el famoso Catecismo Regionalista Castellano-Leonés, cuyo autor era el sacerdote Eugenio Merino (oculto bajo el pseudónimo de F. Gómez Campos). Con un estilo didáctico, esta obra estaba estructurada en tres partes: -Ideas Generales -Fundamentos del Regionalismo -Los deberes de un buen regionalista En la segunda parte, Merino definía el proyecto regionalista como "un sentimiento o aspiración política que defiende los respetos, autonomías y adaptaciones al ser y al espíritu de cada región, cuando gobierna o legisla un Estado para regiones distintas". Cercano al tradicionalismo de Juan Vázquez de Mella, el sacerdote defendía la unidad nacional, reconocía la cuenca del Duero como núcleo central de Castilla-León y aportaba un completo catálogo de fundamentos regionalistas: la lengua castellana ("verdadero vehículo de expresión en 22 naciones"), instituciones históricas como los concejos o las Cortes, la pobre y oprimida economía, y (desde luego) las inmensas aportaciones culturales de Castilla-León. (http://farm4.static.flickr.com/3209/2324763535_5846434dda.jpg?v=0) El Catecismo Regionalista Castellano-Leonés de Eugenio Merino llegaba en un momento nada casual: aprobada ya la Constitución republicana (que decretaba el "Estado integral compatible con la autonomía de los municipios y regiones") faltaba poco para retomar el debate en torno al Estatuto catalán, anunciado en agosto de 1931 pero retrasado hasta marzo de 1932. De hecho, ya en aquel primer momento, el anunció concitó, aparte de las arengas encendidas de Royo Vilanova, otras no menos virulentas en el Norte de Castilla, Diario de León, Diario Regional y, sobre todo, en el Diario de Burgos. Y a finales de año, una Asamblea de Ayuntamientos burglases echaba más leña a la hoguera anticatalanista, reafirmándose en la unidad española y señalando, de paso, que las importaciones de trigo realizadas por catalanes "habían determinado la ruina de Castilla". (http://www.crwflags.com/fotw/images/e/es-cl%7Dco.gif) Una de las conclusiones de esta reunión fue la propuesta de preparar, en la misma ciudad, una Asamblea para el mes siguiente. Así se hizo: el 13 de enero de 1932, el consistorio burgalés lograba reunir a representantes de Ayuntamientos y Diputaciones procendentes de todas las provincias de Castilla la Vieja y León, pero también de Logroño, Santander, Zaragoza, Ciudad Real, Málaga, Toledo, Huesca, Cuenca, Ciudad Real, Santander, Logroño, Albacete, Córdoba, Jaén , Murcia, Cádiz, Sevilla, La Coruña, Oviedo y Pamplona. Presidida por García Lozano, su objetivo era "hacer un análisis y crítica de los artículos del Estatuto Catalán que se considerasen más separatistas y atentatorios contra la soberanía del Estado Español y la propia Constitución". Cinco días estuvieron debatiendo los representantes en la capital burgalesa, cinco días de reunión que entre sus principales conclusiones (publicadas de manera puntual por el Diario de Burgos) recogieron el rechazo al Estatuto catalán "tal y como había sido redactado y presentado a las Cortes" por permitir la desmembración del país, recortar las atribuciones del poder central, desarticular económicamente la Hacienda Española...Propusieron los allí congregados divulgar dichas conclusiones por todo el país, proponer que todas la provincias españolas se pronunciasen al respecto y el establecimiento de una cláusula que obligara a la revisión (cada cindo años) de cualquier Estatuto que fuese aprobado. Título: Re: El regionalismo castellano durante la II República Publicado por: Maelstrom en Diciembre 28, 2008, 02:49:39 La iniciación, a fines de abril de 1932, del debate Estatutario en las Cortes reforzó la postura anticatalanista en Castilla la Vieja y León. Así se pudeo comprobar, por ejemplo, en la reunión convocada el 4 de mayo en Valladolid por la Asociación de Comercio e Industria local, que concitó la postura contraria al Estatuto catalán de los representantes de Ávila, Salamanca, Palencia, Medina del Campo, Rioseco, Peñafiel, Valladolid y Gijón. Además de tachar de exclusivista al Estatuto catalán, los reunidos abogaron por mantener la integridad de la nación, establecer medidas compensatorias para "cubrir los servicios tranferidos" y aplicar íntegramente las ventajas estatutarias catalanas a otras regiones que lo solicitasen. El punto final de la propuesta era (según puede leerse en El Norte de Castilla del 5 de mayo de 1932) bastante desafiante:
