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Autor Tema: La Sociedad de los Caballeros Comuneros  (Leído 1322 veces)
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Maelstrom
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« : Julio 14, 2010, 19:26:24 »


En 1821 se fund en Madrid la Sociedad de los Caballeros Comuneros. La "Comunera" tena formalmente el aspecto de sociedad secreta similar a la Masonera, es creada para hacer triunfar los ideales que en otro tiempo inspiraron la fracasada revolucin de las Comunidades castellanas contra Carlos V. Su ritual de ingreso, sus juramentos y ritos, hacen de la Comunera reconstruida en 1821 un movimiento similar al carbonarismo italiano.

EL NACIMIENTO DE LAS "TORRES COMUNERAS"

La primera asamblea comunera tuvo lugar en septiembre de 1821 y, hay que presuponer, que sus orgenes databan como mnimo de un par de aos antes. Entre sus fundadores se encontraban masones con cargos de importancia en el gobierno (Romero Alpuente, Flores Estrada, Gutirrez Acua, Mega), liberales exaltados (Riego, Mura, Torrijos, Jauregui, Piquero) y postergados que, por un motivo u otro, haban roto con la Masonera y coincidan con los anteriores en el inters de constituir una sociedad secreta autctona, desprovista de la superestructura ritual y simblica de la Masonera (excesivamente aparatosa para su gusto), que fuera polticamente ms radical en direccin al liberalismo y que segara la influencia que las potencias extranjeras (Francia en particular) ejercan sobre los Grandes Orientes.
Las logias comuneras reciban el nombre de "torres", es imposible saber cuantas existieron en Madrid, pero no cabe duda que entre 1820 y 1823 fueron varias decenas. Tampoco se ha podido saber el nmero total de afiliados de la Sociedad de los Caballeros Comuneros. Segn sus propias fuentes ascenda a 40.000; algunos de sus enemigos prefirieron elevar estas cifras para convertir a la sociedad secreta en un terrible chivo expiatorio y se tuvo como cierto en estos sectores que 60.000 comuneros afilaban sus armas en 1825. Todo esto parece muy exagerado y nos inclinamos a compartir las cifras ms mesuradas que ya en su tiempo se dieron: apenas 10.000 -lo cual no es poco- de los que entre 1.800 y 2.000 estaran radicados en Madrid. Cada "torre" comunera agrupaba entre 40 y 80 miembros. La proporcin de estas cifras solo se puede valorar teniendo en cuenta que en 1845, la poblacin de la Villa y Corte era de apenas 200.000 almas: 1 de cada 100 madrileos pertenecan a las "torres" comuneras". Estas se numeraban en funcin de su antigedad. En 1822 eran 50, siendo la ms antigua la madrilea.

EL SECRETO COMUNERO

Una sociedad as era imposible que fuera muy secreta, por su volumen, pero tambin por lo apresurado del reclutamiento de sus miembros. Un autor del siglo pasado escribe: "Los comuneros guardaban muy mal sus secretos, a pesar de sus juramentos: as es que se sabe mucho acerca de ellos, al paso que de la franc-masonera se sabe poco, y eso poco en su mayor parte revelado por los comuneros (...) Juraban dar muerte a cualquiera a quien la secta declarase traidor y si no cumplan la promesa, entregaban su cuello al cuchillo, sus restos al fuego y las cenizas al viento [segn la frmula de juramento comunera] (...) y como en la admisin no haba tacto ni escogimiento, inundaron los castillos y torres con mozuelos sin hiel, que, infieles al secreto, revelbanlo a sus queridas. En algunos puntos de la Pennsula tambin fundaron las mujeres sus torres y adornaron su pecho con la banda morada, distintivo de los llamados mulos de Padilla".
La figura de Padilla, mucho ms que las de Bravo y Maldonado, focalizaban el espritu comunero. Se tiene como cierto que por Madrid circularon en aquel tiempo, unos huesos y una rodela que estaban reputados de haber pertenecido al propio Padilla. En la capital los juramentos comuneros se realizaban revistiendo al recipiendario con el escudo del comunero vencido en Villalar. En un momento dado los asistentes desenvainaban sus espadas apoyndolas contra el escudo y hacan pronunciar al candidato la frmula de juramento.

