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Autor Tema: La rebelión comunera en Medina del Campo (1520 - 1521).  (Leído 6808 veces)
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Maelstrom
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« : Abril 10, 2014, 18:26:44 »




Medina ante la Historia

Medina del Campo está situada en el cuadrante Suroeste de la provincia de Valladolid. Es una villa que rebosa castellanía y tradición por los cuatro costados, conservando abundantes vestigios de su esplendoroso pasado. Fue el centro y el eje de la Comunidad de Villa y Tierra más occidental de toda Castilla, comprendiendo un total de 70 aldeas y abarcando un territorio de más de 1100 kilómetros cuadrados. En su blasón se halla presente el lema "Ni el Rey oficio ni el Papa beneficio", que nos hace rememorar la tradición de autonomía civil y eclesiástica propia de esta villa. Para la Historia quedan, también, los nombres de los más ilustres medinenses: Bernal Díaz del Castillo, Gómez Pereira, Baltasar Álamos de Barrientos, Alonso de Quintanilla.
Medina llegó a ser el principal centro ferial de Castilla la Vieja: sus Ferias constituían el centro de la vida económica y financiera del Reino, en ellas podían encontrarse productos de todo el mundo. La venta de textiles resultó ser la más notoria y lucrativa; existía un tráfico entre Medina del Campo y los países del Oeste europeo basado en la exportación de lana y la importación de lienzos. Por su gran peso financiero-mercantil y la comercialización de sus excelentes vinos, Medina del Campo brilló con luz propia en los siglos XV y XVI. En esta centuria tuvo lugar la mayor época de bonanza vivida por esta villa: se construyeron la Colegiata y el Palacio de Dueñas; se iniciaron las obras del Hospital de Simón Ruiz, poderosísimo hombre de negocios; se estableció un correo semanal entre Medina y Sevilla; la imprenta de Medina alcanzó un gran prestigio, tanto por la calidad como por cantidad de sus obras impresas y distribuidas; los medinenses destacaban por su bravura en tierras de América...
Será precisamente en el siglo XVI cuando tenga lugar la rebelión comunera (1519 – 1522) contra Carlos I de España y V de Alemania. Como es bien sabido, el joven Carlos llegó a nuestro país en 1517 para hacerse cargo del trono, pese a la oposición del regente Cardenal Cisneros y del Consejo Real. Su total desconocimiento del país y su camarilla de corruptos flamencos empiezan a crear cierto malestar entre los castellanos. En 1519 es designado Emperador, de ahí que la Corte pretenda subir los impuestos para sufragar los gastos de su coronación en Alemania. Pese a las protestas, Carlos reúne a las ciudades castellanas en las sucesivas Cortes de la Coruña y Santiago y consigue (a través de presiones y dádivas) que la mayoría de los procuradores voten la polémica subida de impuestos. El descontento alcanza entonces su punto álgido; en ciudades como Segovia, Burgos o Guadalajara se producen motines contra sus representantes en aquellas Cortes. La crisis económica que padecía el Reino (especialmente entre los manufactureros textiles de Toledo y Segovia) y las críticas que ciertos sectores eclesiásticos lanzaban contra los flamencos fueron dos factores que influyeron en el comienzo de la rebelión. Desde bien pronto, el levantamiento comunero queda caracterizado como un movimiento de ámbito territorial prácticamente circunscrito a las dos Castillas y León; esencialmente urbano y liderado mayoritariamente por las clases medias. Las ciudades comuneras se agruparon en la llamada Junta General del Reino (o Santa Junta), cuya primera reunión se llevó a cabo en la Catedral de Ávila.
Toledo sería la primera ciudad en sublevarse contra las arbitrariedades del poder real, y Segovia seguiría después el mismo camino. Burgos apoyó con entusiasmo a los rebeldes, aunque acabaría cambiando pronto de bando; mientras que Valladolid se sumó tardíamente al movimiento. En Palencia, el fervor comunero tuvo que esperar hasta agosto de 1520, si bien la mayoría de sus vecinos apoyaban a los sublevados.
Medina del Campo tendría un lugar muy destacado en la rebelión comunera. Heroicamente, la villa se negó a entregar su depósito de artillería a los soldados del Rey, quienes lo necesitaban para atacar a la rebelde Segovia... Los medinenses pagarían muy cara su valentía, como veremos más adelante. Además, Medina experimentaría muy claramente la radicalización de ciertos sectores comuneros, un aspecto del que dieron cuenta los cronistas de la época.
Pasemos pues a examinar, con el mayor detenimiento posible, las repercusiones del alzamiento comunero en Medina del Campo.

Los inicios de la rebelión comunera

Durante los primeros meses de 1520 no debió ocurrir nada especial en Medina del Campo. Esta villa no participó en las revueltas que tuvieron lugar tras las Cortes de Santiago y La Coruña porque no tenía voto en las Cortes y, por tanto, no había enviado procuradores a las mismas. Pero a medida que la revuelta inicial se fue transformando en una revolución generalizada, como señala Joseph Pérez, Medina se involucró poco a poco en el movimiento comunero. La fecha clave en su paso a la fase revolucionaria fue la del 20 de mayo, cuando el Rey partió al extranjero. El gobierno del país quedó en manos de Adriano de Utrech, cardenal de Tortosa, quien pronto se vería superado por los acontecimientos revolucionarios.