"En caso de no atenderse estos acuerdos, estas asociaciones patronales...Lejos de considerar a Cataluña como región hermana se verían obligados a considerarla en situación de extranjería, recomendando a todos sus asociados la cesación desde tal momento de todas las relaciones mercantiles e industriales que con ella existieran" Más atenuada en sus propuestas resultó la Asamblea convocada en Palencia el 8 de mayo de 1932 a instancias de su alcalde, Pablo Pinacho, que recibió las adhesiones de Santiago Alba y Miguel de Unamuno: además de proponer la concesión de la autonomía financiera a las regiones mediante la fórmula de los conciertos económicos, el evento concluyó advirtiendo de la "liquidación de las relaciones financieras y económicas con Cataluña" en caso de que se llegara a aprobar "un Estatuto separatista". Ello sin olvidar la airada protesta de la Cámara de Comercio leonesa (publicada en el Diario de León) contra el Gobierno izquierdista, al que acusaba de separatismo. Hay que mencionar también las impactantes manifestaciones contra el Estatuto catalán convocadas en Valladolid y Burgos a primeros de mes, alentadas por la extrema derecha. Si la concentración burgalesa generó algunos incidentes por no contar con la correspondiente autorización gubernamental, la de Valladolid (impulsada por la Facultad de Medicina) se saldó con varios heridos, detenciones, y la trágica muerte de un joven de 16 años. Cuando el 9 de septiembre de 1932 las Cortes aprobaban el Estatuto Catalán, poco más se escribió en estas tierras parte de un apocalíptico artículo de Royo Villanova. Titualdo "Consumatum est", el texto fue publicado por El Norte de Castilla. Por su parte, Narciso Alonso Cortés confiaba en que el ejemplo catalán hiciera cundir el ánimo castellano en pro de un texto estatutario de corte liberal, aunque tan sólo fuese adoptado por motivos defensivos: "Seguro estoy de que los políticos y representantes de Castilla más o menos pronto trabajarán por la autonomía de la región, pues se convencerán de su conveniencia y de que pueden hacerlo sin detrimento, antes bien en beneficio, de los principios liberales. Y deben hacerlo cuanto antes, precisamente para evitar que otros puedan perseguir fines muy diferentes a la sombra de la autonomía. Así se expresaba este castellanista en El Norte de Castilla, el 18 de noviembre de aquel año. Siguiendo su línea, Misael Bañuelos redobló las llamadas a la construcción de un Estatuto Castellano, cifrando en lo económico la punta de lanza de sus reivindicaciones. De hecho, siete días antes de ser aprobado el Estatuto Catalán, Bañuelos alertaba a los castellanos contra el asunto que más le preocupaba: el proyectado incremento de tributos como medio de enjugar el déficit resultante de las concesiones estatales. Para Bañuelos el Estatuto Catalán equivalía, ante todo, a discriminación económica, pero éste catedrático no mostraba una actitud resignada: animaba al pueblo castellano a potenciar un regionalismo centrado en lo económico que salvara a estas tierras de la "hegemonía centralizadora de Cataluña". Atenuadas, tras la aprobarción del Estatuto Catalán, las opiniones castellanistas más anticatalanas, comenzaron a cobrar protagonismo las opiniones favorables a un Estatuto para Castilla la Vieja y León, que retomara los