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Autor Tema: Los pinares de Soria y Burgos, un ejemplo de gestión forestal  (Leído 1705 veces)
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Vaelico
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« : Octubre 14, 2014, 21:12:40 »


Donde el monte no arde



Las administraciones públicas españolas se gastaron el año pasado en prevención y extinción de incendios 721 millones de euros. Sin embargo, esta inversión no evitó que en 2006 ardieran 150.000 hectáreas de terreno forestal, superficie equivalente casi a la provincia de Guipúzcoa. En la Península Ibérica hay fuego cada verano por todos lados. Menos en uno. Porque en esa negra España de las llamas hay un rincón en el que los incendios suenan a cosa lejana. Tan lejana como que el último gran siniestro data del siglo XIX.

Es la comarca de Pinares Soria-Burgos, cuyos montes cubiertos en su mayoría por pino silvestre ('Pinus sylvestris') forman la mayor masa continua arbolada de España. Para averiguar cómo es posible que el mayor bosque del país no arda resulta interesante recorrerlo y descubrir que se trata de un lugar que ha convertido la madera en su principal medio de vida.

En la comarca de Pinares Soria-Burgos, el 41% de la población activa se dedica al sector de la madera. Unos 4.000 trabajadores faenan para 700 empresas. Y la actividad ha permitido que sea una de las pocas áreas rurales del interior peninsular que no perdió población en el siglo XX. La implicación de los habitantes con el monte, del que obtienen beneficios, y las políticas de ordenación forestal y gestión del territorio son la clave del éxito.

La visita podría empezar por Navaleno (Soria), un pueblo de 1.000 habitantes donde el paro es casi desconocido y que acoge a varias empresas dedicadas a la transformación de la madera y las setas. Junto a Navaleno se encuentra el monte de Pinar Grande, que cumple un siglo desde que fue sometido a ordenación forestal por primera vez. Lo que significa que, desde 1907, se sabe cuántos árboles hay, qué tamaño tienen, cuáles se van a cortar... y cuándo.

El jefe del Servicio Territorial de Medio Ambiente de Soria, José Antonio Lucas, lo tiene claro: «En esta comarca, los montes que mejor se conservan son los que más se han cortado». Su frase sonará subversiva a quienes tengan la idea de que la naturaleza debe permanecer siempre intocada. Pero resulta convincente cuando se observa el imponente aspecto de bosque maduro que tiene Pinar Grande. Nada hace pensar que lleva produciendo madera desde siempre. Sin embargo, el 15% de todas la talas de Castilla y León salen de esta comarca. Pese a lo cual los árboles no dejan de aumentar.

Una de las claves de la buena conservación de los montes es que los habitantes son beneficiarios directos. Como explica la alcaldesa de Covaleda, Concepción Martínez: «La propiedad es de los ayuntamientos. Los gestiona la Junta de Castilla y León, porque son montes de utilidad pública, pero el derecho de explotarlos es de los vecinos». De modo que, desde hace siglos, «debido a privilegios de poblamiento concedidos por los reyes desde el siglo XIII», cada persona nacida y residente en un pueblo pinariego tiene derecho a su «suerte de pinos». Realizada la tala anual, se reparten los ingresos. Según la alcaldesa, «pueden ser ahora unos 600 euros por persona, pero en los años 40 suponía mucho más y la gente vivía sólo de la madera de un año».

María Pascual, una joven consultora natural de Navaleno, piensa que «el respeto al monte se inculca en la comarca desde la infancia. Es nuestro patrimonio, y lo cuidamos. Si alguien hiciera algo malo en él los vecinos se le echarían encima». «Hay una relación directa, por la cercanía física al bosque, por los ingresos que genera y por el resto de servicios, como los turísticos, que produce. El monte forma parte de nuestra forma de ser», concluye María Pascual.

Dada la productividad y los valores emocionales ligados al monte, parece normal que todos lo cuiden. Sin embargo, el interés común no lo explica todo. En Galicia, donde el año pasado se calcinaron 90.000 hectáreas, la mayoría de los terrenos forestales son comunales, pero arden. Hay algún otro secreto. Y José Antonio Lucas lo tiene claro: «La situación idílica de nuestros días se debe a la gestión. Antes no era así. En 1868 ardieron 7.200 hectáreas de monte en la comarca. Pero no ha vuelto a ocurrir. ¿Por qué? Fue cuando vino la ordenación de montes para compatibilizar los usos, entre ellos el de los ganaderos, que querían pastos y no árboles. Ahora hay una rotación de espacio y de tiempo que evita los conflictos de intereses. Cada uno tiene su aprovechamiento».