Ya en junio de aquel año, la inestabilidad que se vivía comenzó a causar hondas preocupaciones en Medina del Campo, ya que en aquellos momentos estaba en pleno apogeo la Feria de Mayo, y su desarrollo distaba mucho de ser normal por causa del malestar que sentían los mercaderes segovianos y toledanos, especilamente. Por ello, el Concejo medinense solicitó el seguro real para los mercaderes que acudieran a la Feria. Poco después, la villa escribió al cardenal Adriano, afirmando que la alegría reinaba en toda Medina y lamentando, por otra parte, lo poco provechosa que estaba resultando la Feria por causa de los "movimientos" que había en algunos lugares, lo que hacía disminuir la seguridad de los caminos... Para reforzar la mencionada petición, las autoridades locales enviaron a Sotomayor, procurador de los caballeros e hidalgo de la villa. Inmediatamente, Adriano de Utrech y el Consejo Real otorgaron el seguro real para todos los mercaderes que fuesen a la Feria, que había comenzado el 8 de mayo.
La concesión del seguro real contribuyó a levantar los ánimos en Medina, que escribió nuevamente al cardenal (allá por el día 17 de mayo) para manifestarse contraria a la agitación antifiscal "que Satanás ha levantado en estos reinos"; dando así nuevas muestras del lealtad al Rey y aguardando el castigo divino para los rebeldes. Medina del Campo estaba, a Dios gracias, en paz y sosiego. Como recompensa, el cardenal y el Consejo Real siguieron apoyando la Feria, prorrogando el día 18 los 50 días ordinarios de su duración con otros 30 días, también asegurados.
Sin embargo, el martes 19 dos alguaciles de la Corte arrestaban a los mercaderes segovianos Fernando de Valladolid y Antón Rodríguez, que se dirigían a la Feria. Fueron llevados a presencia del licenciado Ronquillo, alcalde de Corte, que se hallaba en Arévalo. Ronquillo tenía órdenes de abrir una investigación por el asesinato del procurador Tordesillas, investigación que pronto transformaría en una verdadera expedición de castigo contra Segovia. Los dos mercaderes solamente estuvieron detenidos unas cinco o seis horas, pero este lamentable incidente causó una gran conmoción en Medina del Campo, pues los mercaderes de Toledo y de otros lugares abandonaron la Feria y quienes se dirigían a ella volvieron a sus puntos de partida. Medina solicitó al cardenal Adriano que Ronquillo abandonase inmediatamente la villa de Arévalo, y le envió los testimonios de los dos mercaderes segovianos. Pero el prelado estaba firmemente decidido a hacer cumplir sus decisiones, y por medio de una cédula real conminó a Ronquillo a permanecer donde estaba.
El cardenal, pragmático, temía que Medina del Campo se uniese a las ciudades y villas rebeldes. Si tal cosa llegaba a suceder, la causa del Rey sufriría un grave contratiempo. De ahí que, antes las reiteradas muestras de fidelidad que el Concejo y la villa le habían mostrado, procurase por todos los medios que la Feria de Mayo tuviera un desarrollo sin incidentes. Adriano fue rápido de reflejos al transmitir órdenes a Ronquillo, pero los acontecimientos posteriores desbordaron su pragmatismo y prudencia. Sus constantes consejos al Rey (previniéndole sobre el despilfarro del dinero y las quejas del pueblo castellano) fueron desoídos. No es de extrañar que pronto empezaran los disturbios, imposibles ya de contener... Y en Medina se iban levantando voces a favor de las ciudades rebeldes.
 Pocas noticias nos han llegado de lo que ocurrió en Medina del Campo durante julio de 1520. De la correspondencia entre el cardenal Adriano y el Rey surgen constantes lamentos por los sucesos que estaban teniendo lugar en Castilla, totalmente incontrolables. El día 21, el purpurado le escribió una carta donde se revela el cambio de actitud de Medina, pues la villa se negaba a entregar su artillería a las tropas reales que pretendían atacar a la comunera Segovia. Basándose en esta misma fuente, Joseph Pérez nos refiere que a finales de este mismo mes, Adriano pensaba en utilizar el parque de artillería de Medina contra Segovia "aun a riesgo de que tal proyecto pudiera provocar un levantamiento en la ciudad de las ferias".
Aunque todos los cronistas recogen la negativa de Medina a entregar su artillería, es Santa Cruz quien aporta más datos sobre las razones que tuvo la villa para actuar así. Pone en boca de Alonso Téllez Girón (señor de la Puebla de Montalbán y partidario del Rey) la idea de que si se castigaba a Segovia, los comuneros ganarían más partidarios de su causa. Y es que Medina del Campo, debido a la hermandad que tenía con Segovia por los paños que ésta aportaba a sus Ferias, también se sumaría al bando rebelde si la ciudad del Eresma era agredida...
Como es bien sabido, el Consejo Real ordenó a Ronquillo que atacase duramente a Segovia. Ante este asedio, los mercaderes segovianos pidieron a Medina cañones para defenderse. Esto llegó a oídos de Adriano y del Consejo Real, que decidieron tomar medidas urgentes: el obispo Juan Rodríguez de Fonseca sería enviado a Medina para apoderarse de algunas piezas de artillería, cumpliendo su misión sin mayores contratiempos. Por otra parte, Ronquillo se retiró a Santa María de Nieva, ante la resistencia y bravura mostrada por los segovianos.
Hemos de advertir que no sabemos el grado de verosimilitud del testimonio de Santa Cruz, pues no se ha podido probar documentalmente la estancia del citado obispo en Medina; tampoco queda constancia de que los mercaderes segovianos solicitasen la artillería medinense. Pero es un hecho claro que, ya por estas fechas, la rebelión comunera tenía un notable apoyo entre ciertas gentes de Medina del Campo.
Agosto de 1520 fue un mes clave en el desarrollo del levantamiento comunero. El día 1, la Santa Junta se reunió por primera vez en Ávila, asistiendo a ella los procuradores de Toledo, Segovia, Salamanca, Toro y Zamora; con la decidida intención de formar un gobierno revolucionario. La constitución formal de la Junta comunera de Ávila y los preparativos de la expedición toledana dirigida por Padilla sembraron la inquietud en el cardenal Adriano, quien ordenó al noble Antonio de Fonseca (máxima autoridad del ejército real) dirigirse a Segovia en apoyo de Ronquillo. Mientras tanto, éste último abandonaba Santa María de Nieva en dirección a Coca y Arévalo, donde se reuniría con Fonseca. Ambos llegaron el mismo día, el domingo 19, presentándose de "sobresalto con su ejército". Y en Arévalo recibieron, al día siguiente, la orden de ir a Medina del Campo para apoderarse de su artillería e impedir el paso del comunero Padilla hacia Segovia...

« Última modificación: Enero 10, 2016, 22:16:49 por Maelstrom » En línea
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« Respuesta #1 : Abril 10, 2014, 18:35:03 »


