Enviado a su blog y e-mail:
Estimado Sr. Jord :
Le envío esta misiva, supongo que para sorpresa suya, por el artículo publicado por usted en el Diario de Mallorca sobre el fallecimiento del ilustre vallisoletano y castellano DON MIGUEL DELIBES, así como también por la segunda parte de ese artículo.
Como ya supondrá, soy natural de Valladolid, donde nací y he residido casi toda mi vida. Orgulloso estoy de mis orígenes y de mi preciosa ciudad así como de toda la “Gran y dividida Castilla”. Actualmente resido en Palma de Mallorca, aunque espero que por poco tiempo más, y viajo con relativa frecuencia a mi queridísima Pucela (topónimo que hace referencia a Valladolid por si vuestra merced lo desconociese). Como tarde más de dos meses en visitar mi ciudad y no salga de la isla en ese tiempo me empieza a invadir una claustrofobia de muy señor mío.
Precisamente el pasado miércoles es cuando leí su primer artículo, día en el que curiosamente regresaba de Valladolid con mi esposa también vallisoletana, más que yo ya que ella es vallisoletana pura (lo digo porque a los mallorquines os gusta mucho eso de distinguir entre mallorquines puros, no puros y putes forasters) mientras que yo tengo la desgracia de ser medio Zamorano, ya ve usted que desgracia, doblemente provinciano, aunque orgulloso por ello. Le recomiendo visitar Zamora y su provincia, allí podrá contemplar y admirar un patrimonio artístico románico que ya le gustaría a otras ciudades tan “cosmopolitas e iluminadas”, por no hablarle de la preciosa zona de Sanabria con su lago. Por cierto el día que regresaba de Valladolid hacía un día precioso y soleado en la capital del Pisuerga (principal rio de los que bañan la ciudad por si usted lo desconociera también). Y no es broma ni ironía, en verdad hacía un precioso y soleado día.
A lo que iba, tras leer su artículo aparte de lo paradójico en muchos aspectos teniendo en cuenta que quién escribía el artículo era un mallorquín, me dio la sensación de que usted no había puesto un pie en Pucela en su vida a pesar de que usted dijera que visitó Valladolid en un día lluvioso de otoño (casualidad también ya que en Valladolid no llueve mucho, a diferencia de Palma una vez acabado el verano y con ello finiquitado el turismo guiri del sol y playa). Tal extremo me quedó confirmado en su segundo artículo cuando quiere arreglar la cosa diciendo que se refería al Valladolid de hace cuarenta años. Y yo le pregunto ¿cómo era la Mallorca de hace cuarenta años?, ¿y la de hace veinte?, ¿Y la de hace diez?, ¿y la actual? Esto último no hace falta que responda, ya lo sabe todo el Estado español gracias a los informativos. También podemos hablar de la Mallorca postgolpista, del latifundismo, de March y la financiación de este al movimiento nacional, de que este sujeto ponga nombres a calles o que su familia tenga valladas muchísimas hectáreas de isla porque es de su propiedad o de que manejen la Banca March. También podemos hablar largo y tendido de esa Mallorca de no hace tanto tiempo, de la Casa del Amo, de esa Mallorca casi feudal en la que heredaba el primogénito y al segundón le quedaban la sobras en la costa porque eran tierras en las que no se podía sembrar ni un cactus. Segundones que hicieron el agosto con el boom turístico vendiendo sus hasta hace poco miserables posesiones a alemanes y demás extranjeros. Este segundón pobre y humilde es el nuevo rico de hoy. Pero no se engañen en Mallorca el dinero lo tienen cuatro, se percibe mucha miseria también, pero siempre mirando por encima del hombro al pute foraster. Pero imagino que siempre es mucho más recurrente ver la paja en el ojo ajeno y hacer la gracieta aquella de “facha.dolid”.
Lamento si a usted le molesta que hable con esta ligereza de su cosmopolita, superurbana y soleada Palma, pero me creo con derecho a ello tras hacerlo usted con mi ciudad. La diferencia está en que yo hablo con conocimiento de causa y usted no.
En primer lugar le corregiré algunas apreciaciones. Aunque le cueste creerlo en Valladolid la gente no va como usted describe, ni las calles son estrechas, ni la ciudad es triste entre otras cosas. No me venga usted con que se refiere al Valladolid de hace 40 años porque en su primer artículo no dice eso.
