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Autor Tema: Habla Anguita  (Leído 570 veces)
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« : Enero 14, 2007, 18:01:41 »


Recientemente, se public en la revista La Clave una entrevista con el que fuera Coordinador General de IU Julio Anguita. En ella, el entrevistado apunta algunas reflexiones interesantes. A ver qu os parece.



Ya no ostenta ningn cargo, pero tiene una autoridad moral que pocos le niegan. Y no para: da conferencias, participa en debates, escribe... Acaba de publicar un nuevo libro: El tiempo y la memoria (La Esfera de los Libros, 2006) en colaboracin con el periodista Rafael Martnez-Simancas. Julio Anguita reflexiona en esta entrevista sobre la izquierda real y sus perspectivas.

 JAVIER ORTIZ. Qu es ser de izquierda hoy? Segn la creencia popular, son de izquierdas Zapatero y Josu Ternera, Tony Blair y el subcomandante Marcos, Lula de Silva y Eloisa Helena, la socialdemocracia alemana y el Frente Popular para la Liberacin de Palestina... Tiene algn sentido hoy esa etiqueta? No confunde ms que aclara?

JULIO ANGUITA.  Estamos instalados en la confusin. Hoy en da, los trminos izquierda y derecha se utilizan para hacer polticas que, en el fondo, son iguales. Pero ir al fondo: qu es ser de izquierdas? Yo me lo he planteado muchas veces. Formulo una negacin y una afirmacin. La negacin implica no aceptar el mundo tal como est; no someterse, no claudicar. Y cul es la afirmacin? Ah podra hablar del socialismo, del comunismo... Pero mi planteamiento es ms bsico: se trata de luchar por una sociedad en la que se respeten todos los derechos humanos. Hablo de los derechos establecidos en la Declaracin Universal de Derechos Humanos, imposibles de alcanzar, en mi criterio, dentro del sistema capitalista.

Esa lucha puede tener muchas vertientes. La poltica es una de ellas. Pero a condicin de que la poltica sea un instrumento para cambiar las cosas. Participar en la poltica institucional presenta el peligro de que las instituciones te dominen. Por eso es imprescindible defender tus valores en la prctica cotidiana, da a da y en cada asunto, articulndolos en un programa, no bajando la guardia ideolgica y organizndote con otros para marchar en la direccin indicada, pero escapando de la tendencia que tiene toda organizacin a convertirse en iglesia.

Hablas de los derechos humanos y todo el mundo te responde: Por supuesto! Estamos de acuerdo!. Pero entonces sealas lo que eso implica: tomar partido frente a la poltica econmica existente, oponerse a la alienacin cultural, declarar la guerra a la guerra... Y entonces son muchos los que ya no estn tan de acuerdo.

J. O. De la misma manera que hay quien dice que el Vaticano no representa el verdadero cristianismo, que pertenece a las comunidades cristianas de base, los hay que sostienen que el verdadero comunismo nunca estuvo en el Gulag, ni en el Muro de Berln; que hay que buscarlo en la labor abnegada de los comunistas que luchan por la liberacin del gnero humano. Pero la gran mayora no lo ve as. Vale la pena gastar penas y esfuerzos en rescatar del lodo un nombre, el del comunismo, que parece ya inevitablemente enlodado?

J. A.  Lo que no cabe es decir: Aquello no era comunismo. Lo fue. Y tuvo cosas terribles. Pero tambin aspectos indudablemente positivos. La importancia de la lucha de los comunistas contra el fascismo, por ejemplo, est fuera de duda.  

Hay muchas cosas recuperables del comunismo histrico, sobre todo del vivido en condiciones de resistencia. Pero la cuestin es: cabe recuperar tambin el nombre? Eso es algo que tienen que decidir quienes participan en esa lucha. Nosotros estamos en un partido que se proclama comunista. Qu creen sus militantes que significa ser comunista en el siglo XXI? Es eso lo que se est planteando ahora mismo el PCE con el Manifiesto-Programa que estamos debatiendo. Es un debate incmodo, porque exige que cada cual se site ante la Historia, ante lo que existe y ante lo que dice que quiere ser, y eso le obliga a pensar y a replanterselo todo, de arriba a abajo.

En el ser humano hay una tendencia natural al acomodamiento, a la bsqueda de posiciones mentalmente confortables, y eso es muy peligroso. El fascismo se alimenta de esa debilidad humana. Es muchsima la gente que busca a alguien que le libere de la obligacin de pensar y le d las respuestas ya hechas: esto es lo bueno y esto es lo malo, etc. Los comunistas no son ajenos a esa querencia, desde luego. Y menos en un pas como Espaa, tan dado a la quietud intelectual.

El PCE, durante el periodo de la lucha antifranquista, tena un modelo: el de la revolucin rusa. Aunque a partir de cierto momento la direccin del partido fuera crtica con algunos aspectos de la poltica sovitica, el modelo sigui estando presente, activo. Ha llegado el momento de decir que la revolucin rusa fue un fenmeno histrico singular, explicable en funcin de toda una serie de tradiciones, de realidades y de necesidades especficas, no exportables.