El incendio de Medina del Campo

Fonseca y Ronquillo se presentaron en Medina al amanecer del 21 de agosto de 1520 con la intención, como ya hemos dicho, de llevarse sus piezas de artillería. Según el cronista Maldonado, en la villa había división de opiniones: los regidores y la mayor parte de los nobles querían entregarles la artillería; mientras que el pueblo llano se negaba a ello. Por su parte, coetáneos de Maldonado como Anglería y Mejía nos relatan que Fonseca tenía partidarios y amigos en la villa, como el corregidor Gutierre Quijada. Afirma Santa Cruz que Fonseca se mostró muy amenazante desde el primer momento, diciendo que "metería a fuego y a sangre a la villa" si no le entragaban la deseada artillería; este cronista recoge también las negociaciones que mantuvo con los medinenses, señalando como mediadores a los prohombres Quintanilla y Quijada. Estas reuniones previas habrían durado un total de cuatro horas. Mientras se discutía tan conflictivo asunto, los vecinos se aprestaron a defenderse: colocaron los cañores en las bocacalles (según Anglería y Mejía) y se hicieron fuertes en la Plaza Mayor (nos refiere Maldonado).
Tras el fracaso de las negociaciones, Fonseca decidió entrar por la fuerza en Medina del Campo. Santa Cruz dice que sus tropas avanzaron por el Zapardiel abajo, entrando en la villa unos por las Cuatro Calles y otros por la calle de San Francisco. Comienzan las primeras escaramuzas entre las tropas reales y los medinenses, al mismo tiempo que se inicia un pavoroso incendio. Según Maldonado, "algunos de los capitanes, creyendo que practicaban un hecho atrevido o tal vez mandados por Fonseca, pegaron fuego a la villa por las partes más habitadas". En opinión de Mejía, "la gente de Antonio de Fonseca puso fuego a ciertas casas cerca de la plaza"; Sandoval nos refiere que Fonseca pensó engañar a los medinenses con el fuego, mandando arrojar y prender en llamas unas alcancías de alquitrán por la calle de San Francisco, sin pensar en las dañosas consecuencias que aquello podría acarrear. Todos los cronistas mencionados coinciden en señalar que el fuego era una maniobra para que los vecinos dejasen de defender la artillería, pero causó en ellos el efecto contrario: lejos de amedrentarse, las gentes de Medina lucharon con más ánimos.  
La refriega fue cruel. Los medinenses combatieron valientemente, tanto hombres como mujeres, y hubo muertes en ambos bandos. Maldonado hace un relato epopéyico de la bravura mostrada por los medinenses; Anglería, en cambio, llega a comparar el incendio de Medina con el de Troya...
Lo cierto es que las llamas arrasaron la mejor parte de Medina, destruyendo todo su emporio comercial. Prácticamente todas las casas afectadas por el enorme incendio estaban habitadas por mercaderes (joyeros, especieros, boticarios, merceros, lenceros, etc), ya fuese como propietarios o censatarios. Algunos mercaderes burgaleses y vallisoletanos poseían también viviendas en Medina, que habían comprado o arrendado para reservarse un lugar seguro durante las Ferias. Digamos también que aunque algunos caballeros pedieron también sus casas en el incendio, como don Juan de Ulloa, la pequeña nobleza y la oligarquía medinense apenas sufrieron daños. Las únicas pérdidas que tuvieron las causaría la posterior rebelión del pueblo llano, que se alborotó y saqueó sus casas; por otro lado, la riqueza de la oligarquía local estaba fundamentada en las grandes propiedades y heredades que poseían en algunos lugares de la Tierra de Medina, donde se refugiarían algunos nobles durante la revolución comunera...
Las reacciones al incendio de Medina no se harían esperar. Este trágico suceso provocó una enorme indignación en toda Castilla, consiguiendo una multidud de adhesiones a la causa comunera. En Valladolid, al poco de conocerse tal desgracia, las gentes se alzaron en armas e incendiaron las casas de los presuntos culpables: Antonio de Fonseca, el mercader Pedro de Portillo, el procurador Francisco de la Serna y el regidor Gabriel de Santisteban.



Medina se adhiere al movimiento comunero

En Medina del Campo, los alborotos comenzaron inmediatamente. El pueblo llano se lanzó contra los que consideraban traidores a Medina. Los cronistas han mitificado estos tumultos, culpando al tundidor Bobadilla de esta sublevación popular. Estando el Concejo reunido, los rebeldes interrumpieron la asamblea y dieron muerte a las siguientes personas: a Gil Nieto (regidor), Lope de Vera (escudero) y Cristóbal Téllez (librero). Mejía y Sandoval afirman que destruyeron las casas de don Rodrigo Mejía e hicieron otros desatinos y crueldades. Del tundidor Bobadilla, supuesto caudillo de las masas, nos refiere Sandoval este testimonio:

"Bobadilla mató a cuchilladas a Gil Nieto, de quien había sido criado. Le cortó la cabeza y echó el cuerpo por las ventanas del regimiento. Los parientes de Nieto recogieron el cuerpo y lo enterraron."

[...]

"De este atrevimiento quedó el tundidor Bobadilla tan acreditado en el pueblo, y él con ánimo tan de señor, que de ahí adelante no se hacía más que lo que él quería y ordenaba y gobernaba, como cabeza de pueblo. Y luego tomó casa y puso porteros, y se dejaba llamar señoría".