principios básicos del "regionalismo sano". A esta empresa de dedicaría con fervor El Norte de Castilla desde fines de 1932. El 2 de octubre de aquel año, en un editorial titulado Autonomía de Castilla. La fórmula del Estatuto, éste diario afirmaba: "Ha llegado, pues, el momento de pensar en nuestra propia vida. Dejar a las demás regiones constituirse en autónomas con vistas a mejorar su provecho es homicida...Como pensamos nosotros pensarán hoy los castellano todos: hay que formular el Estatuto castellano" Impulso regionalista éste secundado por el Diario Palentino y afianzado mediante una encuesta publicada por El Norte de Castilla sobre el movimiento estatutario que, pese a los afanes de sus inspiradores, obtuvo respuestas contundentes frente a otras no muy precisas. Entre las primeras destacó la de Amando Melón, catedrático de Geografía y decano de la vallisoletana Facultad de Filosofía y Letras, defensor de la castellanidad de Santander y partidario de definir la cuenca del Duero como eje central de la región. "Castilla. según la geografía física, tiene una delimitación clara y precisa", aseguraba Melón en su respuesta a El Norte de Castilla el 4 de noviembre de 1932, "el Duero, común colector de las líneas fluviales que discurren por las provincias". En lo que a las tierras montañesas respecta, decía lo siguiente: "La actual provincia de Santander, aunque fuera del marco o frontera natural de Castilla, debe considerarse como elemento inseparable de ella. En este caso, la fuerza histórica y tradicional es tanta, que tiene poder suficiente para eclipsar la barrera aislada de la Cordillera Cantábrica...En el caso de Santander y Castilla actúa la Historia como poderoso aglutinante entre dos regiones naturales. En el caso de implantarse el régimen autonómico por regiones, ¿conviene dividir la Meseta Septentrional en Castilla y León? Para mí la contestación no tiene duda. No. La frontera Pisuerga-Adaja no es de gran valor geográfico, no es mucho su valor histórico: León y Castilla unen su parte en alguna ocasión de la Alta Edad Media,y desde Fernando III, unidos leoneses y castellanos inauguran las grandes conquistas de Andalucía y Levante...Lo que no ha separado hondamente no la Geografía ni la Historia, no lo debemos separar nosotros" Mientras Narciso Alonso Cortés respondía a la encuesta oponiéndose a que "por concederse la autonomía a las demás regiones Castilla quede como feudo único de Madrid", la Cámara de Comercio vallisoletana, la Confederación Hidrográfica del Duero y personalidades como José María Villacián, Justo González Garrido y el ya mencionado Misael Bañuelos se afirmaban en sus afanes regionalistas, hasta el extremo de proponer éste último la fundación "de un partido proautonomía de Castilla o partido castellanista". Pero otros no lo tenían tan claro: la Cámara de Comercio e Industria Leonesa negaba que Castilla-León fuese una región diferenciada al estilo de Cataluña o el País Vasco, y lo mismo pensaban su homóloga palentina y la Diputación Provincial de Santander. (http://www.crwflags.com/fotw/images/e/es-cl%7D2c.gif) (http://www.crwflags.com/fotw/images/e/es-cl_77.gif) Mención aparte merece la campaña emprendida en León a favor de la autonomía de las provincias de la Cuenca del Duero en los años 1932, 1934 y 1935, de la que formarán parte El Diario de León, la Federación Católica Agraria, la diputación provincial y el Ayuntamiento, presidido por el alcalde socialista Miguel Castaño. De hecho, este movimiento en favor de la autonomía económica y administrativa de la Confederación Hidrográfica del Duero suscitó la convocatoria, en el verano de 1934, de una Asamblea en Valladolid a la que acudieron varios ministros oriundos de estas tierras, así como representantes de las distintas provincias. Poco más se avanzó en el año que estamos viendo, 1934. Los sucesos revolucionarios