Lo de las calles estrechas de Valladolid me parece paradójico, cómico e incluso irónico viniendo de un Palmesano. En unos de mis días de estancia en Valladolid paseando con mi familia por el Paseo de Zorrilla y por el nuevo barrio de Vega del Prado, donde precisamente se ha abierto hace varios años un auditorio con el nombre de Miguel Delibes, les comentaba que agradecía por fin pasear por calles anchas y amplias zonas verdes ya que estaba ya un poco harto de las estrecheces de la “cosmopolita y gran urbe” palmesana y de la falta total de parques en condiciones. Supongo que esto último debe ser el motivo por el que uno debe de ir esquivando heces de perro amén de otros cropolitos de origen canino y en algunas barriadas incluso humanos. Palma es una ciudad curiosa. Tiene un casco viejo horrible, a excepción de la zona de la Catedral, el Palacio de la Almudaina y la Lonja, sus calles están deterioradas y mal cuidadas, sin hablar de la falta total de civismo de sus habitantes. Desde que llegué siempre me sorprendió ese abandono de la parte más emblemática de una ciudad como es el casco viejo. Me pareció aberrante para Palma ver calles como la Vía Sindicat llena de prostitutas, o zonas como Sa Guerrería hasta arriba de suciedad y de drogadictos. Ya ve, esto es impensable en cualquier “provinciana” ciudad castellana. Ese maremágnum de callejuelas estaba rodeado de unas preciosas murallas de las que quedan muy poco, a diferencia de otra “provinciana” y preciosa ciudad castellana llamada Ávila. Dichas murallas se tiraron bien avanzado el siglo XX siendo sustituidas por lo que llaman “Las Avenidas” y así posibilitar la expansión de Palma y acabar con las excesivas apreturas.
Por otro lado me sorprendió que su más carismática y “burguesa” calle, Jaume III, se construyera una vez derribadas las murallas y cruzando brutalmente esa encrucijada de callejuelas que es la ciudad palmesana. La estética de esa calle es totalmente decimonónica, y yo en principio la asociaba a la burguesía local de esa época. La asociaba a la decimonónica y vallisoletana calle de Recoletos, pero no, al no tener calles de esta índole las inventaron a posteriori copiando su estética muy entrado el S. XX.
En cuanto al casco viejo de Valladolid, pues sí hay algunas calles estrechas como, la Rua Oscura por ejemplo, debido a que los dos ramales del río Esgueva cruzaban el centro de la ciudad y sus calles debían adaptarse a dichos ramales. No obstante tenemos calles también amplias en el centro y lugares espaciosos como pueda ser la Calle de Platerías, cargada de historia, la Plaza de Portugalete con la Iglesia de Santa María de la Antigua (mucho más antigua que la Catedral de Palma), la Plaza de la Universidad (una de las más viejas de Europa al igual que la de la cosmopolita Palma imagino), la Plaza Sata Cruz,.. etc. Mención especial merece la Plaza de Zorrilla, el Paseo de Zorrilla y la Acera de Recoletos que sirven de marco a un precioso parque romántico: El Campo Grande. También es conocido como el pulmón de Valladolid y es un lugar precioso para pasear con su pérgola, su estanque con su barca paseando, sus ardillas, sus pavos reales,… un bosque en plena ciudad. Igualico que la gran urbe Palmesana.
En cuanto a lo rural de Valladolid no sé muy bien a que se refiere. En Palma en la zona del Molinar, hasta hace poco barrio de humildes pescadores, se puede ver una vaquería, plantas bajas (lo que en Valladolid denominábamos “Casas Molineras” y que ya apenas existen), en el mismo centro palmesano se pueden ver ese toque rural, por no hablar de la carretera de Manacor por ejemplo o el barrio de Son Ferriol, o el de Es Coll d´en Rabbassa que son literalmente pueblos en vez de barrios. Y ya no hablo de ese aire Pagès que tienen mucha parte de las gentes palmesanas. Si usted se pasea por Valladolid poco de rural verá usted. No es que aborrezca de lo rural, de hecho mis padres son de pueblo y me encantan esos pueblos, lo digo más por usted al que se le ve un chico de ciudad, por este motivo le agradaría ver obras y zonas totalmente modernas como el Museo de la Ciencia, el Auditorio Miguel Delibes, uno de los muchos puentes que pasan sobre nuestro río. También tenemos mucho de historia, con muchos museos como el de Escultura, pero supongo que a un chico moderno y de ciudad como usted no le gustaría ya son anacronismos de otros tiempos que ya no existen ni interesan, como se puede deducir leyendo sus artículos. Por cierto en Valladolid y otras preciosas ciudades castellanas también tenemos guiris y somos “cosmopolitas”, la diferencia es que estos vienen de Erasmus y en Palma van a zonas deterioradas como S´Arenal o Magaluf a emborracharse a ahostiarse, a hacer el vándalo y darse de vez en cuando alguna puñalada. Mención aparte merecen las ratillas mascachapas que purulan por esos lares buscando dar el palo a algún guiri distraído para gastárselo en droga comprado en otro cosmopolita y moderno barrio palmesano como Son Banya.
En cuanto a lo de triste, más de lo mismo. Irónico viniendo de un Palmesano. Por cualquier ciudad castellana podrá pasear cualquier día, casi a cualquier hora. También podrá entrar a cualquier lugar a degustar algo típico de la tierra. Le aconsejo ir en fiestas a Valladolid y disfrutar de la Feria de Día o la Feria Gastronómica. Notará mucho el cambio con respecto a esas ¿fiestas? de San Sebastian en las que hay una ausencia casi total de gente por las calles a excepción de un día en la que todos los vecinos tienen la urbana y cosmopolita costumbre de salir con una parrilla a la calle. Si pasea por Valladolid, o Salamanca, o Zamora, o por donde quiera podrá ver las calles repletas de gente, gente paseando con su periódico bajo el brazo o sentado en un parque leyendo. En Palma en cambio, anochece mucho más pronto, casi una hora antes, y sobre todo en invierno las calles son como un cementerio. Y encima hace frío, que venden el sol y playa todo el año para a ver si engañan a algún incauto.