En vista de tales tumultos, parece ser que algunos nobles huyeron ocultamente; sin embargo, otros aprobaron la causa popular y se ofrecieron a ser sus jefes. Acabarían por ser saqueadas las casas de Juan de Arévalo; Alvar Díaz; el contino García de Hevia, quien llevaba la bandera de los continos; Francisco de Jerez, mayordomo de artillería; y Juan de Galdo. También sabemos que algunos continos fueron presionados para que se quedaran en Medina, como cuentan Juan Rodríguez de Hebán y Andrés de Haro. Gabriel de Tapia (alcaide del castillo de la Mota) había favorecido a Fonseca cuando tuvo lugar el incendio, pues impidió que se le atacase desde la fortaleza. Nunca acató la autoridad de los comuneros, pero no llegó a ser castigado por éstos.
Medina del Campo decidió comunicar oficialmente a la Junta comunera el incendio causado por las tropas de Fonseca, solicitando ayuda y socorros. Reunida en Ávila, la Santa Junta mostró verdaderos deseos de ayudar a los medinenses: ordenó a Padilla que se dirigiese con sus hombres a la villa para observar directamente la situación y, una vez allí, deliberase con ella lo que más conviniese para poder tomar medidas al respecto; pidió a Valladolid y a otras ciudades que reclutasen gente para castigar a los culpables del incendio; y ordenó al infante Don Juan de Granada (situado al frente de los comuneros vallisoletanos) que embargase los bienes de los integrantes del Consejo Real para compensar a Medina, instando a Valladolid a que enviase sus procuradores a la ciudad de Ávila, para que se integrasen en la Junta y decidir cómo se debían reparar los daños que los "tiranos" habían causado a Medina... El ejército comunero de la Junta, situado en las cercanías de Segovia, se puso en camino hacia la villa. Mejía afirma que el día 22 de agosto llegaron a Medina los capitanes Padilla, Bravo y Zapata; permaneciendo allí por seis o siete días y decidiéndose a apoderarse de la Reina Juana. Sin embargo, debieron llegar el 23 por la tarde, o incluso un día después, como señala Joseph Pérez. Éste historiador francés se base en una carta conservada en el Archivo de Simancas y publicada por Manuel Danvila en su obra sobre la revolución comunera: el día 23, los capitanes comuneros escribieron a la Junta desde Martín Muñoz de las Posadas, comunicando su pronta partida hacia Medina del Campo. Se desviarían un poco del camino para evitar pasar por Arévalo, donce creían que estaba refugiado Fonseca, para evitar saqueos. No se declaraban partidarios de la venganza, sino del castigo de los verdaderos culpables.
La llegada de los caudillos comuneros a Medina del Campo sirvió para aplacar los ánimos y poner un poco de orden. Las clases populares medinenses habían llevado a cabo la venganza, con cierta crueldad, contra aquellos que fueron considerados responsables del incendio. Tuvieron lugar tumultos, agresiones y toda una serie de hechos que debieron ser muy confusos... ¿Y quién tomó las riendas del poder local en medio de los disturbios? Al parecer, se formó una especie de junta local democrática en la que participaban los distintos estamentos de la villa: los caballeros, los regidores, el clero y el pueblo llano. Según Danvila, en la junta comunera de Medina participaban las siguientes personas: Álvaro de Lugo, el Abad de Medina, Fernando de Mercado, Alamos, Pedro de Velasco, el regidor Gutierre, Francisco de Mercado, García de Montalvo, Fernando de Quirós, Francisco de Bobadilla, Pedro de Cambray, Francisco Díez de Mercado, Pedro de Ribera, Juan Baño, el licenciado Daza, Alonso de Villadefrades, Alonso de Quintanilla y Velasco Sánchez. Sin embargo, no queda claro que estas personalidades apoyasen a los comuneros, ni siquiera que participasen en el gobierno de la villa... ¿Se puede considerar comunero a Velasco Sánchez, escribano del Concejo? Por otro lado, ni Alamos, ni Pedro de Ribera, ni Juan Baño, ni Alonso de Quintanilla, ni el mismo Velasco Sánchez firmaron nunca los documentos que disponían la confiscación de las rentas reales de Medina del Campo, medida adoptada para sostener los gastos de la junta comunera local...
A pesar de todas las dificultades, Medina del Campo intentaría reanudar su vida normal. Las Ferias suponían "la mejor cosa del mundo" para la villa y, por tanto, de ellas dependía su futuro. De ahí que una de las primeras medidas de la Junta en apoyo de Medina fuese la orden de pregonar el seguro real de la Feria de octubre por las ciudades del Reino. El día 6 de septiembre, la Junta escribe a Valladolid para que así lo hiciese; y la propia Medina insistió a la ciudad del Pisuerga, el día 9, para que no tuviese temor en mandar a sus mercaderes a la Feria de octubre, pues en ella encontrarían paz y sosiego. Aunque se villa se hallaba destruida y quemada, ello no debía ser impedimento alguno para que tal acontecimiento comercial dejara de tener lugar.
Medina se convirtió pronto en uno de los centros de reagrupamiento de las fuerzas comuneras. Tras su entrevista con la Reina Juana, Padilla se estableció en los alrededores de Tordesillas. El día 3 escribieron a los comuneros vallisoletanos desde La Seca (localidad en Tierra de Medina del Campo) los capitanes Padilla, Bravo, Zapata y Luis de Quintanilla; para aprobar el traslado de los procuradores de la Junta a Tordesillas y desmintiendo los rumores de que pretendían sacar a la Reina de Tordesillas sin el consentimiento de la Junta...Acataban a ésta, considerándola el órgano superior del Reino, en busca solamente del bien general.
Los de Valladolid enviaron rápidamente al capitán Diego de Quiñones con su gente en auxilio de Medina; la villa mostró su agradecimiento en una carta del día 7, comunicando que también otras ciudades se habían ofrecido a castigar a los culpables del incendio "que quemó una de las mejores cosas del mundo y más en desacatamiento de Dios y en deservicio de la reina y del rey". Esta carta la llevaron Antonio de Montalvo y Alonso de Sagramena (procurador de cuadrilla).
Los refuerzos siguieron llegando a Medina. El día 8, Francisco Maldonado (procurador comunero de Salamanca) se encontraba con sus tropas en Medina de camino a Tordesillas.
Durante unos días (al menos del 13 al 19) la Santa Junta estuvo instalada en Medina del Campo de manera provisional, hasta su posterior traslado a Tordesillas. Con anterioridad, el máximo organismo de la rebelión comunera había anunciado sus intenciones de establecerse en Tordesillas, con el ánimo de arrebatar a los Marqueses de Denia la custodia de la Reina Juana. Los procuradores comuneros de Valladolid escribieron a su ciudad afirmando que había razones poderosas para expulsar a los Marqueses de Tordesillas; entre otras, la de haber proporcionado a Fonseca soldados que habían participado en la quema de Medina.
Las reuniones de la Santa Junta en Medina del Campo tuvieron lugar en la Iglesia de San Martín, los secretarios eran Juan de Mirueña y Antonio Rodríguez. En una de aquellas asambleas se hizo "tábula rasa" de todos los alborotos y asesinatos cometidos tras el incendio. A partir de ahora, nadie debía tomarse la justicia por su mano. De ahí el bando pregonado el 16 de septiembre en la Plaza Mayor y en la calle y plaza de la Herrería, en el cual se prohibía terminantemente que se acusara a nadie de traidor; si alguien tenía conocimiento de acciones en contra de la villa, debía denunciar a los responsables a la justicia para que ésta actuara. Ésta debía ser la única forma de acabar con los desórdenes y alborotos.

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« Respuesta #2 : Abril 10, 2014, 18:47:26 »


Juicio a los responsables del incendio

Medina del Campo aprovechó la estancia de los procuradores de la Santa Junta para que se procesara a los culpables del incendio. El día 18 de septiembre, la villa daba poderes a Juan Vaca y Pedro de Cambray (procuradores de la cuadrilla de Sahagún) para acusar criminalmente a Antonio de Fonseca (señor de Coca y Alaejos), Gutierre de Quijada (señor de Villagarcía y ex-corregidor de Medina), Juanes de Ávila (vecino de Muñomer, licenciado y ex-teniente de corregidor), Ronquillo y el resto de supuestos culpables. Se llevó a cabo una relación del daño que habían hecho los acusados:

"El marte 21 de agosto los causados, acompañados por más de 2000 personas, hicieron guerra a la villa «con dañado y diabólico pensamiento», matando hombres, mujeres, niños y ancianos. Pusieron el fuego por diversas partes. Se quemó el monasterio de San Francisco y los privilegios que Medina tenía en él. Se quemaron también las calles de San Francisco, la Rua, la calle del Pozo, la mitad de las Cuatro Calles, la mitad de la calle de Segovia, la mayor parte de la plazuela de San Juan, una acera de la calle de Diego Ruiz de Montalvo, la calle de la Plata y casi toda la Plaza Mayor: joyería, sombrerería, sillería y guarnicionería, parte del palacio real, la mitad de la calle del Almirante, de ambas aceras, la especiería y la Rinconada, toda la mercería y librería, la mayor parte de las dos aceras de la calle de Ávila, la iglesia de Sahagún y la acera de la carpintería. Asimismo se quemaron muchas mercaderías almacenadas. Entraron en muchas casas para robar, llevándose mujeres casadas y doncellas, ofendiéndolas. Cifraron los daños en más de 950 cuentos de maravedís."

La acusación partía de toda la villa de Medina: el Concejo, la justicia, los regidores, los caballeros, la honrada Comunidad y los damnificados o dañados por el incendio. De aquí el documento que otorgaba los poderes a Juan Vaca y Pedro de Cambray fuese firmado por los representantes de todos los estamentos citados:

-La justicia.- el alcalde ordinario Velasco de Medina, bachiller.
-Los regidores.- Álvaro de Lugo, Francisco Díez de Mercado y Gutierre de Montalvo (o Gutierre regidor)
-Los caballeros.- su procurador, Pedro de Sotomayor.
-La honrada Comunidad.- los procuradores generales Alonso Beldredo y Pedro de Villafrades.
-Daminificados.- los procuradores de cuadrillas Fernando de Bobadilla, Pedro de Velasco, Francisco García y Pedro de Castro.

