
El francés
Georges Sorel fue un pensador anómalo, difícil de clasificar. Todos los demás ideólogos del siglo XIX han sido debidamente estudiados, clasificados y etiquetados. Las teorías, influencias y personalidades de John Stuart Mill, Carlyle, Auguste Comte, Nietzsche o Karl Marx ocupan sus respectivos lugares en la Historia de las ideas. Sólo Georges Sorel sigue sin clasificar, tal y como estuvo durante toda su vida: reclamado y repudiado a la vez tanto por izquierdas como por derechas.
¿Fue un filósofo audaz e innovador, un teórico de genialidad abrumadora, como aseguraba su puñado de discípulos?
¿O simplemente un periodista romántico, como asegura el investigador médico Ludwig Lichtheim?
¿Un
"pesimista que pedía sangre con sus gemidos", en opinión del socialista libertario G.D.H. Cole?
¿O, como pensaba Croce, el único pensador original (junto con Marx) que ha dado el socialismo?
¿Fue Sorel tal vez un
"embarullador notorio" , como dijera Lenin?
Nació Georges Sorel en Cherburgo (Normandía) en 1847. Su padre era un hombre de negocios poco afortunado, y su familia se vió obligada a vivir con suma austeridad. Según su primo (el historiador Albert Sorel) Georges mostró desde temprana edad un talento excepcional para las matemáticas. En 1865 inició sus estudios en la École Polytechnique de París, y cinco años más tarde ingresó como ingeniero en el Ministerio de Obras Públicas (Ponts et Chaussées). A lo largo de los veinte años siguientes fue destinado a diversas ciudades de provincias. En Córcega se encontraba cuando estalló la rebelión de la Comuna de París. En 1875 cayó enfermo en un hotel de Lyon, y cuidó de él una sirvienta llamada Marie David, una campesina católica y semianalfabeta procedente de las fronteras con Saboya. Sorel viviría con ella desde entonces, en sus cartas la califica como su esposa, aunque no es probable que contrajeran matrimonio, ya que la familia de ella no estaba a favor del mismo. Vivieron felices, él la instruyó y a la vez aprendió de ella. Marie David falleció en 1898; Sorel llevaría encima por el resto de sus días una medalla que ella le había regalado, venerando su memoria.
Hasta los cuarenta años, la vida de Sorel fue la de un funcionario francés de segunda fila: oscura, apacible y provinciana. En 1889 publicó su primer libro, de temática religiosa. Por esta época, su ideario era tradicionalista y conservador. Sin embargo, evoluciona hacia ideas totalmente opuestas en los años siguientes, declarándose marxista en 1893. Había abandonado su profesión un año antes, a partir de ahora se dedicará en cuerpo y alma al estudio de los problemas sociales. En 1898, recibe influencias del político italiano Benedetto Croce (marxista en esta época, liberal después) y, en mayor medida, por el alemán
Eduard Bernstein.

Principal teórico de la socialdemocracia, Bernstein rechazaba el acabar con el capitalismo por medio de una revolución, proponiendo avanzar hacia el socialismo de manera gradual y no violenta, una vía reformista que se desarrollaría a través de la actividad parlamentaria...Y a través de la actividad parlamentaria, los partidos socialistas deberían conseguir la ampliación del sufragio universal, que permitiría la transformación del Estado: dejaría de ser un organismo para defender los intereses burgueses para convertirse en el Estado del Pueblo. Así pues, Sorel hará suyas parte de las enmiendas de Bernstein hacia el marxismo ortodoxo.
En 1894 estalló el mayor escándalo de la vida política francesa de por aquel entonces: el caso Dreyfus. Un agente del Servicio de Información del Ministerio de la Guerra halló, en la papelera del agregado militar alemán en París, una carta sin firmar que anunciaba el envío de documentos secretos. Un oficial judío alsaciano, el capitán
Alfred Dreyfus, fue acusado de haber redactado esta carta comprometedora. A pesar de que los testimonios que le culpabilizaban eran contradictorios, Dreyfus fue juzgado y deportado. Algún tiempo después, un técnico del Servicio de Información descubrió el autor de la carta era el oficial Henry, quien se declaró culpable. Dreyfus, tras afrontar un segundo juicio, acabaría siendo amnistiado y rehabilitado.