Lucas explica el modo de proceder en un monte ordenado. «El terreno se divide en secciones, que cuentan con media docena de cuarteles, que se dividen a su vez en otros tantos tramos y estos en rodales». El rodal, que es la unidad última de medida, tiene unas 30 ó 40 hectáreas. En Pinar Grande el turno de corta de cada tramo es de 100 años, lo que significa que la parte que se explota hoy fue seleccionada para ello hace un siglo. Y cerca está el área que la sustituirá, de edad similar.

De esta forma, siempre hay un abanico de paisajes, desde el área recién cortada al bosque maduro, pasando por distintas etapas de sucesión del bosque. También está regulada la explotación de la caza y estudiada la producción de las setas. Según Lucas, «los montes de 20-40 años son buenos para el níscalo ('Lactarius deliciosus') y los migueles ('Boletus edulis') crecen más en pinares de 60 a 80 años».

Todo parece medido, pero no se hace por sí solo. Cada etapa exige trabajos y algunos de ellos no son rentables por sí mismos. Tras la tala, puede brotar un denso pinar de 4.000 pies por hectárea. Sucesivas tareas de corta y clareo reducen los ejemplares y eliminan los árboles enfermos hasta dejar 350 por hectárea. La calidad lo agradece. Ésta es la única zona de España con una marca o denominación de origen de madera, llamada Pino Soria-Burgos.

Los valores biológicos no se olvidan. Javier María García, jefe de la Unidad de Ordenación y Mejora del Servicio Territorial de Medio Ambiente de Burgos, explica que las áreas donde crecen especies singulares como la 'Myrica' 'gale', una pequeña planta de las turberas, se protegen especialmente. Tampoco se cortan los «cuarteles de cumbre» y se potencia el crecimiento de otras especies como robles o hayas. Además, añade Lucas, en cada sección hay un cuartel que nunca se corta, «como espacio de recreo y de valor paisajístico».

En el Aula Divulgativa del Bosque El Amogable, junto a Navaleno, José Antonio Lucas ha puesto en marcha un centro interpretativo de estas cuestiones. Pero es también un espacio de capacitación forestal y un centro de vigilancia ante el fuego que funciona de forma continua.

Mariano Torre Antón, director general de Medio Ambiente, explica que la Junta de Castilla y León ha logrado un acuerdo para que las cuadrillas antiincendios pasen «del régimen agrario al régimen general», con lo que ahora cobran más y trabajan todo el año y no sólo en verano, como ocurre en muchos lugares de España. De este modo, en El Amogable «tienen dos equipos de trabajo, el de corta y el de extinción», y dedican gran parte del año a las tareas de prevención y limpieza.

En la tierra de Pinares, el interés común -y el sentido común- lleva décadas haciendo realidad el mito del desarrollo sostenible. Sus montes, que ya contaban con el sello PEFC, un certificado internacional de buena gestión, están integrados desde el pasado 25 de abril en la Red de Bosques Modelo, una categoría nacida de la Cumbre de Río 92 en la que sólo están otros 42 lugares del globo.

http://www.elmundo.es/suplementos/natura/2007/15/1181340017.html
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Juan Otero
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« Respuesta #1 : Octubre 18, 2014, 19:01:36 »


Que se siga el ejemplo y dejen de poner choperas  icon_rolleyes
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"La propia memoria de CASTILLA ha sido maltratada. Tardíamente los historiadores han restaurado el sentido de la Revolución Comunera. Por los campos que se avistan desde el mirador de Autilla del Pino (Palencia) corrió la rebelión antiseñorial y democrática" César Alonso de los Ríos
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« Respuesta #2 : Octubre 19, 2014, 14:26:18 »


Los chopos que generalmente se cultivan (Populas alba y Populus nigra) son especies autóctonas en la Península Cultiva. Yo considero su cultivo como positivo, ya que como digo son especies autóctonas, su cultivo genera riqueza y cumplen una importante labor ecológica. El problema con las choperas, como con cualquier otro tipo de cultivo, vendría sobre la gestión que de ellas se hace. Si se cultivan especies alóctonas, yo lo considero un error puesto que tenemos especies autóctonas con gran potencial maderero y que cumplen perfectamente la espectativa del mercado. Si se elimina un bosque natural para sustituirlo por una chopera, se comete un error más grave. Si una vez ha finalizado la explotación de la chopera no se reestablece el entorno reforestando la zona, más grave aún. Y ese es uno de los problemas que arrastramos en buena parte del estado, no hay una ley que compatibilice realmente los cultivos forestales con la salud ecológica y la biodiversidad. La empresa que explota el cultivo forestal una vez ha finalizado su trabajo, se marcha y deja el lugar arrasado, desértico. Esto no ocurre en países como Canadá o Finlandia donde por cada árbol cortado se tienen que plantar diez que no se tocarán.