Creo que me estoy extendiendo más de la cuenta, pero es que me congratula explicarle como es mi ciudad, más que nada para que cuando usted vuelva a escribir sobre ella lo haga con conocimiento de causa, en vez de recurrir a lo tópico y a la narrativa literaria.
Para concluir esta extensa misiva, sólo me gustaría añadir que no me ha sorprendido en absoluto lo leído en sus artículos. En el tiempo que he vivido en Palma ya he conocido bastante su forma de ser. He visto casos (juro que es real) hilarantes como:
decir un mallorquín a otro que por qué se va al Caribe si las playas mallorquinas son los mejores;
He oído decir a un mallorquín que ha estado en Segovia (patrimonio de la humanidad por cierto) decir “bah el acueducto, no es para tanto” cuando en Mallorca tienen catalogado como maravilla a las ruinas de Pollentia (cuatro piedras) y al puente romano de Polleça. Curioso lo del puente este, dada mi afición a la historia y lo mucho que cacareaban sobre él, fui a visitarlo pero lo no lo encontraba por ningún lado. Al fin me dí cuenta de que aquí no hay ríos y al final descubrí un pequeño puentecito de piedra sobre un regato (aquí torrents los llaman). Vamos que el acueducto de Segovia es una castaña y el puente de Pollença una maravilla.
He escuchado a alguno decir que han ido al Norte de la Península y que no les gusta porque todo es verde y la vegetación homgénea. Curioso, Mallorca es bastante seca y lo único que hay son pinos mediterráneos con excepción de alguna palmera en el Paseo Marítimo.
Les he oído decir que las mejores patatas son las de Mallorca porque son originarias de aquí, cuando les dices que vinieron de America dicen que fue Colón, mallorquín también por cierto, quien las llevó allí y luego las llevó a la Península. Y así podría estar hasta mañana.
El caso que nos ocupa es el mismo. Miguel Delibes fue un gran literato, el último de los grandes que quedaba, un hombre llano, humilde, enamorado de su tierra, … y que tuvo el reconocimiento de sus vecinos hasta el punto de que muchos lugares emblemáticos de la ciudad llevan su nombre. Miguel Delibes fue despedido por gran número de sus vecinos que colapsaban el ayuntamiento de la preciosa Plaza Mayor vallisoletana. Será recordado por ser gran literato y mejor persona, por eso muchos vallisoletanos se han sentido ofendidos por lo regurgitado por usted y por ello consideran lo dicho por usted como “una traición a la patria” . Dejó numerosos hijos, a la forma castellana como dice algún indocumentado, de los cuales alguno tuve el honor de conocer como por ejemplo Germán que me dio clases de Arqueología junto a otro gran vallisoletano y castellano como fue Julio Valdeón que también nos dejó hace poco. Delibes, que fue también director de unos de los decanos de la prensa estatal como el Norte de Castilla, el cual sigo comprando cuando puedo y aprovecho algún regalo que viene con él como pueda ser libros de otra vallisoletana como Rosa Chacel o las novelas ejemplares de Cervantes.
En cambio usted, Eduardo, tiene una obra desconocida para el público, no lo conocen ni en su casa, el día que usted se vaya no sé si lo despedirán de la misma forma que al gran Migue en su urbana y cosmopolita tierra , a la cabeza del fracaso escolar por cierto; usted, licenciado en una Universidad de tercera regional como es la Balear más preocupada de que todo el mundo aprenda el catalán en su dialecto central y no Balear quien otra cosa, haciendo que los pocos jóvenes que estudian se marchen a otras Universidades o lo hagan por la Uned,. Mientras Miguel fue el director de un buen periódico, usted escribe en un panfletucho sensacionalista que en vez de libros regala senyeras mallorquinas para colgarlas en el balcón el día de la Diada, que a su vez han sido regaladas por esa gran política honesta como pocos que es Maria Antonia Munar como agradecimiento por hacerla la pelota durante muchos años. Resumiendo que usted es el gran puente Romano de Pollença ante el Acueducto de Segovia, pero que con el ombliguismo y prepotencia de nuevo rico (aunque la mona se vista de seda y le toquen muchos millones en la lotería…..)mira por encima del hombro al acueducto creyéndose mejor. Se creerá mejor, pero en su primer artículo ha quedado como un gañán, y en el segundo que podía haber rectificado elegantemente ha querido hacerlo pero como dicen en mi tierra: “A Dios rogando y con el mazo dando”.
En fin me despido de usted, sin pedirle nada. No quiero sus disculpas ni se las pido. De personas así no quiero nada, ni los buenos días. Gracias por su atención si es que se ha dignado a leer este ladrillo.
Atentamente.
Castilla 1521

