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Autor Tema: Elecciones plebiscitarias en Cataluña.  (Leído 6535 veces)
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JLazaroS
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« Respuesta #10 : Julio 24, 2015, 18:27:06 »


A mi me encanta la demagogia de Mudejar.

He hecho una division bien sencilla entre favorables y no favorables a la independencia, y salvo que aportes datos CP no es favorable a la independencia.




XD

Supongamos que hubiera un 5% de independentistas, un 5% de unionistas y un 90% de neutrales o indiferentes.

Diría un independentista: he hecho una división muy sencilla entre unionistas y no unionistas. Los no unionistas somos el 95%.

Diría un unionista: he hecho una división muy sencilla entre independentistas y no independentistas. Los no independentistas somos el 95%.

Muy sencillas las divisiones. Y muy manipuladas para que digan lo que quieras.
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El verdadero castellano es indomable, no le reduce ni el frío ni el calor ni el hambre ni la tortura, ni la paz ni la guerra, es altivo y libre bajo una apariencia humilde y sencilla
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« Respuesta #11 : Julio 24, 2015, 19:54:11 »


A mi me encanta la demagogia de Mudejar.

He hecho una division bien sencilla entre favorables y no favorables a la independencia, y salvo que aportes datos CP no es favorable a la independencia.




Precisamente la demagogia es simplificar las situaciones, intento ver la gama de grises, del escenario poselectoral, y ahí puede haber sorpresas.

« Última modificación: Julio 24, 2015, 22:43:35 por Mudéjar » En línea
Leka Diaz de Vivar
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« Respuesta #12 : Julio 25, 2015, 20:09:01 »


JLazaro, y en efecto harias bien, en Catalunna apenas hay unionistas, lo que mas hay es gente que pasa de todo.

Asi que ya me contaras la demagogia que he hecho, separar entre indepes y no indepes!!!!!.

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De todos los libros del mundo el que debería ser prohibido antes que ningún otro es el catálogo de los libros prohibidos.(Lichtenberg)
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« Respuesta #13 : Septiembre 14, 2015, 13:11:27 »


Con esta ceremonia de la confusión en que se ha convertido el asunto catalán -y por ende el asunto español-, publican un artículo en El País sobre qué va a pasar con El Poble Espanyol de Barcelona, con vídeo incluído, y resulta que en este "parque temático" que se remonta a los principios del s. XX, según el periodista hay un sitio equiparable con las demás regiónes, países, nacionalidades, como se quieran calificar, llamado Castilla (a secas) ¡Milagro!

Un hombre mayor dice en la cámara que están todos los sitios menos La Rioja... claro, jachondo, acuérdese Usted de que cuando se hizo esto, no existía La Rioja como región diferenciada -cuestión que no figura en el apartado la Wikipedia, por cierto-, sino la provincia de Logroño.

El periodista -cuestión de la que trata el artículo-, se pregunta que va a pintar ese sitio español allí, si van a hacer una frontera con la zona de Cataluña... pues para mí no es tan complicado, amigo: Chiringuito portugués al canto y "Poble Iberic" que te crió.

A lo mejor la independencia de Cataluña tampoco resulta tan complicada... bueno, para los que nos quedamos en España me temo que sí.

http://politica.elpais.com/politica/2015/09/11/actualidad/1441989394_938302.html
« Última modificación: Septiembre 17, 2015, 09:51:39 por Mudéjar » En línea
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« Respuesta #14 : Septiembre 25, 2015, 11:59:35 »


Ha salido publicada una lista en El País de los principales sondeos. Según estos 9 sondeos, en todos menos el de La Razón (je, je) y en el de El Periódico (este sólo en su peor pronóstico), los indepes sacarían mayoría absoluta:

http://elpais.com/elpais/2015/09/22/media/1442955198_970208.html

Me gustaría si no es mucho trabajo ya que nadie postea, que opinaseis, sobre esto. Al final  básicamente se ha mantenido la "agrupación de partidos"  favor-contra  que decía Leka, con Cataluña Sí Es Pot  del lado "no indepe", aunque sigo pensando que a la hora de la votación de investidura pueden dar sorpresas.
« Última modificación: Septiembre 25, 2015, 12:02:18 por Mudéjar » En línea
Maelstrom
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« Respuesta #15 : Septiembre 25, 2015, 14:10:02 »


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Castilla y las elecciones catalanas