COMUNEROS, CARBONARIOS Y MASONES, UNA DIFICIL ENTENTE

Algunos de estos comuneros compartan militancia en la Masonera, sobre todo algunos de sus elementos ms jvenes. La Comunera no tuvo, ni remotamente, el carcter elitista de la Masonera. Mientras que para acceder a esta se precisaba incluso un cierto potencial econmico (las iniciaciones, la cuota mensual, los derechos de trnsito de un rito a otro o de una logia a otra, los mandiles y joyas, ya costaban entonces buenos dineros), la Comunera se mostraba ms asequible para la pequea y baja burguesa, el estudiantado y las clases populares.
Entre 1823 y 1824 las fricciones y disputas entre comuneros, carbonarios y masones haban adquirido caracteres siniestros. Abundaban las delaciones y las denuncias mutuas. Cada asociacin haba elegido por colores los propios y contradictorios con los otros: los masones el azul, los comuneros el morado (alegando que el pendn de Castilla era de ese mismo color), los carbonarios el verde. En una primera fase masones y comuneros hicieron causa comn contra los carbonarios. Luego se modifican las alianzas y los comuneros se ven combatidos por la alianza de los otros dos rivales.
En las elecciones de 1823, masones y carbonarios pactan reas de influencia. Al ao siguiente vuelven a cambiar las alianzas y los comuneros exigen a los masones la destruccin del carbonarismo, para ello cuentan con la ayuda del general Guglielmo Pep (italiano exiliado y disidente del carbonarismo) que present al Gran Oriente liberal un "Plan para Regenerar Europa". Rechazado, Pep dej a sus peones en Madrid mientras viaj a Londres y Lisboa; sus correligionarios constituyeron en los locales de La Fontana de Oro la "Sociedad Europea".
Mientras que el carbonarismo se extingui con la llegada de los Cien Mil Hijos de San Luis, la Comunera aun dio que hablar, por s misma o gracias a sus disidencias. La primera, que afect a 10 "torres", tuvo lugar tras unos desgraciados incidentes frente al Palacio Real el 30 de junio de 1822. Al cerrarse las Cortes, varios paisanos instigados por los comuneros insultaron a la Guardia Real que vitore al Rey. Hubo choque y menudearon los golpes, palos y cadas. Un oficial de la Guardia Real, Mamerto Landburu, presumiblemente comunero, intent contener sable en mano a sus soldados en cuyos odos retumbaban los insultos y oprobios verbales de los paisanos. Al alzar el sable contra el grupo de soldados ms exaltados, fue derribado de unos disparos. Al da siguiente naca en el Caf de Malta la "Sociedad Landaburiana", compuesta a partes iguales por masones y comuneros dirigidos por Romero Alpuente y Asensio Nebot, el primero con el ttulo de "Moderador del Orden". El primer acto de la sociedad fue exigir una "vctima expiatoria a los manes de Landaburu". Result ahorcado un oficial francs, Teodoro Goiffeux, detenido cuando se encaminaba a Francia disfrazado de civil, y que no parece muy claro que tuviera algo que ver con el episodio. Poco dur la "landaburiana", cuyos elementos fueron a engordar otras disidencias de la Comunera.
En 1823, la Comunera se parti en dos. Aparecieron los Comuneros Espaoles y los Comuneros Constitucionales (estos ltimos pasaron a la Masonera). Ambos grupos eran llamados, respectivamente, "descalzos" y "calzados", segn tuvieran cargo oficial en el Concejo de Madrid o no lo tuvieran. La palabra "calzado" equivala a "ponerse las botas" con el usufructo del cargo pblico. Juan Palarea (un antiguo landaburiano) dirigi la disidencia que engord a las logias y que posibilit los estallidos de 1834 y 1835, con las subsiguientes matanzas de frailes.

1834: LA QUEMA DE CONVENTOS. COMUNERIA AL ATAQUE

Muchos autores contemporneos que vivieron los sucesos madrileos de 1834 no albergaron en su momento la menor duda que el degello haba sido inspirado por las sectas conspirativas, con la Masonera y la Comunera al frente. Tres das antes de los sucesos, circulaban rumores por Madrid de lo que iba a pasar, hasta el punto de que en algunos conventos e iglesias haban puesto a buen recaudo piezas de arte y joyas sacras, igualmente algunos liberales cuyos hijos asistan a colegios religiosos, fueron advertidos de la conveniencia de quedarse en casa.
La noche del 16 de julio de 1834, que los cronistas madrileos recuerdan como lluviosa, en la calle de Toledo y de los Estudios, un desconocido cantaba una lgubre cancin, presagio de lo que se avecinaba:

"Muera Cristo
Viva Luzbel
Muera Don Carlos
Viva Isabel".