Marx y Engels anunciaron que las revoluciones socialistas seran resultado del conflicto entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el carcter restrictivo de las relaciones de produccin. Sin embargo, las revoluciones dirigidas por comunistas que se han producido de hecho han tenido como escenario pases econmicamente atrasados, que han debido hacer despus acumulaciones capitalistas sui generis dirigidas por gobiernos comunistas.

Nosotros estamos en un rea del mundo comparativamente desarrollada. Tenemos que hacer nuestro propio anlisis.

J. O. ...Y alimentarlo con un determinado espritu, no?

J. A. Cierto. El anlisis de la realidad no conduce a la rebelda. El conocimiento de la realidad permite hacer ms eficaz la rebelda, pero no la genera. Al final, quien opta por la lucha lo hace por razones subjetivas, de tica personal.

Lo cual no tiene por qu conllevar ningn tipo de fanatismo. Mi experiencia me indica que los militantes de apariencia ms dura e intransigente han sido tambin con frecuencia los ms quebradizos. En mi militancia ha habido un punto permanente de escepticismo. Hay que alimentar siempre una cierta duda.  El debate que estamos promoviendo ahora mismo en el PCE pretende en buena medida eso: sembrar la duda. No sobre nuestra decisin de seguir en la lucha. Ah desde luego que no vamos a cambiar! Pero s sobre algunas ideas que a veces damos por buenas sin haberlas examinado a fondo.

J. O. Usted ha tenido no pocos problemas por negarse a aceptar sin ms una de esas ideas: la de la unidad de la izquierda.

J. A. La idea de la unidad de la izquierda ha sido muy debatida desde la fundacin de la Internacional Comunista. Entre otras cosas, porque ha habido izquierdas muy diversas, segn las pocas y los pases. Nuestra realidad reciente ha estado considerablemente condicionada por la dictadura franquista. Las dictaduras tienen muchas consecuencias terribles, la mayora de ellas provocadas por la opresin (falta de libertad, fusilamientos, crceles, etc.), pero algunas tambin por el contagio: a fuerza de enfrentarse a un poder burdamente inmoral y poltica e ideolgicamente maniqueo, la oposicin tambin adopta posiciones simplonas y de moral acomodaticia. Una muestra de ese simplismo superficial fue la defensa que muchos empezaron a hacer de la llamada unidad de la izquierda.

Para muchos promotores de la unidad de la izquierda, de lo que se trataba, en resumidas cuentas, era de que las direcciones del PSOE y el PCE llegaran a un acuerdo parlamentario de reparto de cuotas de poder, sin entrar en demasiadas consideraciones programticas. Para desbancar a la derecha, decan los del PSOE en sus mtines. Y yo contestaba, y sigo contestando: pero, caballeros, si su poltica fiscal y la de la derecha son primas hermanas; si ustedes y la derecha estn codo con codo en la OTAN; si se ponen de acuerdo en mandar tropas a all y all; si se encuentran en perfecta sintona en la Unin Europea... Tendremos que someternos a una poltica de derechas para desbancar a la derecha? Habremos de renunciar a ser de izquierdas para que haya unidad de la izquierda?

Unidad de la izquierda? Bien! Veamos sobre qu bases, con qu programa, para hacer qu. Si nos ponemos de acuerdo en ello, adelante. Pero el PSOE jams ha estado dispuesto a ese tipo de unidad de la izquierda. Hubo una poca en la que nos sentamos a discutir de posibilidades de colaboracin. Pasamos cuatro meses en ello. Pero, as que llegamos al apartado de la poltica fiscal, el PSOE se cerr en banda. De hecho, tampoco ha querido nunca prescindir de sus acuerdos estratgicos con la derecha.

J. O. Sin embargo, ahora se vuelve a hablar de unidad de la izquierda en trminos casi idnticos a los de entonces. No sirve la experiencia para nada?

J. A. Todo se olvida. No lo de hace dcadas: incluso lo de anteayer. Hemos entrado en un tiempo en el que slo existe el hoy. Hoy hay un hoy, y maana habr otro hoy, y pasado, otro hoy. No hay ayer; no hay maana. En esas condiciones, la memoria no existe, ni tampoco la experiencia.

J. O. Usted lo ha experimentado de manera muy directa. En las elecciones de 1985 (*), los mismos que dijeron que si IU lograba el 12% de los votos habra logrado un buen xito, presentaron das despus como un fracaso que IU hubiera alcanzado... el 12% de los votos.

J. A. Y lo ms triste es que eran ataques alimentados desde el interior de la propia IU, que nunca ha sido homognea ni coherente. Desde sus orgenes, su discurso siempre ha arrastrado un contradiscurso interno, amparado en banderas de diferente nombre pero idntico contenido: juntos podemos, la casa comn, la izquierda plural... La ltima es recurrente: vuelve el runrn de la unidad de la izquierda por la brava, sin programa comn ni nada que se le parezca.

