De catorces, diecisietes
de leones, de corderos,
castellanos carreteros
y sus dimes y diretes
os diré yo mi opinión
con blandísima armadura
hecha en versos, que es locura
afrontar sin protección
tal cuestión que al parecer
a muchos convierte en lobos
y es más bien cosa de bobos
el dejarse a uno comer.
Castellano es quien lo quiere:
por ahí hay que empezar,
mas lo debo razonar
para que el mundo se entere.
Si gastamos municiones
o llegamos a las manos
por hacer más castellanos,
lo serán con condiciones.
"Yo me siento muy de aquende,
de la comarca de tal.
Es mi sentir principal.
¿Castellano?, pues depende.
Es posible que lo sea
si me das lo que te pido,
y si no, pues me despido
y cada uno a su tarea".
Oprime de forma extraña
el opresor que es mendigo,
y otra cosa más os digo:
que para esto ya está España.
Por lo tanto lo siguiente
son quizá palabras vanas
y hasta puede que profanas
que me vienen a la mente.
De los cántabros opino
que es muy difícil negar
ser castellanos con mar,
los de Rioja con vino.
De la Mancha que si eligen
ser distintos a Castilla,
pues por mí de maravilla;
y no tanto si le exigen
manchegez a un alcarreño:
dicen que Castilla es ancha,
pero no tanto la Mancha
aunque le pongan empeño.
De León no sé si entrar
en muchas valoraciones
aunque insisto que opiniones
poco pueden enfadar.
Y diré, por decir algo,
que si alargan al León
quizá con el estirón
al final parezca galgo.
Me pregunta un camarada
si Madrid es de Castilla:
respondo que es una villa
castellana o rodeada.
Sin otro particular,
por lo menos de momento,
me despido, porque siento
que me querrán masacrar.


