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Autor Tema: Villalar, ayer y hoy  (Leído 1214 veces)
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Maelstrom
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« : Marzo 31, 2015, 12:27:42 »





El 23 de abril de 1521 era derrotada a escasas leguas de la aldea de Villalar la infantera del ejrcito popular comunero, que no pudo presentar una defensa organizada al ataque de la caballera del emperador Carlos, puesta a su disposicin por los grandes de la nobleza castellana: Fadrique Enrquez, almirante, e Iigo de Velasco, condestable. Al da siguiente, tras un juicio sumarsimo fueron decapitados sus mximos dirigentes, los legendarios Bravo, Padilla y Maldonado, y con ellos el histrico movimiento de las Comunidades de Castilla. Desde entonces pasaron a formar parte de la brumosa memoria colectiva y hoy -al igual que en un lejano ayer, en los efmeros perodos de liberalizacin del rgimen poltico- vuelven a ser reivindicados por las organizaciones polticas progresistas castellanas y las fuerzas sociales que representan, que perciben hoy en la derrota de Villalar el inicio de la secular decadencia poltica, cultural y econmica de Castilla. A estas alturas, casi quinientos aos despus de sucedidos los acontecimientos Qu simboliza la experiencia de las Comunidades de Castilla? Qu puede aportar al futuro democrtico y autonmico de la Castilla contempornea? Qu grupos sociales y polticos estn en disposicin de reivindicarla o rechazarla?