Los procuradores Juan Vaca y Pedro de Cambray presentaron esta demanda de acusación ante las "Cortes y Junta General del Reino", en Tordesillas. Al mismo tiempo, la Junta escribió a Valladolid pidiendo los procesos originales contra Ronquillo incoados por los robos que éste cometió durante su asedio a Segovia, ya que se precisaban como prueba acusatoria... No tardaron los hombres de la Santa Junta en dictar una orden de apresamiento contra Fonseca, Quijada, Ronquillo y el licenciado de Ávila; que debían ser encerrados en la prisión de Tordesillas, así como desposeídos de sus bienes muebles y raíces. Poco después, redactaron una provisión real para actuar en consencuencia y embargar las villas de Alaejos, Coca y Villagarcía.



El asedio de Alaejos

Tal sentencia se ejecutó inmediatamente. El 1 de octubre de 1520, el comunero Alonso de Alderete (vecino de Tordesillas) se presentó en Alaejos con la intención de arrestar a Fonseca. Éste no se hallaba allí, evidentemente, y Alderete fue llevado ante el alcaide del castillo de Alaejos, Gonzalo Vela. El comunero le puso al corriente de la sentencia de la Santa Junta: Fonseca debía pagar 950 cuentos de maravedíes (pues ése era el valor de los daños causados por el incendio) para evitar la venganza de los medinenses y hacer "pleito homenaje" a la Junta. Como es lógico, Gonzalo Vela no hizo caso de dicha sentencia y advirtió al emisario comunero que tuviese cuidado y abandonase Alaejos lo antes posible. Alderete salió de la villa, no sin dejar antes a su Concejo una copia de la provisión real. Durante su regreso a Tordesillas, le salieron al paso en Sieteiglesias dos vecinos de Alaejos llamados Gómez de Perlinez y Juan de Lobado. Éstos le manifestaron que el Concejo de Alaejos tenía desesos de hacer cumplir la orden de la Santa Junta, pero temían al alcaide Gonzalo Vela, que estaba muy "encastillado" y era muy poderoso. Se ofrecieron voluntarios para aprovisionar a la gente armada de Medina y de la Junta que fuese a tomar el castillo de Alaejos  y, en su opinión, se debía evitar que la villa sufriera daños por parte del alcaide. Así pues, la Santa Junta dispuso que todas sus tropas se dirigiesen hacia Alaejos para tomar la villa y la fortaleza, pacíficamente y sin daños.
En Coca se presentó Antonio de Portillo, comunero y vecino de Segovia, para solicitar del alcaide Andrés de Oliver la cesión de la fortaleza local a la Santa Junta. Oliver contestó que no estaba obligado a ello "por no ser orden ni de la reina ni del rey", y que Medina debía pedir justicia al Rey y al Consejo Real, no a la Junta.
Por último, diremos que a Villagarcía llegó Alonso de Vega, otro emisario de la Junta, con iguales intenciones de hacer cumplir la provisión real. El propio Gutierre Quijada, señor de la villa, respondió a su requerimiento diciendo "que nunca dijo ni aconsejó cosa que no debiese, sirvió con lealtad a los reyes y no pensaba abandonar sus casas ni sus tierras". No desmentía ser uno de los causante del incendio de Medina, aunque justificaba su actuación por hallarse al servicio del Rey... Finalmente, Villagarcía cayó en poder de las tropas comuneras el día 12 de octubre.
Decididos a tomar represalias contra Fonseca, los comuneros de Medina empezaron a preparar el ataque contra la fortaleza de Alaejos. Eran más que necesarias las municiones para abastecer a los artilleros, así que el medinense Cristóbal de Zapardiel marchó a Mondragón (Guipúzcoa) para comprar unas 4000 pelotas de artillería, valoradas en 850000 maravedíes. Al no disponer la villa de tan elevada suma, pidió a la Santa Junta que buscara la forma de poder pagarla o, que si no, se anulase el pedido. La Junta decidió entonces comprar la mitad de las municiones y rogó a los proveedores que esperasen un cierto tiempo hasta que Medina les fuese pagando poco a poco. Con la artillería puesta a punto, los comuneros medinenses partieron hacia Alaejos. Las aldeas de la Tierra de Medina, encargadas de transportar la artillería, les aportaron más de 1000 peones (en número de veces) y unas 1000 mulas y carretas; encargándose también de toda la intendencia.
Al mando de los capitanes Luis de Quintanilla y Francisco de Mercado, los bravos comuneros medinenses atacaron y sitiaron la fortaleza de Alaejos. Contaron allí con el apoyo de Juan Bravo, al frente de sus tropas segovianas, y el capitán Suero de Ávila. Los de Valladolid se mostraron reacios a enviar los refuerzos prometidos, aunque desde comienzos de septiembre ya se hallaba en Medina el capitán vallisoletano Diego de Quiñones.
Provisto de todo lo necesario, el alcaide Gonzalo Vela inició la contraofensiva y supo mantener a raya al ejército comunero. El cerco al castillo de Alaejos empezó a durar más días de lo previsto, sin que los medinenses se decidieran a lanzar un ataque frontal y directo. Por otra parte, la Santa Junta no permitió nunca que sus soldados maltratasen a los vecinos de Alaejos; inclusó envió al comunero Pedro de Soto para que castigase algunos abusos comentidos en aquella villa.
Los defensores del castillo resistieron duramente, haciéndose fuertes en sus posiciones. Es muy probable que tuviesen lugar varias escaramuzas, en una de las cuales fue apresado el tundidor Bobadilla, quien más tarde acabaría colgando de la horca. Los asediadores empezaron a desanimarse y, por si fuera poco, la Santa Junta carecía de dinero para remunerar a todos los hombres de guerra presentes en aquel cerco. Los de Toledo se marcharon por falta de pagos, los de Valladolid y Salamanca se trasladaron a otros lugares y Juan Bravo acabaría por salir de Alaejos. Las tropas de Medina se quedaron prácticamente solas; aunque incluso ellas mismas se quejaban y reclamaban el pago de todos los días que se les adeudaban. Tanto Luis de Quintanilla como Alonso de Mercado escribieron sendas cartas a la Junta para que pagase a sus soldados, mas no lo consiguieron. Los comuneros medinenses acabarían por retirarse...
El asedio al castillo de Alaejos había fracasado por completo, y de manera inexplicable. ¿Cómo es posible que el mejor parque de artillería de Castilla la Vieja no fuese capaz de tomar la fortaleza? ¿Hubo traición por parte del capitán Luis de Quintanilla, que no empleó la artillería de manera decidida? Nunca sabremos la verdad, pero es posible que ciertos elementos del bando comunero impidieron la caída de la fortaleza.