El cultivo del chopo generalmente es bastante rentable dependiendo del tipo de manejo que se haga, por hectárea se le suele sacar el doble que a los cultivos de cebada y trigo de secano, y en condiciones adecuadas son bastante más rentables que los cultivos de cebada y trigo de regadío, aunque se queda por debajo del girasol con regadío y del maíz, aunque las choperas son más beneficiosas medioambientalmente por no ser necesaria una atención tan continua y agresiva como en el resto de cultivos, por no requerir regadío en la mayoría de casos, protegen el suelo de la erosión y además lo estabilizan.
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Juan Otero
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« Respuesta #3 : Octubre 19, 2014, 16:45:14 »


Interesente aclaración y estoy de acuerdo en muchas cosas excepto en lo de enfocar a los árboles al mercado y a la rentabilidad
Mi queja de las choperas es precisamente eso, que se enfoca en rentabilidad eliminando el bosque natural
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"La propia memoria de CASTILLA ha sido maltratada. Tardíamente los historiadores han restaurado el sentido de la Revolución Comunera. Por los campos que se avistan desde el mirador de Autilla del Pino (Palencia) corrió la rebelión antiseñorial y democrática" César Alonso de los Ríos
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« Respuesta #4 : Octubre 19, 2014, 19:10:07 »


Hay que tener en cuenta que las choperas cultivadas al fin y al cabo se tratan negocio, de una manera de hacer dinero y por tanto se busca sacarle rendimiento económico. Entonces es aquí dónde nos deberíamos preguntar si es posible sacarle ese rendimiento económico sin alterar el ecosistema y respetando la biodiversidad de la zona, es decir, si pueden ser sostenibles. Hay cultivos o explotaciones que lo son, por ejemplo los pinares de Soria y Burgos tanto por la buena gestión de esos pinares como por el hecho de aprovechar la existencia natural de esos bosques. Y hay otros cultivos que no lo son, como por ejemplo muchos de los cultivos de regadío en tierras secas como es gran parte de Castilla; el maíz, el girasol o la vid de regadío son unos tipos de cultivo que tienen altas necesidades hídricas, chupan muchísima agua y agotan acuíferos, ríos, embalses y lo que se ponga por medio. Si a eso le sumamos la "picaresca" de muchos de hacer pozos sin permiso ante la ineptitud de las administraciones para regar sin control, ocurre lo que en La Mancha. Aquí tenemos el vivo ejemplo de lo que es destruir un ecosistema único, el ejemplo de lo que no se debe hacer.
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Gayathangwen
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« Respuesta #5 : Octubre 19, 2014, 22:01:42 »


Es como debería ser. Chapó por los pinariegos
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Juan Otero
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« Respuesta #6 : Noviembre 01, 2014, 18:34:58 »


Y desafortunadamente son el maíz, el girasol y las vides lo que más se cultiva, icon_sad todavía queda en la memoria de los más mayores la Tierra de Campos llena de bosque  icon_sad
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"La propia memoria de CASTILLA ha sido maltratada. Tardíamente los historiadores han restaurado el sentido de la Revolución Comunera. Por los campos que se avistan desde el mirador de Autilla del Pino (Palencia) corrió la rebelión antiseñorial y democrática" César Alonso de los Ríos
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« Respuesta #7 : Noviembre 05, 2014, 02:29:39 »


Desgraciadamente, el artículo es de 2007 y algunos datos ya no son correctos. Se está notando mucho el pinchazo de la burbuja por ser una comarca maderera por excelencia y por no tener capacidad de regenerarse, de momento. Han cerrado muchas empresas y no sólo de la industria forestal. También del sector agroalimentario (entre ellas, la mítica Embutidos Urbión icon_sad).

En todo caso, es un orgullo, por la parte que me toca, que la comarca tenga una gran cultura del medio y es algo que sólo la total despoblación hará desaparecer. La Baja Sierra de Pinares siempre ha aguantado mucho mejor el tirón que la Alta, pero ambas partes siempre han mantenido un alto grado de colectivización y organización social que es lo que ha podido mantener a flote la comarca. Las comarcas de alta montaña si quieren seguir vivas deben dejar de lado el individualismo porque sin organización social, no es posible. Por increíble que parezca, comarcas con bajísima densidad (ya no hablo de la Sª de Pinares) tienen mucha vida por delante si se aplican las medidas de planificación y estrategia necesarias. Ya os lo digo yo.
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Juan Otero
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« Respuesta #8 : Noviembre 08, 2014, 17:21:41 »


Podrían hacer como en otras localidades Amayuelas de Abajo (PA) por ejemplo donde regalaban terreno a cambio de hacer una vivienda y vivir allí, o rehabilitar casas que vacías no pintan nada, ceder terrenos para explotar, etc. moverse un poco más aún de lo dura que es la vida en algunas zonas
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"La propia memoria de CASTILLA ha sido maltratada. Tardíamente los historiadores han restaurado el sentido de la Revolución Comunera. Por los campos que se avistan desde el mirador de Autilla del Pino (Palencia) corrió la rebelión antiseñorial y democrática" César Alonso de los Ríos
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