El caso Dreyfus conmocionó a la sociedad francesa, que se dividió en
dreyfusistas (Liga de los Derechos del Hombre) y
antidreyfusistas (Liga de la patria francesa, Liga Antisemita de Francia). Algunos socialistas se unen a la burguesía liberal ante la ruindad del Ejército y la Iglesia durante el caso Dreyfus. Georges Sorel pasa a formar parte del movimiento dreyfusista, y firma un manifiesto del periódico suizo Le Temps solicitando la revisión del asunto Dreyfus. Aquel manifiesto fue apoyado también por hombres ilustres como Marcel Proust, Émile Zola, Monet o el investigador social Durkheim.
En los años siguientes, Sorel colaborará con las publicaciones
El Devenir Social y
Movimiento Socialista. Esta última estaba dirigida por Hubert Lagardelle, publicista del sindicalismo revolucionario que, posteriormente, adoptará ideas fascistas. Sorel se convierte, poco a poco, en todo un teórico del sindicalismo revolucionario, publicando el libro
Reflexiones sobre la violencia en 1908, siendo su obra teórica más memorable. Pero los dreyfusistas se harán con el poder, y Sorel sufre una fuerte desilusión, causada por maniobras políticas rastreras, el cinismo propio de los políticos y la insinceridad de los "amigos del pueblo". Por si fuera poco, a Sorel le decepciona también la
CGT (Confédération générale du travail), a la cual se estaba aproximando ideológicamente. Surgida en 1895, la CGT era una organización sindical dominada por las corrientes anarco-sindicalistas.
Estas contrariedades hacen que Sorel cambie por completo de ideario, simpatizando ahora con los reaccionarios, pues veía con simpatía sus ataques a la democracia y su retórica antiburguesa. Colabora activamente con Action française, partido de ideales monárquicos y nacionalistas franceses en el que no faltaba el antisemitismo. Dirigido por el escritor
Charles Maurras, ésta organización política publicaba con un libelo diario (
L'Action française) y tenía una sección juvenil fanatizada y especialmente violenta: los
Camelots du Roi, que tenían su feudo en el Barrio Latino de París.

Ni que decir hay que la adhesión de Sorel a la derecha monárquica supuso su total ruptura con sus aliados de izquierdas. Durante una buena temporada, animaba con su presencia las reuniones que tenían lugar en las oficinas de los
Cahiers de la Quinzaine, órgano de expresión del socialista Charles Péguy, buen amigo suyo. Cuando Péguy se enteró de la alianza de Sorel con la derecha, le pidió que no se dejara ver más por la redacción. Profundamente herido, Sorel empezó a frecuentar la librería de un modesto seguidor, donde exponía ante un nuevo sus nuevas convicciones.
Por aquellas fechas, Sorel inspira el nacimiento de una grupo político: el Círculo Proudhon, que celebra su primera reunión el 17 de noviembre de 1911. Entre sus miembros estaban Charles Maurras, Henri Lagrange (un
Camelot du Roi, famoso por insultar al presidente de la República) y Georges Valois (uno de los fundadores de Action française). El Círculo Proudhon pretendía fusionar el nacionalismo francés con el sindicalismo revolucionario, tratando de conciliar obrerismo y monarquismo.
Pero el coqueteo de Sorel con los tradicionalistas del Círculo Proudhon no dura mucho tiempo. Tras fundar la gaceta reaccionaria
L'Indépendance y dirigirla durante un tiempo, Sorel reniega de sus ideales chovinistas y conservadores, regresando al socialismo. Aclamará a Mussolini (líder del Partido Socialista Italiano por aquel entonces) asegurando que un buen día
"saludaría a la bandera italiana con su espada" . Durante toda la I Guerra Mundial permanece en silencio, comunicándose por carta con su amigo Benedetto Croce. Sorel se muestra indiferente ante el conflicto bélico, para él aquello no era más que una pelea entre el capitalismo anglo-estadounidense y el Estado Mayor alemán. No parecía importarle mucho la victoria de uno u otro bando...
En 1917, cuando tiene lugar la revolución rusa, Sorel apoya con entusiasmo al nuevo régimen. Vió en Lenin al refundador audaz y realista del marxismo, calificándole como
"el mayor teórico que el socialismo que ha dado desde Marx". Los conceptos manejados por los soviets le parecían sindicalismo puro, y aplaudió el desprecio de los soviets por los regímenes parlamentarios, así como la represión contra los oponentes al bolchevismo. Según Sorel, el terror creciente desatado por los dirigentes bolcheviques era mucho menos dañino que aquello a lo que se pretendía reprimir.