Antes de Villalar

La rebelin comunera constituy una manifestacin de la lucha de clases en una poca en que la Edad Media an se resista a ser arrinconada por la Moderna y el sistema de valores medieval iba a dejar paso a las ideas liberadoras renacentistas. Iniciada como un levantamiento nacional contra un monarca extranjero que, merced al azar dinstico, se haba entronizado la Corona de Castilla y un grandioso imperio, se transform -a medida que la lucha se desarrollaba y los divergentes intereses de clase fraccionaban la primitiva unanimidad en el seno de los insurgentes- en una radical lucha antiseorial bajo su forma ms cruda: la guerra civil. Partiendo de las ciudades y extendindose al campo, termin por enfrentar a dos bloques: el dominante, constituido por la mayora de la nobleza seglar y clerical y su aliado el monarca emperador; y el popular, integrado por los estamentos urbanos (burgueses, artesanos, hidalgos y nobleza empobrecida) al que se adhiri, despus, el bajo clero y amplios sectores del campesinado servil.
Las causas latentes del estallido fueron el progresivo e irrefrenable proceso seorializador abierto en Castilla con Enrique II de Trastmara y consolidado durante el reinado de los Reyes Catlicos, de una parte, y la crisis de rgimen operada en 1504 al fallecer la reina Isabel y romperse el equilibrio institucional forjado durante su reinado.
El reflejo de esta combinacin de factores econmicos y polticos en la estructura social de Castilla determinar tanto el mbito geogrfico del conflicto como su orientacin ideolgica.
El podero econmico y jurisdiccional de la nobleza empobreca, an ms, a las depauperadas masas campesinas que pasaban a ser siervos de los seoros nobiliarios. La burguesa industrial del interior (Segovia, Palencia, Cuenca...) y el artesanado vean frenada su expansin por la vigencia de las relaciones feudales de produccin y por el control que la Corona y los nobles ejercan sobre la Mesta, prefiriendo exportar en bruto la lana a que se manufacturara en Castilla. La omnipotencia alcanzada por los grandes de la nobleza rebajaba el status de sus capas medias y bajas, en gran medida empobrecidas debido al sistema de mayorazgo (slo heredaba la propiedad territorial el primognito) y algo similar ocurra en el seno del clero... Estos eran algunos de los motivos que podran explicar el descontento imperante en los aos inmediatamente anteriores a las Comunidades: agravado, adems, por la crisis de subsistencias motivada a partir de 1504 por el aumento de las ya cuantiosas tierras dedicadas a pastos -en funcin de los intereses de la Mesta y la nobleza- y en detrimento de las dedicadas al cultivo.
En estas circunstancias, la presencia de un monarca extranjero - y su cohorte de consejeros y funcionarios que desde el primer momento se dedicaron a copar los cargos pblicos y a acaparar la moneda castellana de alta ley, con un talante colonial-, su aceptacin de un imperio transgrediendo la tradicin de consultar con las Cortes -salvo para exigirlas sustanciosos subsidios, que habran de ser desembolsados por el pueblo llano, pues nobles e hidalgos estaban exentos de tributacin- y el inusitado nombramiento como presidente de las Cortes del flamenco Adriano de Utrecht, antes de partir para Alemania en abril de 1520, fueron las gotas que desbordaron el voluminoso continente de malestar almacenado por los castellanos.
Estos haban intuido con meridiana lucidez las nefastas consecuencias que para ellos se derivaran de formar parte de un imperio. con un emperador que velara ms por la integridad de su imperio que por las vicisitudes del reino de Castilla. Y esto precisamente ocurri cuando el sentimiento colectivo de nacionalidad espaola -fraguado en el pasado en un contexto de reconquista y apuntalado durante el reinado de los Reyes Catlicos con conciencia de pertenecer a una gran nacin- haba alcanza do su apogeo. Este fenmeno cultural y el temor de la nobleza a que el emperador instaurara una monarqua absoluta que recortara sus privilegios fue lo que dio a las Comunidades de Castilla en sus comienzos el carcter de un levantamiento nacional. Sin embargo, al comprobar que era el contenido popular de las Comunidades quien pona en peligro su omnipotencia y que los proyectos de Carlos I no eran tales, los nobles en seguida abandonaron el movimiento comunero y se aliaron a la causa carolina.
La generalizacin de la insurreccin en todo el Interior del reino delimitara ntidamente los dos bloques antagnicos en el seno del rgano ejecutivo de los comuneros, la Santa Junta: los artesanos, burgueses y siervos llevarn a desplazar incluso a las oligarquas urbanas en la direccin de la rebelin, radicalizando su programa reivindicativo.
Pero por qu lucharon los comuneros? A qu aspiraron?
Desde los albores de la rebelin, las prcticas insurreccionales comuneras adquirieron un sesgo marcadamente antiseorial manifestado en la quema de residencias de los nobles y jerarquas eclesisticas, la destruccin de sus fortalezas y la destitucin de sus administradores-recaudadores, al negarse a seguir pagando tributos que se consideraban injustos... Y sobre todo, en la forma organizativa adoptada: la Comunidad, que pona en cuestin la jerarquizada y sacralizada organizacin de la sociedad medieval. Pero al calor de estas prcticas antiseoriales tambin se elabor un programa reivindicativo y un pensamiento poltico, expresado en los textos de las instrucciones de Valladolid y Burgos y en la ley Perpetua, que lleg a confluir en una innovadora y bastante sistematizada teora a la que bien puede considerrsela como un destacado precedente del posterior constitucionalismo europeo, lo que ha permitido a Maravall caracterizar el movimiento comunero como la primera revolucin de carcter moderno en Espaa y probablemente en Europa.
Con la autoridad ejercida en gran parte del reino por la Santa Junta los comuneros se dispusieron a poner fin a la extremada seorializacin existente en Castilla, limitadora de la expansin de la agricultura y de las actividades comerciales urbanas (sobre todo de la industria textil). Los comuneros propusieron una serie de radicales reformas, como la desaparicin de tributos que constrean el desarrollo del comercio o que eran injustificados (como el portazgo), el control racional de otros (por ejemplo, la alcabala, que, siendo el de mayor cuanta, iba a parar en gran parte a la nobleza y no a la Corona) o la dosificacin de otros (las bulas de Cruzada). Asimismo exigieron la defensa de la integridad del patrimonio real y la reversin a l de todos los seoros otorgados desde 1504 y de los ilegalmente atribuidos antes. Aqu las reivindicaciones de las Comunidades exigieron adems, en sus documentos, otras medidas que slo se introduciran siglos despus en los Estados europeos al irrumpir los regmenes constitucionales, como el que no se pudiera aplicar la pena de confiscacin de bienes (tan empleada por los seores para apoderarse de los campesinos libres) si no era por sentencia firme y slo en casos excepcionales, que los pleitos se vieran por orden de antigedad y no por caprichosa decisin de los poderosos, que existiera una segunda instancia a la que poder recurrir; etctera. Todo esto significaba poner orden en el consuetudinario y abusivo derecho nobiliario. Pero, en definitiva, el aspecto ms innovador y trascendental de la revolucin de las Comunidades radic en que la experiencia acumulada en las luchas antiseoriales de los siglos anteriores les hizo comprender, sobre todo a partir de la eliminacin de la fraccin moderada dentro de la Junta y el encumbramiento de la ms radical, que de poco iba a servir obtener del monarca estas reformas si paralelamente los Grandes continuaban usufructuando el poder en las instituciones, pues en el reflujo de las luchas seran abolidas. Pero era preciso reformar tambin el sistema poltico en el sentido de hacerlo ms representativo, para lo que era indispensable prohibir que la grandeza ocupara en l cargos. Es decir, que vincularon las reformas econmico-sociales a las institucionales. As, propusieron el control efectivo de las Cortes sobre las decisiones del titular de la Corona (hasta entonces haban tenido una funcin meramente consultiva y deliberadora, siendo su principal misin el aprobar los presupuestos de la Corona), la revocabilidad y no perpetuidad de los procuradores y funcionarios, y la convocatoria regular de Cortes, no slo cuando el monarca lo considerara oportuno.

