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Autor Tema: Tres artículos periodísticos de Carlos Alonso Sánchez, castellanista palentino.  (Leído 1749 veces)
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Maelstrom
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« : Octubre 01, 2015, 00:56:41 »





La visión política de los comuneros

En la historia de un pueblo, de vida tan intensa como el castellano, es fácil vallar fechas memorables, pero hay, entre ellas, dos momentos para Castilla de importancia excepcional, inigualada: las luchas comuneras del siglo XVI y la hora actual.

Múltiples aspectos ofrece la guerra de las Comunidades al examen del observador. Fue una guerra nacionalista, la reacción de un pueblo convicto de su valía, de espíritu independiente, contra la injerencia extranjera en la gobernación del país. Fue una oposición decidida del liberalismo de aquella época, como en aquel entonces se entendía - y que no halló apoyo en Cataluña aunque fue solicitado - al arrollador absolutismo que se impuso en España importado con la casa de Austria, al vencer en la refriega de Villalar a los comuneros castellanos. Fue la expresión de un ansia de supresión de privilegios, de justicia social. Todo ello es cierto, mas hay una causa originadora de aquella protesta castellana, más honda, más fundamental, comprensiva de las facetas expresadas: el deseo de un pueblo de ser gobernado para su bien, y que se continuase su política tradicional, de unidad política de España, de preocupación peninsular, no resignándose a ser desatendido por sus gobernantes y reducido a instrumento de política opuesta a la suya.
Ángel Ganivet, en el «Idearium español», escribió las siguientes frases que merecen ser meditadas. «Se desea acabar la Reconquista, pero se teme lo que va a venir después; se trabaja por el triunfo del cristianismo, pero no se descuida otro punto importante; conservar la independencia de los diferentes pedazos de territorio y los privilegios forales.» «...Y al fin se vió a las claras que Castilla, por su posición central, echaba sobre sí la mayor parte de la obra de Reconquista; y como la preponderancia futura de Castilla era un amago contra la independencia de los demás, nació espontáneamente, como eflorescencia de nuestro espíritu territorial, la idea de buscar fuera del suelo español fuerzas para ser independientes en España. Portugal, estado atlántico, se transforma en nación marítima y dirige la vista hacia el continente africano, y Aragón, Cataluña y Valencia, estado mediterráneo, encuentra apoyo en el Mediterráneo y en Italia.»  Existía la pugna entre el espíritu aunador de Castilla - no las regiones actualmente denominadas así, sino lo que fue el reino de tal nombre -, y la tendencia opositora de los otros pueblos peninsulares. Para impedir el triunfo del primero, se necesitaba fortificar a los pueblos del litoral español, o debilitar al aglutinante centro hispánico. En la Edad Media se siguió la táctica posible a tal objeto; la expansión extrapeninsular del reino de Aragón. En la Edad Moderna, unidos personalmente los reinos de Aragón y de Castilla, convenía, y se podía llevar a cabo, otra táctica: la debilitación del reino últimamente citado.
Vencidas las comunidades castellanas, se abandonó la política peninsular de Castilla, y se impuso la continental de Cataluña, con su secuela de guerras interminables en Italia y con Francia -¡y después se ha cometido la injusticia de atribuir a Castilla la culpa de tanto desacierto y desastre!-
La aceptación de la herencia política de Cataluña -las sucesivas luchas en Europa- fue carga que recayó sobre el pueblo -Castilla- que carecía de fueros, y ellas absorbieron a los hombres más audaces, a los de mayores iniciativas y dinamismos; absorbieron, para sufragar los gastos que causaban, las fuentes de riqueza del país de los comuneros; y todo ello se perdió para la patriótica obra de constituir una nación poderosa; la unidad hispánica. ¡Qué visión política tuvieron los comuneros del siglo XVI y cuán lamentable y trascendental fue su derrota!