Un mes antes, el clera haba atacado en Vallecas. Un regimiento de ingenieros acordon el pueblo pero no pudo evitar que la epidemia se transmitiera. Las sectas conspirativas difundieron el rumor de la implicacin del clero en la transmisin de la epidemia. Similares rumores sobre la implicacin del clero en envenenamientos de aguas corrieron por las mismas fechas en toda Europa. Es impensable que se tratara de un reflejo anticlerical espontneo; debi, necesariamente, de existir un centro conspirativo difusor de rumores.
A las 12 del medio da un cro haba resultado linchado tras ser sorprendido arrojando arena o inmundicias en la cuba de un aguador, travesura muy comn en la poca. En esta ocasin el ambiente estaba muy sensibilizado respecto a la manipulacin del agua, considerado como vehculo del clera morbo y el pobre nio pag cara su broma. Perseguido por los aguadores, estos gritaban que "echaba cosas malas al agua". En este mismo momento se grit que otro muchacho, cmplice del infortunado, haba conseguido huir al Colegio de los Jesuitas, el llamado Colegio Imperial de la calle del duque de Alba. El tumulto agrup a varios cientos de personas que a las 3 de la tarde lo asaltaron. Era jueves y no haba clases: all mismo cay asesinado el padre Francisco Sauri. Luego, en el mismo punto, otros tres sacerdotes sufrieron degello, entre ellos el padre Artigas, distinguido orientalista. Los cadveres de los jesuitas ms jvenes que intentaron huir disfrazados de colegiales (reconocidos por la tonsura) fueron arrastrados hasta la parroquia de San Milln, en la plaza de la Cebada. En las proximidades de la misma parroquia result asesinado un lego que se diriga desde el antiguo convento de La Latina hasta una cerera prxima. En un pao llevaba los restos de cera antigua para cambiarla por cirios nuevos. Detenido por los revoltosos, fue apualado con saa al grito de "se que lleva el veneno!". Puede juzgarse la psicosis colectiva que reinaba en Madrid. Los incidentes se trasladaron al convento de San Francisco el Grande donde los asesinatos revistieron rasgos de particular iniquidad. An a las 12 de la noche las turbas asaltaban el convento de la Merced, en la plaza del Progreso.
La secuencia de los actos violentos se inici como hemos visto a las 3 de la tarde; hasta las 5 se asedi el convento de San Isidro, de 5 a 7 la matanza en Santo Toms, de 7 a 9 un piquete de coraceros impidi el asalto al convento del Carmen Descalzo. De 9 a 11 horas los incidentes de desplazaron a San Francisco el Grande, en las dos horas siguientes cay presa de las llamas el convento de la Merced y a las cuatro de la maana el convento de Atocha sufri el mismo destino. Cuarenta y ocho personas fueron apaleadas, acuchilladas o degolladas, la mayora de ellos clrigos y monjes o personas de servicio en los conventos. Otros muchos conventos sufrieron daos e intentos de asalto, pero todo induce a pensar que se trat de un grupo no excesivamente numeroso de agitadores que se fueron desplazando de uno a otro lugar, amparado por espontneos que los arropaban. En los meses siguientes, pareci como si los liberales ms exaltados hubieran levantado la veda del clrigo: los incidentes y linchamientos se sucedieron por toda la Pennsula.

LA RESPUESTA: SOCIEDADES SECRETAS CATOLICAS

Las consecuencias de esta campaa anticlerical, supuestamente orquestada por las sociedades secretas y conspirativas, tuvo como primera consecuencia el encono de los sectores catlicos contra la Masonera y el liberalismo. A partir de 1820, los monrquicos legitimistas y catlicos ultramontanos quisieron organizarse siguiendo las mismas pautas del enemigo, y fue as como florecieron las sociedades secretas opuestas al liberalismo: jovellanistas, la "Junta Apostlica", la famosa sociedad del "ngel Exterminador", los concepcionistas...Aparecen despus de 1824. Se tienen pocos datos sobre estos grupos, aunque se intuye que tuvieron importancia en el apoyo que recibi en los primeros momentos Carlos Mara Isidro (hermano de Fernando VII) en sus aspiraciones al trono. El "ngel Exterminador", fundada por el obispo de Osma en 1827, cont entre sus filas a un buen nmero de prelados; los concepcionistas, por su parte, luchaban por el restablecimiento de la Santa Inquisicin. stos se vieron engrosados por los miembros de la "Sociedad Defensora de la Fe", fundada en 1825.
Hacia 1845 la Comunera haba desaparecido completamente. Sus militantes pasaron a engrosar los partidos polticos republicanos que, poco a poco, fueron emergiendo a medida que cambiaba la situacin poltica. Otros, fundaron organizaciones socialistas y comunistas utpicas. Una parte de la historia del castellanismo haba concluido, el entendimiento entre organizaciones ocultistas y medios polticos sera, a partir de entonces, mucho menor y protagonizada fundamentalmente por las distintas obediencias masnicas...As hasta el advenimiento de la Segunda Repblica.
Fue la Comunera decimonnica un eco postrero de la oposicin que debi afrontar Carlos V, Emperador a poco de llegar a Castilla. Si el movimiento comunero del siglo XVI representaba la opcin del pueblo castellano que antepona los intereses de Castilla a los del imperialismo exarcebado del Austria y al saqueo de los recursos econmicos hecho por sus adlteres, la Comunera decimonnica representaba esos mismos valores, triunfantes en el siglo XIX y laicizados. Frente a la monarqua, la opcin liberal supona la bsqueda de una legitimacin en principios telricos (la Nacin), femeninos (el recurso al "demos") y ginecocrticos (la idea republicana, simblicamente representada por una mujer provista del gorro frigio).



[Fuente: Pgina web de Tierra Comunera]
« Última modificación: Julio 14, 2010, 19:42:52 por Maelstrom » En línea
Tizona
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CASTILLA Y LEON


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« Respuesta #1 : Julio 21, 2010, 14:05:18 »


En este momento Castilla necesita todas las sinergias unidas contra una asimetra estatal que nos destruye. Por ello, sobran ideologas, sociedades y fantasmas del pasado. Hoy se est con Castilla, sin colores partidistas, o contra ella.
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