en Asturias y Cataluña, con la consecutiva suspensión parcial del Estatuto de esta última región, relajaron considerablemente los afanes autonomistas en Castilla la Vieja y León. Habría que esperar hasta 1936 para que tuviera lugar el último (y malogrado) hecho del movimiento estatutario. (http://farm4.static.flickr.com/3104/2413057155_e1475cc011.jpg?v=0) El trinfo electoral, en febrero de 1936, del Frente Popular reactivó el proceso regionalista castellano-leonés con una fuerza nunca vista. La autorización al Parlamento catalán para reanudar sus sesiones con objeto de formar el Gobierno de la Generalitat animó a los castellanistas a proseguir con su labor. Todo parecía anaunciar lo que tanto deseaban vascos, gallegos y catalanes: la reapertura del proceso estatutario para culminar la organización regional de la España republicana. En efecto, en seguida comenzaron los debates sobre el Estatuto vasco y el plebiscito del gallego, mientras Aragón, Valencia y Andalucía se preparaban para desarrollar procesos similares. Consecuentemente, la prensa regional no tardó el posicionarse: El Norte de Castilla, Diario Regional, Diario de León, Diario Palentino y Diario de Burgos se empaparon de regionalismo, Ya el mismo 6 de marzo, el segundo de los periódicos animaba a incorporarse al proceso estatutario que se avecinaba. Lo importante es que el furibundo anticatalanismo de los años anteriores dejó paso a un talante más constructivo y marcadamente castellanista, coherente con el ambiente de regionalismo generalizado en la política española. Salvo energúmenos como Royo Villanova o el ultraderechista Onésimo Redondo, la mayoría de los interesados en el asunto, en lugar de perder fuerzas atacando al autonomismo periférico, unieron sus voluntades para conseguir un Estatuto de Autonomía castellano-leonés. (http://canales.nortecastilla.es/150aniversario2/especial/fotosempresa/1937e01.jpg) Royo Villanova Los intentos más serios comenzaron a partir de fines de mayo. Una vez más, el Diario de León publicaba un editorial autonomista. En este artículo, fechado el día 20, se proponía la consitución de Castilla la Vieja y León "en regiones autónomas contra el estatutismo de ese imbécil Madrid" y unir en una personalidad a ambos territorios en torno a la Cuenca del Duero, sin caer ahora en "pequeñas rivalidades pueblerinas". Cuatro días más tarde, el alcalde burgalés Luis García Lozano convocaba en su ciudad una magna Asamblea para avanzar hacia un Estatuto "apartidista", que uniera a las provincias de Castilla-León, que fuera contrario al centralismo madrileño y que salvaguardara la unidad nacional. Las palabras de García Lozano resumen este anhelo: "Vamos a trabajar por Castilla, pero sin asperezas para las demás regiones ni ofensas para nadie, sin herir sentimientos de provincias hermanas nuestras que están agrupadas en la nación española...Trabajemos todos, hoy burgaleses, mañana castellanos, todos españoles, por los intereses sagrados que nos están confiados...Iremos al mejoramiento castellano en una colaboración íntima con todos, estando solamente burgaleses y castellanos en pro del mejoramiento de Castilla pero no por ser de Castilla, que esto quizá fuera un poco egoísta, sino por ser a la vez de España". Si en aquellos momentos el Diario de Burgos no dejaba de difundir el regionalismo (señalando que "aunque sea Burgos la primera capital en que el movimiento estatutista ha tornado desde el primer momento carácter práctico, éste ha estallado en casi todas las ciudades castellanas y leonesas y en las del resto de España") el encargado de elaborar, sitematizar y redactar la propuesta concreta fue Misael Bañuelos. El 26 de mayo de 1936 el catedrático sacó a la luz en El Norte de Castilla unas Bases para el Estatuto de Castilla y León que dibujaban una región formada por 11 provincias (la actual autonomía de