Han pasado muchos años; han transcurrido siglos desde el vencimiento por Carlos I de las comunidades de Castilla. La desalentada política iniciada por este rey fue obstáculo al desarrollo de España y llevó a nuestra patria a una gran postración. Hoy, para mantener a Castilla en estado de laxitud, no se requiere enviar a sus hombres a guerrear en los campos de Europa y despilfarrar su dinero a tal fin; basta hacer que su economía sirva al litoral español. Persiste la política catalana en la gobernación de España; los gobernantes no prestan atención a los intereses de Castilla, y favorecen la tendencia antiunitaria de las regiones del litoral español; el arancel, adversario a Castilla, es la protección del Estado español a Cataluña y Vascongadas; los tratados de comercio se conciertan para salvar la economía de esas regiones, mientras que, abandonados nuestros labradores, ven acrecentarse con la miseria la amargura y el dolor en sus hogares; la reforma agraria no se promulgó pensando en Castilla y con el propósito de que la tierra produzca más, pues con tal ley no se facilita la concentración parcelaria, ni la indivisión de esta, ni el crédito, ni la enseñanza agrícola, lo cual serían postulados de una verdadera y eficaz reforma; se piensa llevar el agua de nuestras cuencas hidrográficas a enriquecer otras regiones, mientras Castilla sufre el antieconómico cultivo cerealista en tierras sedientas que precisan regarse para su transformación productiva; ni se remedia la crisis empobrecedora aparecida por la desvalorización de los frutos de la tierra; se aprueba con el asentimiento de gran parte de los diputados que Castilla eligió -sucesores de los procuradores de la Cortes de Santiago- el antiunitario Estatuto catalán, con el que se regala a Cataluña más millones de pesetas a costa del resto de los españoles. En esencia, en la hora actual, existen las mismas causas -desamor a Castilla y destierro de su directriz política- que motivaron la protesta comunera del siglo XVI.
El siglo XX no es el siglo XVI; los métodos son distintos. El malestar que cunde por llanuras y montañas de Castilla no puede ni debe explotar en forma bélica; en una democracia se halla abierto el cauce para el ejercicio del derecho ciudadano, cauce que pretendemos, y muy pronto hemos de conseguir, llenar. Instaurado el régimen parlamentario, se encontró Castilla con la atonía ciudadana a que la condenó una Monarquía enemiga suya y servidora del antiunitarismo del litoral hispano; en tales condiciones era forzoso que apareciese el cacique personal apoyado por unos cuantos amigos, a los que había también de ayudar, repartidos por los pueblos; implantada la República, fue sustituido el caciquismo personal por el de las juntas improvisadas que viven y actúan al margen de la opinión pública; la permanencia del mal y el adiestramiento ciudadano que motiva el funcionamiento del régimen parlamentario, ha preparado la reacción bienhechora que hoy se acusa, aún no bien definida y peor interpretada.
Como el mal había de gravitar sobre la economía, y Castilla es principalmente agricultora, el gremio labrador tenía que ser el primero en inquietarse; hizo varias tentativas de intervención en la política que fracasaron por su exclusivismo; sin decepcionarse en el empeño, mejoraron su táctica celebrando en Santander, en el año 23, una asamblea los gremios productores, en que diseñaron el antiguo programa de las comunidades, y en el año actual, presenciamos el acercamiento y alianza de las llamadas fuerzas productoras; aún falta dar otro paso adelante, y es necesario darle: Castilla y la agricultura se hallan identificadas, siguen un paralelismo evidente; por eso los agricultores tienen que comprender que el malestar contra quien luchan no es suyo solamente, sino de Castilla, y deben elevar su interés al interés del centro español, enarbolar la bandera de los viejos comuneros: la defensa de Castilla, preparando con su desenvolvimiento el logro de la obra insistentemente deseada, la unidad española.
Hay dos momentos para Castilla de trascendencia insuperable: las luchas comuneras del siglo XVI y la hora actual. En 1521 fueron vencidos nuestros antecesores; en la hora actual de España, hay que resucitar el programa y el patriotismo comunero, y es la generación castellana actual la que ha de hacer triunfar el deseo secular de este pueblo de que se gobierne para su bien, y se continúe su política de unificación española.

"El Norte de Castilla", 26 de agosto de 1933.


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« Respuesta #1 : Octubre 01, 2015, 01:05:03 »




Hacia la organización comunera. Un proyecto de manifiesto.