IU ha tenido que soportar un constante boicot interno de gente cuyo deseo nunca ha sido otro que el de compartir las mieles del PSOE triunfante, aunque para eso hiciera falta renunciar a todo proyecto de transformacin social digno de ese nombre.

J. O. Ese gnero de mezquindades ha asqueado a bastantes. Los hay que han puesto tierra de por medio.

J. A. Ha sido duro y sigue sindolo mantener un proyecto como el de IU en condiciones del gnero de las actuales, que no son demasiado propicias ni en el plano interior ni en el europeo y occidental. No me cuesta entender a la gente combativa de izquierda, del PCE y de otras tendencias, que ha hecho el petate en los ltimos aos y se ha ido a arrimar el hombro a Venezuela, a Per, a Mxico y a otros pases de Amrica Latina que estn en ebullicin y en los que su labor puede ser importante, porque son personas preparadas y con experiencia. Constituyen una especie de nuevas Brigadas Internacionales.

Es verdad que la realidad poltica de aqu puede resultar a veces bastante exasperante. Pero tambin vale la pena afrontarla. Quiz nuestra generacin no consiga ya obtener grandes logros de enorme trascendencia histrica, pero la rebelda ante la injusticia y la lucha codo con codo con quienes participan del mismo empeo producen un grado de satisfaccin, e incluso de felicidad, que no resulta nada desdeable. Vista desde ese ngulo, la generosidad tiene tambin su tanto de egosta. Slo que es un egosmo que puede reportar beneficios a los dems.

J. O. Diagnosticado que ya no estamos en la poca de las revoluciones socialistas a la antigua usanza, de dnde han de surgir las fuerzas que empujen hacia la transformacin social?

J. A. De los ms diversos campos: desde el consumo a la enseanza, desde el comercio justo hasta el movimiento cooperativo, desde la defensa del medio ambiente a la movilizacin de los excluidos del sistema... de todos los muchos focos de profunda insatisfaccin que provoca el actual orden mundial. Lo que se impone, en todo caso, es afrontar esa tarea con perspectiva internacional, porque tambin el campo de batalla se ha globalizado.

J. O. Usted no es un poltico espaol al uso en casi ningn aspecto. Tampoco en lo que se refiere a sus criterios sobre la organizacin territorial del Estado y a su posicin en lo relativo al enfrentamiento entre el centralismo y las reivindicaciones de las nacionalidades.

J. A. Fui educado en la parafernalia de la sagrada unidad de Espaa, del Imperio, de la condena de los contubernios rojo-separatistas, etc. Eso marca. Condiciona los sentimientos. Pero luego uno ve, uno lee, uno razona... y lo que ve, estudia y reflexiona entra en contradiccin con los sentimientos que haba alimentado hasta entonces. En mi caso, esa pugna se tom su tiempo, pero al final fui llegando a algunas conclusiones claras. De la primera de ellas di cuenta en una conferencia que pronunci en 1980 en Madrid, en el Club Siglo XXI, y me vali un ro de crticas. Dije: Espaa no est hecha. Habr que hacerla. Yo no lo saba, pero luego me enter de que Antonio Alcal-Galiano hizo esa misma afirmacin no muy avanzado el siglo XIX. El problema es viejo.

No fue sin resistencia interior como tuve que ir asumiendo que la Historia de Espaa que me haban enseado estaba repleta de falsedades. Yo he visto en el despacho del monarca el decreto por el que Carlos III estableci que la bandera de Espaa habra de ser la roja y gualda. Y llevar el escudo de Castilla, aada. Y por qu slo el de Castilla, y no todos?, pregunt. Espaa siempre ha sido definida desde el poder del Estado. No fue un producto de la maduracin histrica, como la nacin francesa, que es el ejemplo clsico.

En mi concepcin, Espaa slo puede sustentarse en el acuerdo de los pueblos que la componen. A m me gustara que estuviramos todos conformes en marchar en comn, pero si un pueblo no est de acuerdo, o si hay dudas de si lo est o no, y en qu proporcin... ah defiendo que se reconozca el derecho de autodeterminacin. Que es un derecho, por cierto, suscrito por el Estado espaol en las Naciones Unidas.

De todos modos, cabe estar juntos de diversos modos. La derecha mostrenca todava no ha entendido que el Estado federal es una forma de Estado unitario. Podra instaurarse sin que eso supusiera el fin de la unidad de Espaa, ni mucho menos.

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(*) Hay un obvio error en la formulacin de esta pregunta: en 1985 IU no exista. El mejor resultado electoral lo obtuvo IU en las elecciones al Parlamento Europeo de 1994, en las que logr el 13,44% de los votos. Imagino que, cuando formul la pregunta, tena en la cabeza las elecciones municipales de mayo de 1995, en las que IU logr el 11,68% de los votos.
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Viva Padilla alguien grita
nadie su voz sofocara
que amapola comunera
en todo el trigal se ampara
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