La derrota

El triunfo de las fuerzas realistas sobre el ejrcito de Padilla tuvo profundas repercusiones para el futuro de Castilla, pues convirti a sta en un feudo de la nobleza precisamente en una poca en la que se sufri una aguda crisis en los pases que ms tarde estaran en la vanguardia de la revolucin industrial. Ello provoc el anquilosamiento de las instituciones representativas municipales y centrales que dej las manos libres al emperador para embarcarse impunemente en la nefasta poltica de guerras imperiales, sostenidas fundamentalmente con la sangre y el dinero de los castellanos. La pobreza y marginacin en que se mantuvo a un campesinado que haba osado rebelarse, el encorsetamiento feudal de las relaciones mercantiles y la perpetuacin de un sistema de valores nobiliarios dieron al traste con los primeros brotes manufactureros de la industria textil. Los estamentos burgueses, decepcionados al comprobar la omnipotencia de la nobleza, optaron por invertir sus capitales en tierras o rentas, aspirando a integrarse algn da en el escalafn nobiliario. Y para cerrar el crculo, la voracidad de los banqueros y comerciantes extranjeros de cuyos crditos dependa Carlos V para financiar sus guerras termin por asfixiar a una sociedad que se haba asomado a la Edad Moderna plena de vigor y pujanza.

Villalar, hoy

En la historia posterior, la revolucin de las Comunidades de Castilla fue reivindicada por liberales y demcratas decimonnicos, contemplando en ella el fallido intento de modernizar Espaa: conservadores y absolutistas renegaron virulentamente, presentndola como un rnovimiento regresivo que estuvo a punto de frustrar el colosal imperio espaol de Carlos V.
Como no poda ser menos, a esta ltima interpretacin se apunt la historiografia franquista, la misma que otorg a Castilla el deplorable papel de protagonista en la pesadilla centralista de la dictadura, manipulando para ello hasta extremos inconfesables su cultura e historia. Precisamente a todo lo contrario aspiraron los comuneros: a defender la autonoma y soberana nacional del reino de Castilla respetando las del resto de los reinos peninsulares, negndose a ser incorporados a un imperio, tanto en el papel de protagonistas como en el de comparsas.


Artculo de Jos Miguel Fernndez Urbina publicado en "El Pas", 23 de Abril de 1978.
« Última modificación: Marzo 31, 2015, 12:30:16 por Maelstrom » En línea
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« Respuesta #1 : Marzo 31, 2015, 17:24:56 »


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Asimismo exigieron la defensa de la integridad del patrimonio real y la reversin a l de todos los seoros otorgados desde 1504 y de los ilegalmente atribuidos antes. Aqu las reivindicaciones de las Comunidades exigieron adems, en sus documentos, otras medidas que slo se introduciran siglos despus en los Estados europeos al irrumpir los regmenes constitucionales, como el que no se pudiera aplicar la pena de confiscacin de bienes (tan empleada por los seores para apoderarse de los campesinos libres) si no era por sentencia firme y slo en casos excepcionales, que los pleitos se vieran por orden de antigedad y no por caprichosa decisin de los poderosos, que existiera una segunda instancia a la que poder recurrir; etctera.


Suena muy mucho a lo que hoy consideramos una monarqua parlamentaria y un estado de Derecho, o lo que es lo mismo, un sistema muy parecido al actual, pero con una diferencia fundamental que recoge el artculo al final: la autonoma propia y el respeto al resto de los reinos (nacionalidades/culturas) que falta hoy en da en Espaa.
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