Mis anteriores artículos en EL NORTE DE CASTILLA han sido ocasión para que escuche reproches por no incorporarme a algún partido político. No desconozco, ciertamente, la relativa inutilidad ciudadana de quienes se hallan al margen de las organizaciones políticas: condenan a la ineficacia su capacidad para la gobernación del país y restan ayuda a los gobernantes. Mi separación de ellas no proviene del suicida deseo de aislamiento, o atracción de la cómoda postura del crítico, sino de un disentimiento ideológico y táctico.
He dicho muchas veces que una República inspirada en la Justicia, tendente al bien común, y sin incrustaciones privilegiadas, es aspiración de la ciudadanía española; dije también que la República había sido puesta al servicio de la clase obrera socialista y del nacionalismo aldeano; los partidos políticos existentes han sido defensores del mal que supone este escamoteo o mixtificación de la República, o no saben rebelarse contra él, y, por ello, muchos ciudadanos no podemos incluirnos en sus filas. Estas ideas impregnan y saturan el ambiente ciudadano de Castilla; en las últimas elecciones celebradas para vocales del Tribunal de Garantías, los candidatos de partido han sido derrotados en nuestra región; en toda Castilla - Vieja, Nueva y León -  han triunfado los agrarios, que no están adscritos a partido alguno, que no son derechistas ni izquierdistas, que son defensores de la región vejada, de la economía deshecha; los labriegos de Castilla, fieles guardadores del ideal y sentido político de nuestros mayores, han expresado la decisión de defender a la comarca generadora de España, y mientras actúe el nacionalismo catalán, responder con el nacionalismo castellano, de la España castellana, evitador de desigualdades, injusticias y privilegios hoy imperantes. Éste y no otro es el significado del arrollador triunfo agrario: un regionalismo de las comarcas aglutinantes, forjador de la España esperada.
Éste potente despertar ciudadano de Castilla no ha encontrado organización política que le encauce y le sirva: exige no ser instrumento ni del derechismo ni del izquierdismo, sino que todos le ofrendan su esfuerzo para el logro de su apetencia de mejoramiento, protección a las fuentes de riqueza, supresión de las imposiciones catalanistas, iniciación, dentro de la República, de la política que la es natural: política plenamente española, no doblegada a nacionalismos locales ni a criterio de clase partidista.
He esperado, todavía confío ocurra, que alguna personalidad de prestigio nacional se decida a dirigir el movimiento político castellano, realizando la beneficiosa obra de hacer intervenir, inteligentemente, a la ciudadanía de Castilla en la política de España, para que la patria sea lo que debe ser, e impidiendo que el sano civismo de nuestros conterráneos  sea desviado por corifeos derechistas, convirtiéndole en defraudador de la agricultura y en peligro de la República.
He escrito bastantes artículos sobre estas cuestiones, y no es preciso continuarles; la hora del decir debe dejar paso a la de obrar; en el momento de la acción, sobran razonamientos y argumentaciones; idea que no intenta realizarse, no vale la pena haberla producido. ¿Cómo proceder? Reuniéndonos quienes creemos es necesario organizar a Castilla y que no se frustre su destino, para constituir el partido servidor de la agricultura, que es la base de esta región y de España, e inspirado en integral españolismo, y expandir esta organización ciudadana por todos los pueblos del país castellano.
Antes de convocarse a esa reunión, es preciso sepamos quiénes nos disponemos a trabajar en dicho sentido, pues no basta el asentamiento íntimo, la finalidad que se pretende quedó reflejada en un proyecto de manifiesto que hace ya más de un año se pensó dar a conocer, y que se halla avalado con la firma de personalidades prestigiosas, transcribiéndole a continuación:

«A la opinión pública.- Vive España días de máxima emoción. No la motiva el cambio de régimen político, ni la proyección que éste ha tenido en problemas tan ligados a la sensibilidad pública como el clerical y el que supone la Reforma agraria. La cuestión que ha provocado mayor preocupación ciudadana y pasión popular es la estructuración de nuestra patria, y es lógico que así sea, pues del acierto o error que presida al tratarla, puede derivarse la unidad real de los pueblos españoles, o su verdadera diversidad y alejamiento, con la secuela de perturbación en los demás problemas que afectan a la sociedad española; es decir, la existencia o no de España como nación, problema fundamental de excepcional transcendencia para el espíritu ciudadano de nuestro país. Un problema de esta envergadura no puede resolverse en el laborar de un día: lo que en éste se juzgue solución, no es más que una fase de aquel, un aspecto temporal de la evolución del mismo. La estructuración iniciada en España no es definitiva, pero tampoco puede negarse su gran importancia, y, por tenerla, es preciso que Castilla, región de acusada personalidad, no siga al margen de tal problema, que concluya su silencio, que termine la desorientación que originó el planteamiento inesperado de esta cuestión, y que la halló sin preparación para tratarla. No es esta región, que fue el núcleo aglutinante y formador de la nacionalidad española, quien pueda satisfacerse con la influencia pasiva de quien indiferente en nada interviene, sino que ha de hacer, que debe hacer lo que esté en armonía con sus ideales, sentimientos e intereses, o sea con su directriz política, y cómo a la generación actual la cabe la responsabilidad de la actuación o no de Castilla, nosotros que la sentimos, efecto de la comprensión del problema y del amor sentido a Castilla y a España, cumplimos la obligación de dirigirnos al pueblo castellano con la pretensión de que se nos una para marchar por el cauce que, en nuestra opinión, corresponde.
Queremos que Castilla se organice, que el Parlamento apruebe su Estatuto proporcional al catalán en materia económica, sin solicitar notas distintivas en lo demás; es decir, queremos una organización regional que mantenga en absoluto nuestra unidad espiritual con el resto de España, y establezca la igualdad con él en el terreno hacendístico, y por tener firme decisión de lograrlo, por su conveniencia para Castilla y España en esta hora histórica, llamamos a la opinión pública para que nos ayude en el empeño expresado; pedimos a las Diputaciones, a los Ayuntamientos, a las entidades de cualquier clase que sean, que actúen en pro de la consecución de este proyecto dentro de la esfera de acción que les sea privativo.
Con las diferencias ideológicas, con discrepancias sobre la organización que debe tener España, todos los partidos políticos radicantes en Castilla, actualmente están de acuerdo en la necesidad de organizar a nuestra región: por concreción de su ideal los que le profesen autonómico, los que han demostrado su simpatía por la pretensiones catalanas, porque han de sentir el imperativo de reclamar para su país lo que creyeron conveniente para otro pueblo de España, y los contarios, porque han de amoldarse a la realidad, y han de comprender que no es posible proceder como si la aspiración ideal de la Castilla integradora estuviera realizado, sino que hay que actuar teniendo en cuenta su actual negación, y que no es posible proceder como parte de una nación lograda cuando todavía está por hacer.
Castilla tiene una misión histórica que cumplir: no por egoísmo regional, orgullo de superioridad, ha de defender la permanencia e intensificación del llamado espíritu castellano, acervo de generosidad, de alteza de miras, de visión amplia y universalista, vehículo de civilización, sino porque es depositaria del mismo servicio de la Patria, de la Humanidad y de su progreso. Para cumplir su dictado histórico, Castilla necesita volver a pensar en sí, fortificarse, incrementar su riqueza, cuidar de su economía, base de la potencialidad espiritual, y ésto sólo puede obtenerlo organizándose, lo cual creará la conciencia de la solidaridad castellana y misión a cumplir, y dirigirá las energías de esta tierra a impulsar su riqueza material, que ha de ser reavivador de su espíritu.
Castilla, la tierra de los Comuneros, que consintió la derrota de éstos por creer que el César se vinculaba a su espíritu universalista. Castilla, que engañada y sometida al poder personal para satisfacción de las ambiciones de éste, empobreciéndose e incapacitándose para realizar la obra magnánima de integración real de la Patria. Castilla, que al estructurarse España por regiones, tiene que evitar continuar depauperándose al sufragar el máximo de cargas del erario público, favoreciendo los intereses particularistas de las comarcas mimadas por los hombres encumbrados al Poder. Castilla, en esta hora de revisión de la historia del pueblo español, ha de reanudar la directriz política de los comuneros, truncada en el cadalso de Villalar, que no es, que no puede ser en Castilla, el triunfo de libertades trasnochadas que suponen el ocaso de la Libertad, sino preparación paulatina y pacienzuda, con el fortalecimiento del pueblo aunador de España, de la constitución real de la nación española.
Queremos que este manifiesto sea para Castilla, con el pensamiento fijo en España, el segundo aldabonazo comunero.»

"El Norte de Castilla", 20 de septiembre de 1933.




La segunda guerra comunera. Salve Castilla.