Enero de 1521: la radicalización del movimiento comunero

Los comienzos del año 1521 no pudieron ser más conflictivos: en el Archivo de Simancas se conserva un documento interesantísimo con numerosos testimonios sobre la gravedad de lo acaecido. Tuvieron lugar tumultos, tan considerables como los ocurridos a raíz del incendio, que nos permiten hablar de una radicalización del movimiento comunero. Parece ser que, en Medina del Campo, un sector del pueblo llano intentó presionar violentamente al sector comunero más moderado.
Las declaraciones de los testigos (todos ellos medinenses) son harto elocuentes:

"Cuando Padilla salió de Medina el día 31 de diciembre con algunas piezas de artillería en dirección a Valladolid, la «comunidad baja» se encontraba escandalizada y alborotada contra ciertos caballeros que habían permitido en el mes de diciembre el paso de unos genoveses que llevaban dineros a Tordesillas para pagar al ejército enemigo. Uno de los genoveses era Agustín de Grimaldo. El corregidor Hurtado de la Vega, con el ánimo de apaciguarlos, llevó a la cárcel a Gutierre de Montalvo (Gutierre regidor), uno de los acusados de traición, permaneciendo detenido en los aposentos del corregidor. Allí se dirigió una muchedumbre, encabezada por Rodrigo de Palacios, lanzando una serie de acusaciones contra el detenido, de quien decían que era más traidor que Gil Nieto. También se acusó a Luis de Quintanilla, especialmente por Rodrigo de Palacios, que incitaba a la gente contra él diciendo que era el mayor traidor que había en Medina. Cuando la justicia fue a detener a Francisco de Oviedo, otro acusado de traición, Rodrigo de Palacios se lanzó a cuchilladas contra él, pero la gente que les rodeaba impidió su muerte y pudo escapar".

Durante la noche del día 4 se recrudecieron los alborotos, debido a unas listas que circulaban acusando a numerosos medinenses de ser unos traidores; así como una carta (al parecer apócrifa y anónima) en la cual se decía que el Marqués de Denia, el Almirante y el Conde de Benavente habían escrito a Francisco de Mercado y Luis de Quintanilla pidiéndoles protección para unos genoveses que llevaban 12000 ducados a Tordesillas, para pagar a la gente de armas del bando real. Esta carta, escrita por un desconocido medinense, mostraba el engaño que se estab cometiendo contra los comuneros de Medina. Fue escrita el día 2, en Tordesillas, e iba dirigida al comunero local Pedro Bermejo. Se afirmaba en ella que en Tordesillas se estaban riendo de la Medina comunera, pues sabían que pensaban trasladar a Gutierre (anticomunero y regidor) a Valladolid y habían planeado rescatarle durante el trayecto.
Como consecuencia de las listas y de la carta, fue detenido el escribano Francisco de Mercado; al propio tiempo que eran encarcelados otros acusados de traición: Andrés de Vega, Mancio y Sebastián Martínez. El pueblo llano, acaudillado por el cajero Rodrigo de Palacio y el especiero Sancho Ortiz, se dirigió a la cárcel local en medio de un gran alboroto. Para entonces, el comunero Pedro de la Malla había matado ya a cuchilladas a Fernando Carrasco, cuyo cuerpo fue arrastrado y quemado. Rodrigo de Palacios se presentó en la cárcel con una escopeta y, tomando las llaves de la misma, amenazó a los presos y se insolentó con el corregidor. Pasada la medianoche, el Abad de Medina hizo acto de presencia en el lugar y consiguió apaciguar los ánimos.
Al día siguiente, 5 de enero, la justicia actuó contra los principales alborotadores: Rodrigo de Palacios y Sancho Ortiz, chivos expiatorios. Antonio de Cuéllar sería el encargado de presentar el escrito de casación, acusando a Palacios en nombre de la villa de Medina del Campo. El licenciado Uceda (teniente de corregidor) compareció el mismo día ante el escribano Francisco de la Rúa, indicando que aquellos disturbios merecían un castigo ejemplar, "porque la paz y sosiego se turbó y muchas personas de poca suerte por tener ocasión de robar dicen que hacen lo susodicho con favor de comunidad e hacen distinción entre comunidad de gente baja y la otra comunidad de caballeros y gente honrada ciudadana que desea la paz e sosiego y que gastan sus haciendas en su defensa y en favor de las justicias".
A continuación, se iniciaron las pesquisas correspondientes. Todos los testigos coincidieron en señalar a Rodrigo de Palacios como un hombre ruin, bajo, peligroso, inicitador, mal hombre... Fue comparado con el tundidor Bobadilla, acusado de ejercer la autoridad y la justicia por su propia mano, habiendo tachado de traidores a los principales caballeros de Medina con la única intención de robarles... La acusación presentó la carta anónima y las listas con los nombres de los supuestos traidores, acusando a Palacios de su autoría. Éste tuvo la oportunidad de ejercer su defensa, aportando un testimonio muy interesante:

"Llevaba viviendo en Medina unos seis años, debido a que había tenido que salir de Turégano (Segovia) por deudas, pero no por ningún otro delito. Lo que hizo el 31 de diciembre fue en favor de la justicia. Llevaba escopeta porque ese día salió a despedir a Padilla, y después Ceballos, procurador de la cuadrilla de Sahagún, les llevó desde la puerta de Valladolid hasta la cárcel donde estaba Gutierre de Montalvo, desmintiendo haber dicho que se matara a éste. Confirma que cuando el teniente de corregidor fue a detener a Oviedo, echó mano a la espada, pero no llegó a desenvainarla, y no tuvo la intención de matar a Oviedo.
Cuando ocurrió la muerte de Carrasco él se encontraba en la cama, de donde le sacaron para ver cómo se le ponía fuego. Estuvo en la cárcel, pero no amenazó a los presos y llevaba la escopeta en favor del corregidor. Oyó decir que Francisco Díez y Santisteban eran culpables y dijo al corregidor que los prendiese. Las llaves de la cárcel se las entregó el alcalde. Si estuvo toda la noche allí fue porque el procurador Ceballos le obligó. Intentaron hacer confesar a Mancio para saber «quién había metido pólvora en la fortaleza de Alaejos», respondiendo que había sido uno de la villa, y estuvieron a punto de ahorcarle. No habló nada contra el corregidor. Estuvieron también en la cárcel esa noche Ceballos, Sancho Ortiz, Vitoria y Andrés Ortiz. Desmintió las acusaciones de haber inducido a matar a Quintanilla. Respecto a los memoriales le dijeron que los había escrito un mozo de Bernaldino, boticario, y la carta no sabía quién la había escrito, pero que era echadiza y no la diesen crédito".


