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Autor Tema: Independencia del condado de Castilla del reino de León.  (Leído 4023 veces)
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« : Octubre 02, 2005, 22:02:08 »


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Independencia de Castilla respecto a León

El proceso de independencia de Castilla es muy significativo y, probablemente por ello, los textos oficiales de historia rehúsan ahondar en él. En la España medieval, como en toda Europa de entonces, son frecuentes las secesiones de reinos y de condados, pero por discordias entre herederos, por impaciencias de sucesores, por feudatarios deseosos de sacudirse el yugo feudal y convertirse en soberanos o por otras causas de ambición o interés personal. Pero el caso de Castilla queda, en este aspecto, fuera de lo corriente, porque obedece a sentimientos colectivos que en la Europa de aquellos tiempos carecían de base popular, ya que los regimenes políticos económicos y sociales eran tan semejantes en los múltiples feudos que a los vasallos, sin posibilidades inmediatas de mejorar su situación, tanto les daba en general, depender de un señor que de otro. Para los castellanos la autonomía era cosa importante. La historia de la independencia de Castilla y la del condado independiente, la del pueblo castellano en aquellos días y no sólo la de sus dirigentes, no se puede comprender sin profundizar en sus estructuras sociales. Así lo ha entendido Sanchez-Albornoz cuando señala como "decisivo factor explosivo" de la independencia castellana el de "la libertad económica y política de los castellanos de hace un milenio" y así lo entienden Barbero y Vigil.

La independencia de Castilla tuvo su base en el pueblo. Fue esta –dice Fray Justo Pérez de Urbel- "una verdadera revolución popular frente a los moldes rigidos de la aristocracia visigótica". Castilla se presenta en la historia con un sello marcadamente democrático. Sus condes –citemos otra vez a Sánchez-Albornoz- "necesitaron la asistencia entusiasta de los moradores del condado para mantenerse frente a los reyes leoneses y para defenderse de los duros ataques musulmanes, y no mermaron sino que aumentaron las libertades de los campesinos castellanos".

El proceso de la independencia de Castilla es, en lineas generales, el de todos los movimientos de emancipación nacional. Comienza por manifestarse en discordancia del pueblo dominado con la metrópoli; aquí en su disidencia, éste quiere instituciones propias que satisfagan sus anhelos; y finalmente se produce la ruptura con el dominador. Así, los castellanos comienzan por rechazar la legislación romano-visigótica del Fuero Juzgo, es decir, por repudiar lo que es y significa la monarquía astur-leonesa. Cuenta la tradición y recogen las crónicas que los castellanos, al afirmar su independencia respecto a León, cuyos reyes eran los de Asturias, León y Galicia -incluido en esta el condado de Portugal-, juntaron cuantas copias del Fuero Juzgo hallaron por Castilla y las quemaron en Burgos, sobre lo cual dice un texto antiguo:


"E cuando el conde Fernan Gonzalez e los castellanos se vieron fuera del poder del rey de Léon, se tovieron por bien andantes e fuéronse para Burgos, e fallaron que pues non deben obedecer al rey de León, que no les cumplía aquel fuero. Et enviaron por todos los libros de este fuero que había en todo el condado e quemáronlos en la iglesia de Burgos e ordenaron que los alcaldes en las comarcas librasen por fuero de albedrío"


-es decir, según parecer y según costumbres-. Después establecen sus propias instituciones: los jueces por ellos elegidos que juzgan según las leyes y las costumbres del país. Y por último, rompen definitivamente con el rey de León.

El nombramiento de sus propios alcaldes para que juzgasen según "fuero de la tierra" y no por el Fuero Juzgo, acto de rebeldía porque "estaba bien claro en la ley de los godos que nadie podía establecer juez sino el rey os su representante", fue siempre considerado por los castellanos como el acontecimiento más memorable del comienzo de su historia nacional; y sea o no cierta la existencia de tales magistrados, es un hecho recogido con entusiasmo por la tradición y muy ilustrador sobre el carácter de la primitiva Castilla. El poema de Fernán González relata este viejo suceso más o menos histórico con ese realismo que constituye una de las principales características de la epopeya española, y recuerda así el nombramiento de aquellos oscuros jueces que fueron encarnación del espíritu nacional:

"Todos los castellanos en uno se juntaron,

dos omnes de grand guisa por alcaldes alzaron,

los pueblos castellanos por ellos se guiaron;

que nos pusieron rey muy grand tiempo duraron"


Espíritu que se percibe en la base del poema; pues si éste destaca la figura del "buen conde" lo hace como adalid y gobernante popular, y en el fondo se haya siempre Castilla, el pueblo, o los pueblos castellanos, aquellas comunidades democráticas -con sus concejos elegidos en asambleas populares y sus milicias concejiles- que constituían las entidades básicas del viejo estado castellano.


Castilla es ensalzada en todo el poema y particularmente la Montaña cantábrica, la Castilla Vieja de donde traían su origen el propio conde y tantos castellanos:

"De Castilla la Vieja hobo hi castellanos

que muchos buenos fechos ficieron por sus manos.

Cuando oíen "Castilla", todos se esforzaban;

todos en su palabra grand esfuerzo tomaban.

Sobre todas las tierras mejor es la Montaña;

de vacas y de ovejas no hay otra tamaña.

Omnes de la Montaña, gente fuerte e ligera,

por tres tantos de moros nos dejaríen carrera.




Los castellanos y "los pueblos castellanos" son los protagonistas colectivos:

"Fueron todas las cartas defechas e partidas,

las gentes castellanas fueron todas venidas.

Cuando los castellanos el mandado sopieron.

nunca tan mal mensaje castellanos oyeron,

por poco, de pesar, de seso no non salieron.

Cuando fueron vencidos esos pueblos paganos,

fueron los vencedores los pueblos castellanos.

Los pueblos castellanos y las gentes cruzadas

sacaron a los moros fueras de sus posadas."


El espíritu democrático de Castilla es realidad histórica que se refleja en el poema.

Este describe cómo el pueblo castellano elige a sus condes o jefes sin intervención real, hace por su cuenta la guerra y conquista y repuebla territorios. Ya hemos visto cómo describe la proclamación de alcaldes o jueces en juntas populares. Son estas asambleas en que se delibera y decide:

"Ayuntaronse todos por se aconsejar,

dejémolos juntados, bien nos debe membrar"


Y narra las discordias que surgían cuando no llegaban a un acuerdo

Diré de castellanos, gente fuerte e ligera,

avenir non se podian por ninguna manera.

Los unos quieren uno, los otros quierién ál;

como omnes sin cabdillo aveniense mal.


Ellos alzan gobernante, jefe, conde o "señor", cuya autoridad reconocen y acatan después besándole la mano; y le entregan la enseña militar. Así cuenta el poema como mientras Fernán González era prisionero del rey de Navarra los castellanos siguieron reconociendo su autoridad que simbolizaron en una estatua del conde:



Fagamos señor de una piedra dura,

semejable al buen conde, desa mesma fechura;

sobre aquella piedra fagamos todos jura.

Así como al buen conde las manos le besemos,

………………………………………………

;pleito e homenaje todos a ella, faremos.

Si ella nos fuyere, que nos nunca fuyamos,

………………………………………………

la seña de Castilla en la man l’pongamos




Anselmo Carretero y Jiménez
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