Muchas veces se ha dicho que España es lo que Castilla quiere; esta verdad inconcusa ha sido desconocida por la mayoría de los políticos españoles que ha cabido la mala suerte de conocer a la generación a que pertenezco; ellos vejaron al espíritu de Castilla, ellos despreciaron los intereses de Castilla; la madre de naciones, la región nucleadora de España, no podía hacerse oír, no era atendida, se la consideraba como a colonia esclavizada; pero un pueblo de espíritu fuerte como el castellano, asimilista, nacionalista e imperail, no puede resignarse a morir, a dejar de ser.
El actual levantamiento, que con toda el alma deseé no fuera necesario; éste estallido bélico, al que sólo puede compararse en nuestra historia la guerra de las Comunidades y la del siglo pasado contra Napoleón, significa eso, resistencia a morir de un pueblo grande, firme decisión de imponer su espíritu magnífico, y ello explica la unanimidad del Ejército, la asistencia entusiasta del pueblo.
Es la vida o la muerte de Castilla, es la vida o muerte de España lo que se litiga en los campos de batalla.
La cautelosa y tesonuda actuación de Cataluña y Vasconia en pro de su independencia, con la complicidad y colaboración de los políticos de las tertulias madrileñas, amenazaba el inmediato desgajamiento de España, el fracaso del espíritu aunador de Castilla, la muerte del espíritu vivificador e imperialista de nuestra región.
Las medidas gubernamentales de la última época, inspiradas e impuestas por el socialismo a sus servilones del Frente Popular, a los pseudos republicanos izquierdistas, tendían, con la esperanza de implantar el régimen económico comunista y la dictadura del proletariado, a la desaparición de la pequeña propiedad, asiento siempre de la personalidad y libertades del pueblo y valladar inexpugnable del régimen llamado capitalista en la lucha destructora de la economía y del bienestar general que le ha declarado el cerril y fanático marxismo. Castilla, país de clase media y pequeña propiedad, estaba, pues, amenazada de muerte.
Madrid, la capital de España, que con frivolidad inconcebible no comprendió su misión nacional de cabeza y corazón de la Patria al guardar silencio ante las pretensiones disgregadoras del litoral hispano, que había de herir hasta sus propios intereses. Madrid, que no ha sabido ser tampoco ciudad de Castilla por no sumarse a las justas y agobiantes peticiones de nuestra región. Madrid, que desdeñó las preocupaciones provincianas, los problemas de la Patria, ahogando el impulso progresivo de los pueblos españoles con la actuación de una frondosa burocracia reclutada por las relaciones particulares de los contertulios, de aprendices de políticos con vanidades de estadistas. Madrid, más aldeano que las aldeas de España, que todo lo empobrecía, amenazaba de muerte la prosperidad y grandeza del pueblo español.
No es esta lucha el choque de ambiciones partidistas; reducirla a eso revelaría incomprensión y traición a la misión excelsa de Castilla; es el esfuerzo titánico de un pueblo en defensa de la undiad de la Patria, de la economía nacional, de la libertad, que estaba aherrojada por la dictadura socialista, cada vez más demoledora; es el ansia de aplastar al covachuelismo madrileño para imponer en la gobernación del país la sana y honda preocupación por los problemas nacionales; es, en una palabra, la reivindicación por un pueblo de su espíritu y de su misión histórica; no otra cosa intentaron, hace siglos, los comuneros de Castilla; su vencimiento arrastró a nuestra región a la decrepitud, causa de la decadencia de España: esta segunda guerra comunera representa, definitivamente, la vida o muerte de Castilla y de España.
Por ser cuestión de vida o muerte, quienes estuvimos aislados por no querer contribuir a las luchas políticas que habían de desembocar en la guerra civil, ante la realidad dolorosa de su actualidad, estamos dispuestos a ofrendar nuestra vida por el porvenir de la Patria, a que otras actuaciones a su servicio resultaron ineficaces.
Soldados de los batallones de Castilla, descendientes del Cid Campeador, que siguiendo su ejemplo ensancháis la tierra patria con el fuego de vuestro mosquetón, sois la vanguardia en esta lucha decisiva; los que nos hallamos en el declive de la juventud, no por odio, no por instinto de venganza, sin ansia de represalias que desprestigiarían nuestro noble propósito, sino por convicción de ser un mandato de la raza y necesidad de la madre Patria, hemos de seguiros en el esfuerzo en el momento preciso, o cubriendo el hueco que dejáis vacante.
¡VIVA CASTILLA! ¡VIVA ESPAÑA!

"El Norte de Castilla", 4 de agosto de 1936.