Al mismo tiempo que daba su apoyo al régimen de Lenin, Sorel tuvo también admiración por el fascismo. Mussolini, al frente de los
Fasci Italiani di Combattimento (y del Partido Fascista después) presentaba sus ideas como revolucionarias y tradicionalistas, al mismo tiempo, una "Tercera Vía" entre el capitalismo y el socialismo marxista que no se podría clasificar como izquierda o derecha. Entre las lecturas del futuro dictador fascista se hallaban, entre otras, las obras de Sorel. Y está claro que entre el pensamiento soreliano y el fascismo hay más de un punto en común: exaltación de la acción violenta y del honor, odio hacia el parlamentarismo, desprecio por liberales y judíos...También el desprecio por los intelectuales, vistos como pedantes en cuyas manos todo impulso vital quedaba reducido a fórmulas abstractas, planes utópicos, la nada ilustrada. El desdén por los intelectuales y el desprecio por la Razón emparentan parte del pensamiento soreliano con la ultraderecha. Ésta es la retórica violenta de esta ideología, la retórica de los nacionalistas alemanes, de los antidreyfusistas, de los chauvinistas como Maurras. Pero éste lenguaje se halla también, en ocasiones, en las obras de
Charles Fourier, de
Pierre Joseph Proudhon, de
Mijaíl Bakunin... Nadie se ha aproximado más a este estilo de pensamiento y expresión que el ala radical del nazismo, liderada por Gregor Strasser. Hay en la tradición radical europea una tendencia contraria a los intelectuales y a los ilustrados (emparentada a veces con el populismo y el nacionalismo) que se remonta a Herder y Fichte, y que se introduce tanto en los movimientos antisemitas como en los revolucionarios, dando lugar a combinaciones anómalas, unas veces en oposición abierta y otras en alianza precaria con las diversas corrientes del pensamiento socialista y revolucionario. Sorel, con su odio obsesivo hacia la democracia, el republicanismo y, sobre todo, el racionalismo y los valores liberales, pertenece a esta corriente... De forma indirecta al principio, explícitamente después, a partir de su ruptura con sus compañeros de izquierdas. Es evidente el vínculo entre las opiniones de Sorel y las tendencias más izquierdistas de los fascismos.

Sorel fue totalmente ignorado por Lenin. Mussolini, en cambio, le reivindicó como inspirador del fascismo, y la propaganda de su régimen encontraría argumentos aprovechables en su obra. Pero, al mismo tiempo, era homenajeado por los comunistas italianos, que veían en él a un brillante polemista. Sumido en la pobreza y en la soledad, dejó de existir el 29 de agosto de 1922 en su residencia de los suburbios parisinos, siendo inhumado en el camposanto de Tenay. Según su amigo Daniel Halévy, diez años depués, en vista del estado de abandono que presentaba la tumba de Sorel, el embajador de la Italia fascista se mostró dispuesto a costear un monumento en su memoria. Poco después, el embajador soviético se mostró dispuesto a una iniciativa similar. Halévy se puso en contacto con la familia del fallecido pensador para conocer sus opiniones y, tras una larga espera, ésta le dijo que la tumba sólo le incumbía a ella y a nadie más. Halévy quedó encantado: aquel mensaje, tajante y brusco, podía haber procedido del mismísimo Sorel.
Antidemocrático y revolucionario al mismo tiempo, el pensamiento de Sorel ha influído tanto a izquierdas como a derechas. Sus teorías se han dejado sentir en toda la actividad política de Action française, en el comunista italiano Antonio Gramsci, en los fascismos clásicos, en el anarcosindicalismo y en los ultraderechistas denominados "nacional-revolucionarios". Sorel, pensador alienado, intelectual solitario, siguió un rumbo errático en sus ideas: conservador en su juventud, marxista depués, se convierte a la socialdemocracia para, posteriormente, hacerse dreyfusista y sindicalista revolucionario...Hasta que, desengañado con la CGT, se transforma en reaccionario y chauvinista. Regresa al socialismo, para acabar admirando a Lenin y a Mussolini al mismo tiempo. A pesar de sus imprevisibles y frecuentes cambios ideológicos, Sorel dejó unos escritos de extraordinaria solidez. Si bien sus obras son panfletos polémicos, un poco desorganizados, inacabados a veces, merece la pena leerlas. Aún hoy, las palabras de Georges Sorel nos pueden inquietar...

