Bueno JOhn tipejos como este los tenemos en León a patadas. Son gente para la cual la identidad es lo de menos, lo que realmemente les importa es quien les paga. Fijate el artículo q escribe hoy una leonesa. Esta señora aboga pq se nos compre desde la Junta para sentirnos pertenecientes a esta comunidad. No tiene desperdicio.
domingo, 23 de abril de 2006
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ANGELA DOMINGUEZ
Identidad a golpe de talonario No, no es la forma más digna de pertenencia a un territorio; ni de imponer un gentilicio.
Sin duda, el dinero introduce un elemento de bastardía en cualquier transacción política e ideológica, pero en lo que no cabe discusión es que, a golpe de talonario o en su defecto de euros, muchas fronteras acotan territorios más prósperos y de ese progreso surge la simpatía hacia las instituciones y las banderas.
El mercantilismo en política no es ni novedoso ni reciente, sino que posiblemente es una de las raíces más antiguas de la cosa pública, sino su esencia primigenia.
Superada la urticaria moral a conjugar o prostituir intereses ideológicos a cambio de materiales, la Comunidad de Castilla y León, en términos generales, y el Gobierno de la Junta, es decir, los popularistas, en términos más precisos, deberían plantearse la posibilidad de implantar el concepto de castellanos y leoneses a través del dinero, bien entendido como semilla de progreso. Es decir, a través de inversiones compensadas entre los territorios de esta gran autonomía, de atención a las zonas más periféricas y, por lejanía, más insurgentes, de una distribución más equitativa de la presencia institucional entre las provincias, de mayor descentralización de competencias y atribuciones, de mayor sensibilidad ante los rasgos diferenciales de cada provincia, de un mayor respeto a la historia y de más justicia social.
Muchos son los ejemplos que señalizan este camino y su potencial éxito. Sin ir más lejos, ninguno o, al menos muy pocos, españoles se sentían europeos hasta que los fondos Feder, los Feoga, los Pomal, la política agraria común, los Urban y el resto de los fondos de cohesión y desarrollo se volcaron sobre la piel de toro y la jalonaron de carteles donde se resaltaba el mecenazgo de la Unión Europea en carreteras, regadíos, polígonos, industrias, patrimonio...
La Europa de los mercaderes invirtió en identidad y demolió, a base de subvenciones y ayudas multimillonarias, las más rancias fronteras, aquellas elevadas sobre la sangre de las guerras. Bruselas, antes perdida en las nieblas del mar del norte, cobró presencia en la vida y las inquietudes de los hispanos, ya conversos en europeos. Hoy Europa puede ser discutida y sus políticas contestadas, pero no negada.
Supongo que para quienes el ser leonés es un sentimiento arraigado y excluyente de castellano, el planteamiento de una identidad autonómica cimentada en inversiones públicas y, en definitiva, dinero es reprobable. Dirán que es una venta, que será una identidad artificial y envilecida. Pero, ojo, retrocedamos en el tiempo y pensemos de dónde surgió el concepto de leonés. Sí, es una identidad; sí, hoy es una cultura, pero nacida de una historia tormentosa, plagada de guerras, crímenes, robos y ambiciones. Una historia quizá tan vil como el dinero.