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Maelstrom
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« Respuesta #2 : Octubre 01, 2015, 01:25:19 »


Abogado, periodista ocasional, agitador republicano y difusor del regionalismo castellano...Así podríamos definir a Carlos Alonso Sánchez, palentino de Castromocho y una personalidad muy a tener en cuenta dentro del movimiento castellanista.
Por desgracia, en Internet no encontraremos demasiada información sobre su vida o su obra, más allá de una escueta reseña biográfica en la Wikipedia:


Citar
Carlos Alonso Sánchez (Castromocho, 1900-¿Palencia?, ¿?). Político republicano y abogado español. Acabó los estudios de Bachillerato en el Instituto de Palencia en 1917 y se licenció en Derecho por la Universidad de Valladolid en 1922. Durante la II República, simultaneó la profesión de abogado con la actividad política. Trabajó en casos, fundamentalmente civiles y penales, en la ciudad de Palencia y en varias localidades de la provincia (Saldaña, Cervera de Pisuerga, Venta de Baños, etc.). Al inicio de la II República, publicó El problema fundamental de España (breviario republicano): ensayos (1931), obra en la que se lamentaba de que Castilla no hubiera tenido voz propia en el Pacto de San Sebastián (agosto de 1930). Evolucionó desde el villanovismo (oposición al Estatuto catalán) al castellanismo autonomista.

Fue afiliado del Partido Republicano Radical Socialista, y encabezó a un grupo disidente de dicho partido que, en mayo de 1932, fundaron una nueva formación claramente regionalista, la Izquierda Castellana. Esta formación política tuvo una vida muy corta, ya que en las elecciones generales de noviembre de 1933 Carlos Alonso concurrió como independiente en la candidatura Castellanista-Agraria-Republicana.

En 1935, Carlos Alonso Sánchez fue nombrado vicedirector de la Sociedad Económica de Amigos del País.

En mayo de 1936, Carlos Alonso Sánchez era miembro de la Asociación de Escritores Regionalistas Castellanos y tesorero de la misma. El fin último de esta asociación, como se desprende de su estructura, era la construcción de Castilla como conjunto de Castilla la Vieja-León y Castilla la Nueva.

El 2 de julio de 1936, dos semanas antes de producirse el estallido de la Guerra Civil (1936-1939), Carlos Alonso participó en la formación de la Comisión redactora del anteproyecto del Estatuto de Autonomía castellano-leonés, que no pudo ser redactado por el inicio del conflicto bélico y porque la región pasó a estar controlada por los sublevados.

Tras la Guerra Civil, Carlos Alonso Sánchez fue encausado por "delitos" políticos.


https://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Alonso_S%C3%A1nchez

...Y a esto podríamos añadir su amistad con el catedrático burgalés Misael Bañuelos (otro convencido castellanista), así como el homenaje a su persona que tuvo lugar en Palencia por aquellos mismos años (con la asistencia de diversas personalidades políticas e intelectuales). Carlos Alonso evolucionaría hacia posiciones más conservadoras con el transcurrir de los años, hasta el punto de opinar favorablemente sobre la sublevación militar que iniciaría la Guerra Civil del 36. Buena prueba de ello es el último de los artículos que podemos leer aquí (donde llega a comparar la rebelión comunera con el "Alzamiento Nacional" de Franco, Mola y Saliquet).
En fin, he aquí una pequeña selección de sus textos para su análisis y debate.
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« Respuesta #3 : Octubre 01, 2015, 01:27:19 »


Aquí os dejo un enlace, en el cual podréis leer su obra "El problema fundamental de España. Breviario Republicano" (1931):

http://bibliotecadigital.jcyl.es/i18n/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=10069645
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Curavacas
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« Respuesta #4 : Octubre 01, 2015, 10:02:33 »


El castellanismo hubiera sido más creíble si los "castellanistas" de la II República hubieran sido beligerantes contra el franquismo. Como no lo fueron, hoy tenemos lo que tenemos. Ellos salvaron el pellejo e incluso se acomodaron a la nueva situación, pero  el castellanismo quedó enterrado hasta 1976, sin que hubiera una continuidad entre el regionalismo castellano de la II República y el primer nacionalismo castellano durante la transición democrática. Ello fue clave para que Castilla no fuera reconocida como nacionalidad histórica, a diferencia de otras naciones del Estado. A Castilla le faltó un un Leizaola o un Companys, un Castelao o un Blas Infante, un "padre de la patria castellana" condenado a la cárcel, la muerte o al destierro por sus ideas castellanistas y que hubiera sido un símbolo para los castellanistas de la transición. Los comuneros quedaban demasiado lejos. Faltaba un referente más contemporáneo.
« Última modificación: Octubre 01, 2015, 10:42:02 por Curavacas » En línea