Castilla y León más Santander y Logroño). Este territorio se articularía a través de las viejas Diputaciones (convertidas en Consejos) y tendría la misión de hacerse vale "para defender a España y su imperio espiritual". (http://farm4.static.flickr.com/3258/2413057157_4be57a8352.jpg?v=0) Dicha región contaría (en lo referente al sistema de Gobierno) con una Asamblea de Consejos, cuyas reuniones (celebradas en primavera y otoño) constituirían el poder legislativo regional, el poder ejecutivo sería el Consejo Supremo de Castilla y León. Bañuelos hacía constar que la región gozaría de los mismos privilegios que Cataluña y dispondría de competencias transferidas por el poder central, incluídas las de orden público. Por otro lado, los consejeros provinciales se elegirían por circunscripciones de 25.000 habitantes, eliminando con ellos el manido sistema de partidos judiciales, y se regulaban los principios de las Haciendas regionales y provinciales. El funcionamiento del poder ejecutivo castellano-leonés queda menos claro, pues Bañuelos tan sólo habla de funciones de vigilancia para el cumplimiento de leyes y acuerdos atribuídos a los Consejos provinciales, mientras que el recurso por incumplimiento se reserva al Consejo Supremo de Castilla y León. Así estaban las cosas, a punto de concretarse, cuando tuvo lugar la sublevación militar de julio de 1936. El triunfo de los rebeldes en toda la Submeseta Norte, desde Salamanca hasta Burgos, cortó de raíz el sentimiento regionalista castellano-leonés. A partir de este momento, el bando nacional manipularía la Historia de Castilla, presentándola como la esencia de España, construyendo una visión demagógica de estas tierras. Los discursos de los golpistas exaltaban una Castilla que era y debía ser, ante todo, agrarista, antidemocrática y católica. Éste discurso opresor, reaccionario y centralista aceleraría la ruina de Castilla, al tiempo que serviría espléndidamente a las oligarquías de Cataluña y el País Vasco. Pero ésa es ya otra historia. (http://img01.lavanguardia.com/2011/05/30/Franco-alza-el-brazo-tras-una-_54162767172_53389389549_600_396.jpg) J.A. Blanco (coord.) - Regionalismo y autonomía en Castilla y León (2004) Enrique Berzal de la Rosa - La larga marcha de la autonomía (2007) Título: Re: El regionalismo castellano durante la II República Publicado por: rioduero en Abril 10, 2009, 20:17:42 Este articulo viene bien para estas fechas el 14 de Abril,vendria bien para equilibrar o mejor dicho para conocer su totalidad, la postura contraria, los monarquicos alfnsino y los carlistas sobre el tema de autonomia de Castilla o sus fueros en caso de los tradicionalistas
Título: Re: El regionalismo castellano durante la II República Publicado por: Rojo y separatista en Abril 10, 2009, 21:18:29 muy parecida la situación de aquellos años a la de ahora, aunque diría yo que mucho peor ahora, ya que en estos momentos por no haber no hay ni regionalismo castellano, y donde lo hay siempre bajo el antifaz del anticatalanismo y antivasquismo mas rancio, siempre en respuesta a lo que haga la "periferia", o lo que comunmente podríamos denominar un españolismo camuflado que utiliza a Castilla para sus propios intereses, vamos, la historia de siempre :icon_cry:
es que Castilla lo que debe de hacer es pasar olimpicamente de "España" y de su puñetera unidad, que le den por el culo a ese maldito invento de los mil demonios denominado "España", lo único que Castilla tiene que nogociar con ese engendro ("España") es el día de la independencia del pueblo castellano, nada más como diría Pepe Rubianes, y que es lo que verdaderamente pienso de eso llamado "España": a mí, la unidad de España me suda la polla por delante y por detrás, que se metan a España en el puto culo, a ver si les explota dentro y les quedan los huevos colgando del campanario :icon_mrgreen: :icon_mrgreen: |