Según parece, Rodrigo de Palacios fue declarado culpable y ajusticiado inmediatamente, dejando esposa y ocho hijos. Poco después se iniciaria el proceso contra Sancho Ortiz, quien lograría salvar el pellejo. Para entonces, la situación se hallaba totalmente controlada y la facción moderada de los comuneros volvió a mandar en Medina del Campo. Por otra parte, la Santa Junta adoptó una serie de acuerdos que afectaron a esta villa:

"Día 2. Se ordenó a Andrés de Medina, receptor de las alcabalas de Medina del Campo, que del situado de la reina Germana pagase a Juan de Retama 100.000 mrs. Por las municiones que compró Medina en el mes de octubre.

Día 8. Se ordenó a Alonso de Cuéllar, procurador de Segovia, que tomase las cuentas a Girivas, mayordomo del artillería.

Día 13. Se mandó a don Juan de Mendoza que entregase a Girivas las escalas, mantas, mandiletes, picos, etc., que había hecho por mandado de la Junta.

Día 16. Se ordenó al corregidor Hurtado de la Vega que tuviese en depósito una esclava y otros bienes del licenciado Juanes, ex-teniente de corregidor.

Día 18. Se ordenó al corregidor embargar todos los situados que tuviesen en Medina los «grandes» que estuvieron en el saco de Tordesillas."


Las fuerzas comuneras establecidas en Medina acompañaron al obispo Acuña en la ofensiva que éste hizo contra los señoríos de la Tierra de Campos palentina. Sabemos que un millar de personas procedentes de Medina y lideradas por el capitán Larez llegaron a Fuentes de Valdepero, tomándola por la fuerza y saqueándola.
Mientras tanto, en el bando realista la situación se veía con más optimismo tras la victoria de Tordesillas. Desde esta villa, don Pedro de la Cueva hizo una rápida salida, sorprendiendo a unos 300 hombres de armas de Segovia y Medina que se hallaban aposentados en Rodilana (aldea en Tierra de Medina). El cardenal Adriano escribió el 16 a Carlos I para confirmarle el final del cerco de Alaejos, que ya no corría ningún peligro, porque desde Tordesillas se podría acudir fácilmente en su ayuda.
Desde finales de enero se encontraban en Medina tropas comuneras de refuerzo venidas de Ávila, Segovia y Salamanca; pero no se atrevían a pasar por Puente Duero para trasladarse a Valladolid por temor a un ataque dirgido desde Simancas. Fue entonces cuando Padilla condujo a sus fuerzas hacia Medina del Campo, pudiendo llegar los refuerzos a Valladolid a comienzos de febrero. Los escritos de Pedro de Barrientos y los correos que se cruzaron entre Valladolid y Medina para conseguir que los comuneros de Ávila pudieran llegar sin problemas a Valladolid tuvieron un excelente resultado.

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« Respuesta #3 : Abril 10, 2014, 18:57:13 »




Febrero y marzo de 1521

No tenemos mucha información sobre lo que sucedió en Medina del Campo durante los meses de febrero y marzo de 1521. El día 23 de febrero, la Santa Junta autorizó al comunero Alvar Páez Maldonado (capitán de artillería y vecino de Salamanca) a trasladarse a Medina. Dos días después, tuvo lugar la victoria de Torrelobatón, que despertó el entusiasmo entre los comuneros... Y ya en marzo, la Santa Junta ordenó al capitán Francisco de Mercado que reuniese 50 lanzas ginetas y 50 escopeteros para dar protección a Medina del Campo, seriamente amenazada por las fuerzas realistas de Tordesillas...

Hacia la batalla de Villalar

Y así llegamos a abril de 1521, cuando tendría lugar la derrota del movimiento comunero. El mes no empieza nada bien para Medina, que fue víctima de un robo perpetrado por gentes de Arévalo, que se apoderaron de 4000 cabezas de carneros; si bien, según el testimonio del Abad local, fueron rescatadas y los medinenses mataron a tres o cuatro ladrones.
La gran inseguridad que sentía Medina, rodeada de ciudades y villas enemigas, impidió que la Santa Junta pudiese emplear su valiosa artillería. Y es que si la villa enviaba su artillería a la Junta comunera, quedaría completamente desprotegida. Además, los artilleros se negaban a salir de Medina hasta que no se les pagase lo que se les adeudaba por el tiempo que emplearon en el cerco de Alaejos. El día 7, Francisco de Mercado escribió a la Junta para justificar la negativa de Medina, diciendo que estaba espantada porque "no ha pasado nuestra victoria de Torrelobatón". El capitán de artillería Alvar Páez de Maldonado trasladó a la Junta las quejas de los artilleros medinenses, que seguían en sus trece.
El desánimo comenzaba a generalizarse. El Abad de Medina escribió una carta a la Junta, acusándola de no haber ayudado lo suficiente a Medina tras la catástrofe del incendio: la villa seguía esperando una compensación por sus pérdidas a través de las rentas reales, pero la Junta las había empleado para pagar a la artillería, además de otras cosas. Y para colmo, habían perdido la Feria de Cuaresma. El Abad se quejaba así, amargamente, de la tardanza en remediar los males de Medina; que se hallaba rodeada de siete villas enemigas, algo que hacía peligrar "el santo propósito en que todos estamos".
Al día siguiente, 10 de abril, se presentaron ante Medina unas tropas enemigas; formadas por 500 lanzas, 600 peones y 3 tiros de artillería, que pelearon con los defensores de la villa, muriendo soldados de ambos bandos y siendo apresado el medinense Alonso de Quintanilla. En realidad, es bastante posible que éste personaje se pasara al bando realista, ya que está documentada su presencia entre las fuerzas que vencieron a los comuneros en Villalar.
Próximo ya el fin de la contienda, los gobernadores reales concedieron el día 17 el perdón a Gonzalo Rosales, vecino de Medina a quien los Alcaldes de Corte habían condenado por ser comunero... ¿Otro traidor a la causa rebelde, como Quintanilla?
Con la derrota de los comuneros en Villalar y las sentencias condenatorias de los principales caudillos de la rebelión, entre los que se hallaba el medinense Francisco de Mercado, cerramos el capítulo cronológico de este escrito. Una tras otra, todas las ciudades, villas y aldeas comprometidas con la rebelión se fueron rindiendo. Tan sólo Toledo continuó resistiendo al enemigo, siendo el último reducto comunero de Castilla hasta su rendición en febrero de 1522.
La represión contra los más destacados hombres de la insurrección comunera no se hizo esperar. Mientras que los gobernadores eran partidarios de aplicar castigos suaves, el Consejo Real defendía la necesidad de aplicar las penas más rigurosas; posición ésta última que sería fomentada por el Rey y su Corte. Desde abril de 1521 hasta el retorno de Carlos I a España en julio de 1522, la represión sólo había causado siete víctimas. Pero a partir de aquellos momentos, las condenas a muerte se sucederían una tras otra. El tribunal instalado en Palencia condenó en agosto a los medinenses Villafrades, Beldredo, Pedro Díaz de Zaballos, Bermejo, Bezado, Antonio de Montalvo, Pedro de Velasco y Juan de Franquis. El capitán Francisco de Mercado recibiría su condena el 23 de agosto.
Siete de los procuradores de la Santa Junta fueron encerrados en la fortaleza de la Mota. El trato que recibieron por parte del alcaide (Gabriel de Tapia) debió ser bastante duro, pues los gobernadores se vieron obligados a intervenir: le ordenaron que les quitase los grilletes y que les tratase mejor. El 14 de agosto de 1521, los procuradores comuneros serían degollados públicamente en la Plaza Mayor de Medina. En este mismo lugar sería también ajusticiado Pedro de Sotomayor, comunero de Madrid.  El artillero medinense Girivias, que había participado activamente en el cerco de Alaejos, padeció prisión en Olmedo y fue ajusticiado en agosto de 1522.