Viva Padilla alguien grita
nadie su voz sofocara
que amapola comunera
en todo el trigal se ampara
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« Respuesta #5 : Octubre 02, 2015, 11:25:08 »


Muy interesante aportación Maelstrom.  Por otra parte es curioso el hecho de que connsiderase el supuesto imperialismo de Castilla como una virtud:

"La cautelosa y tesonuda actuación de Cataluña y Vasconia en pro de su independencia, con la complicidad y colaboración de los políticos de las tertulias madrileñas, amenazaba el inmediato desgajamiento de España, el fracaso del espíritu aunador de Castilla, la muerte del espíritu vivificador e imperialista de nuestra región."

Creo que es un castellanismo muy conservador, una especie de españolismo melancólico con las glorias de Castilla, que nos  puede sonar por las pasadas aportaciones de algunos en estos foros.


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« Respuesta #6 : Octubre 02, 2015, 13:45:13 »


Gracias a los dos por vuestras intervenciones.
En estos tres textos, Carlos Alonso Sánchez muestra las claves de su ideario: regionalismo castellano, republicanismo, oposición a la revolución marxista y a los nacionalismos periféricos, exaltación de la unidad española, defensa de la propiedad privada y de las clases medias, agrarismo... Unos principios políticos muy semejantes a las de otros intelectuales castellanos de su misma época (Gregorio Fernández Díez, Óscar Pérez Solís, Francisco de Cossío, Misael Bañuelos, Alejandro Royo Villanova...). Sus afanes regionalistas no llegaron a fructificar en ninguna formación política (Fernández Díez y Carlos Alonso llegaron a presentarse como independientes bajo la denominación de "castellanistas") y, como bien apunta Curavacas, su adhesión al franquismo hizo que no existiese continuidad entre ellos y el castellanismo de los 70, mayoritariamente progresista.

Pese a todo, tenemos la interesantísima figura de Pedro Simón Llorente, alcalde socialista en Palacios de la Sierra (Burgos) y combatiente republicano en la Guerra Civil:


Citar
Pedro Simón Llorente (Palacios de la Sierra (Burgos), 1897-Paterna (Valencia), 18 de enero de 1940).1 Político y sindicalista español.

Ocupó el cargo de Alcalde de Palacios de la Sierra, fue presidente del Sindicato de Oficios Varios de UGT y fue un gran orador conocedor de las necesidades materiales de los trabajadores. Publicó un bando contra el Estado de Guerra en 1936 y se vio obligado a huir al monte.2

Proclamó ideas innovadoras, como la independencia de Castilla y derechos sociales que chocaban "con los intereses de la jerarquía local", que le pusieron en el punto de mira de los sublevados del 18 de julio de 1936. Según el expediente del Tribunal de Responsabilidades Políticas (TRP), tras pasar tres meses en los montes de la Sierra Burgalesa, Pedro Simón pasó a Guadalajara e ingresó en el ejército republicano como cabo de transmisiones de aviación.3

Fue recluido en el penal de Paterna y condenado por delito de "adhesión a la rebelión" el 7 de diciembre de 1939.4 Murió fusilado en Paterna (Valencia) a inicios de 1940 cuando contaba con 43 años.5


https://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Sim%C3%B3n_Llorente
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Curavacas
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« Respuesta #7 : Octubre 02, 2015, 14:20:17 »


Gracias a los dos por vuestras intervenciones.
En estos tres textos, Carlos Alonso Sánchez muestra las claves de su ideario: regionalismo castellano, republicanismo, oposición a la revolución marxista y a los nacionalismos periféricos, exaltación de la unidad española, defensa de la propiedad privada y de las clases medias, agrarismo... Unos principios políticos muy semejantes a las de otros intelectuales castellanos de su misma época (Gregorio Fernández Díez, Óscar Pérez Solís, Francisco de Cossío, Misael Bañuelos, Alejandro Royo Villanova...). Sus afanes regionalistas no llegaron a fructificar en ninguna formación política (Fernández Díez y Carlos Alonso llegaron a presentarse como independientes bajo la denominación de "castellanistas") y, como bien apunta Curavacas, su adhesión al franquismo hizo que no existiese continuidad entre ellos y el castellanismo de los 70, mayoritariamente progresista.

Pese a todo, tenemos la interesantísima figura de Pedro Simón Llorente, alcalde socialista en Palacios de la Sierra (Burgos) y combatiente republicano en la Guerra Civil:


Citar
Pedro Simón Llorente (Palacios de la Sierra (Burgos), 1897-Paterna (Valencia), 18 de enero de 1940).1 Político y sindicalista español.

Ocupó el cargo de Alcalde de Palacios de la Sierra, fue presidente del Sindicato de Oficios Varios de UGT y fue un gran orador conocedor de las necesidades materiales de los trabajadores. Publicó un bando contra el Estado de Guerra en 1936 y se vio obligado a huir al monte.2

Proclamó ideas innovadoras, como la independencia de Castilla y derechos sociales que chocaban "con los intereses de la jerarquía local", que le pusieron en el punto de mira de los sublevados del 18 de julio de 1936. Según el expediente del Tribunal de Responsabilidades Políticas (TRP), tras pasar tres meses en los montes de la Sierra Burgalesa, Pedro Simón pasó a Guadalajara e ingresó en el ejército republicano como cabo de transmisiones de aviación.3

Fue recluido en el penal de Paterna y condenado por delito de "adhesión a la rebelión" el 7 de diciembre de 1939.4 Murió fusilado en Paterna (Valencia) a inicios de 1940 cuando contaba con 43 años.5


https://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Sim%C3%B3n_Llorente


Pedro Simón Llorente podría haber sido ese referente de no haber sido una figura aislada y totalmente desconocida. El músico Antonio José Martínez Palacios podría haber sido otro, pero nunca saltó a la arena política, ni fundó ni lideró ningún partido de corte castellanista. La Izquierda Castellana de Carlos Alonso fue totalmente anecdótica al no haber tenido ni militantes ni cargos institucionales. La situación del castellanismo político actual es la que es, porque hasta la muerte de Franco no se sembró absolutamente nada.
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Viva Padilla alguien grita
nadie su voz sofocara
que amapola comunera
en todo el trigal se ampara
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« Respuesta #8 : Diciembre 31, 2017, 02:23:46 »


Parece ser que al palentino Carlos Alonso Sánchez no le sirvió de mucho lo que dijo sobre los sublevados de 1936:

http://pares.mcu.es/victimasGCFPortal/detalle.form?idpersona=17248
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De mayor, yo quiero ser "navarro". Es peregrino justificar privilegios con la apelación foral. Todos, Castilla también, hemos tenido fueros.
Es una estafa intelectual federarse o confederarse con el todo que de alguna manera se quiere ser. Castilla es nacionalidad.
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« Respuesta #9 : Mayo 08, 2018, 22:35:26 »


He encontrado esto:

"El Gobierno de Euskadi, en su delegación de París por carta fechada el 2 de junio de 1965 respondía a Carlos Alonso director de la revista Astrea y que el 24 de enero intentaba constituir una Unión de Juristas españoles en el exilio. En esta carta se le incluía la primera circular de Durand y Closas de 1947. Igualmente se le incluía la circular de constitución de la sección española con la formación de la Mesa provisional".

(Exilio y universidad, 1936-1955: presencias y realidades. San Sebastián: Saturraran, 2008, p. 740).

Además, el libro de Gregorio Morán El cura y los mandarines (Hª no oficial del Bosque de los Letrados) (2014) también menciona a un abogado de nombre Carlos Alonso Sánchez.

Véase parte de la relación de asistentes:

https://books.google.es/books?id=tVcsDwAAQBAJ&pg=PT55&dq=carlos+alonso+sanchez+contubernio+de+munich&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwjcqLHR8_vaAhWDLcAKHR8LA5wQ6AEIKDAA#v=onepage&q=carlos%20alonso%20sanchez%20contubernio%20de%20munich&f=false

¿Un castellanista en el Contubernio de Munich (IV Congreso de Movimiento Europeo)?

https://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Alonso_S%C3%A1nchez
« Última modificación: Mayo 12, 2018, 00:08:22 por Castilla_2021 » En línea

De mayor, yo quiero ser "navarro". Es peregrino justificar privilegios con la apelación foral. Todos, Castilla también, hemos tenido fueros.
Es una estafa intelectual federarse o confederarse con el todo que de alguna manera se quiere ser. Castilla es nacionalidad.
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