 
Las clases populares y la rebelión comunera en Medina del Campo

Los cronistas, en su afán de ridiculizar a las clases populares, nos han proporcionados numerosas citas de levantamientos contra los comuneros más moderados. Los desheredados no verían nada claro el interés que algunos comuneros, de situación acomodada, parecían tener en esta revolución...Por otro lado ¿qué iban a obtener ellos de unos "movimientos" originados en un principio por estas personalidades ricas? Danvila señaló ya en el siglo XIX (siguiendo al cronista Guevara) el móvil particular por el cual algunos individuos de la nobleza soliviantaron al pueblo llano, aunque luego se les escapó la dirección del movimiento, yendo a parar a manos del pelaire Pinillos en Ávila, del tundidor Bobadilla en Medina del Campo; etc, etc.
Dentro de los estudiosos del movimiento comunero ha sido Gutiérrez Nieto el historiador que más claramente ha visto esta radicalización, aunque Maravall ya había señalado anteriormente que en los momentos críticos de la rebelión, el bajo pueblo llevó la condujo hacia las clases no privilegiadas o grupos populares. Gutiérrez Nieto habla de una radicalización en sentido populista, retomando lo dicho por Guevara en su epistolario, para quien la savia comunera estaba formada por grupos inferiores: pelaires, tundidores, celemineros...
Medina del Campo es, quizás, el ejemplo más claro del deslizamiento de la insurección hacia las capas más bajas de la sociedad. Todos los autores que aluden a ello ponen como ejemplo al tundidor Bobadilla. Tanto Gutiérrez Nieto como Joseph Pérez se detienen ampliamente en los sucesos de agosto de 1520 y de enero de 1521, momentos clave en la dinámica comunera de Medina.
Vamos a pasar por alto los sucesos de agosto, que ya hemos descrito con amplitud, para detenernos en analizar lo ocurrido en enero de 1521. Gutiérrez Nieto destacó estos momentos de máxima tensión social en Medina, pero no acabó de matizar la secuencia de los mismos. Así, nos dice:

"Una espada de Damocles pende sobre las cabezas de los ricos y nobles de las ciudades; algunos alborotadores aprovechan la menor ocasión para dirigir las iras populares sobre aquéllos; en Medina, por ejemplo, en una ocasión Sancho Ortiz, por la sospecha que desde el interior de la ciudad se estaba ayudando a los realistas, encabeza una manifestación que hace listas para desterrar a muchos vecinos nobles; en otra ocasión, en la misma ciudad, Rodrigo de Palacios, cajero, la alborotó denunciando a muchos caballeros como traidores, para robarlos".

Seguidamente nos señala que "las comunidades revelan a un pueblo en ebullición, que tiende a moverse con conciencia de clase" y cita como prueba la pesquisa que mandó hacer el teniente de corregidor Uceda, a fines de 1520, en cuyo memorial se dice:

"[...] muchas personas de poca suierte por tener ocasyón de robar, dizen que hazen lo susodicho con favor de comunidad e hazen distinción de comunidad de gente baja a la otra comunidad de caballeros e gente onrrada cibdadana".

Y si en opinión de Gutiérrez Nieto nos encontramos ante tres hechos diferentes; sin embargo queda claro, como ya vimos anteriormente, que se trató de una sóla secuencia, en la que Rodrigo de Palacios y Sancho Ortiz coincidieron en los alborotos de comienzos de enero. La pesquisa de Uceda no fue tal, sino la acusación que hizo contra dichos alborotadores para iniciar su proceso judicial.
Gutiérrez Nieto advirtió la conciencia de clase que existía entre las clases populares, refrendada por el escrito de Uceda. Pero el pueblo llano, a pesar de sus intentos por reconducir la revolución en Medina, no pudo con la oligarquía local que se adueñó de la situación a partir de entonces. El pueblo medinense comprendió que la facción moderada de los comuneros estaba traicionando los ideales revolucionarios, y no dudó en actuar violentamente. Sabía que el triunfo del bando real no remediaría en absoluto su precaria situación; como así ocurrió.
La osadía del pueblo medinense fue castigada duramente. Se suprimió la costumbre que tenía la villa de elegir a sus procuradores generales entre los hombres exentos y del bajo estado para asistir a las reuniones del Concejo, siendo acusados los procuradores Villafrades y Beldredo de haber sido los causantes de todos los tumultos sucedidos. En adelante, la Comunidad de Villa y Tierra de Medina debería elegir a los procuradores generales entre las personas nobles, ricas e hidalgas. Y eso es lo que hicieron los procuradores de las siete cuadrillas, elegiendo a Fernando Rodríguez de Hebán y Diego Muñoz (vecinos hidalgos, honrados y hacendados) como procuradores generales. Sin embargo, esta elección entraría en conflicto con los intereses de los regidores que temían que hombres de su misma clase interfiriesen en el gobierno del regimiento, controlado por ellos; y a pesar de que era una costumbre inmemorial que los procuradores generales asisitiesen a las reuniones del Concejo, los regidores les prohibieron la entrada... Es curioso observar cómo los mismos oligarcas que controlaban el gobierno de la villa impedían a los de su misma categoría el acceso al mismo.
El Concejo se quejó ante el Consejo Real de la actitud de los regidores, y el procurador general del Concejo medinense (un tal Juan de Eibar) pidió que se confirmase el derecho de asistencia de los dos procuradores generales. El Consejo ordenó el 13 de junio de 1521 a los regidores que guardasen la antigua costumbre, y que Fernando Rodríguez de Hebán y Diego Muñoz pudiesen usar libremente de sus oficios.


Bibliografía

Enrique Berzal de la Rosa – "Los comuneros: de la realidad al mito". [2008]

Juan Ignacio Gutiérrez Nieto - "Las Comunidades como movimiento antiseñorial: la formación del bando realista en la guerra civil castellana de 1520-1521". [1973]

Eufemio Lorenzo Sanz (coord.) – "Historia de Medina del Campo y su Tierra. Nacimiento y expansión". Volumen I. [1986]
José Antonio Maravall - "Las comunidades de Castilla: una primera revolución moderna". [1979]

Gerardo Moraleja Pinilla – "Historia de Medina del Campo" [1971]

Joseph Pérez – "La Revolución de las Comunidades de Castilla (1520 – 1521)". [1977]
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