El próximo domingo 27 de septiembre, los ciudadanos catalanes están llamados a las urnas para votar a sus representantes en el Parlamento de Cataluña, algo que debiera parecernos rutinario, pues durante los últimos treinta y cinco años, son ya once veces las que se produce. Sin embargo, no se nos escapa que estos comicios son diferentes y que tienen una importancia más significativa, que trasciende al territorio y a la sociedad catalana, desde el momento que han sido convocados en clave “plebiscitaria” advirtiendo la candidatura de “Juntos por el Sí” y las CUP que su objetivo es alcanzar una mayoría parlamentaria que permita la declaración unilateral de la independencia de Cataluña.

Y parece obvio que tanto las otras fuerzas políticas concurrentes a estos comicios como diversos actores sociales, económicos y políticos, tanto catalanes, como del resto de España e internacionales, se toman en serio esta amenaza, pues el “leitmotiv” de sus declaraciones se posiciona básicamente sobre los beneficios o perjuicios de una Cataluña independiente.

No soy partidario de la independencia de Cataluña, ni de ningún otro de los territorios que hoy conforman España. Me parece que los destrozos económicos, políticos, sociales y emocionales que puede generar superan con creces cualquier potencial beneficio. Creo que, además, el procedimiento elegido por los actuales gobernantes de Cataluña para alcanzar el fin que ansían es totalmente inaceptable, violando el marco legal y democrático existente, optando por un proceso unilateral, a pesar de ser muchos más los actores implicados y afectados, pervirtiendo lo que son unas elecciones autonómicas, para convertirlas de facto en un referéndum vinculante e irreversible.

Especialmente desleal me parece el comportamiento en este asunto de Convergencia Democrática de Cataluña, el partido de Pujol y Mas, quienes sin complejos han disfrutado de una posición central en la sociedad y la política catalana durante más de treinta y cinco años, gracias a una Constitución Española que hoy rechazan, pero que en su momento no solo apoyaron sino que contribuyeron a redactar, y a un modelo autonómico que hoy detestan, pero que ha sido claramente beneficioso, especialmente para su comunidad. El Pacto Constitucional, desde el punto de vista del Estado de las Autonomías, implicaba encontrar un terreno de juego aceptable para la mayoría, que obligaba a ceder tanto a quienes preferían un Estado Unitario, como a quienes deseaban la independencia de alguna de las comunidades periféricas.

La deriva separatista de Más y su partido parece seguir un detestable guion, que comienza en la consecución de la autonomía, que pasa por la obtención del mayor número de competencias, presupuestos y privilegios posible, mediante pactos, negociaciones y chantajes, y que finaliza, cuando ya no se puede obtener nada más del Estado y de la sociedad española, en la ruptura independentista.

Por otra parte, tampoco puedo de dejar de reconocer que es absolutamente inviable e insostenible mantener la Unidad de España, de forma democrática, si frente a ella se construyera una sólida, mayoritaria y persistente en el tiempo opinión en la sociedad de Cataluña a favor de la independencia. Y cualquier Sociedad o País democrático debe articular salidas para que si tan extrema opción se consolida, pueda tener un cauce pacífico de expresión. Hoy, en el marco legal español, esa posibilidad es débil pero existe, en el ámbito de la modificación de la actual Constitución Española.

Cualquier modificación territorial en el seno de las sociedades democráticas, solo puede darse en el terreno del mutuo acuerdo, al margen de cualquier decisión unilateral. Así ha sido en la separación pactada de la República Checa y Eslovaquia, o en los referéndums –fallidos para los independentistas- de Quebec y Escocia.

Está claro, y las reiteradas declaraciones de Naciones Unidas sobre la materia lo certifican, que el Principio de Autodeterminación sólo es aplicable para gestionar procesos de descolonización de un territorio y su población respecto a una potencia colonial, situación que es algo impensable en el caso de dos de las más ricas y autónomas comunidades españolas: el País Vasco y Cataluña.

En el ámbito de las sociedades occidentales, las sentencias de la Corte Suprema de Canadá, para gestionar desde un punto democrático las ansias independentistas de la provincia francófona de Quebec, han arrojado luz a cómo desenvolverse ante estos embarazosos procesos, concluyendo que la independencia no puede plantarse desde la perspectiva unilateral, sino desde la negociación; que exige un referéndum exclusivo sobre la secesión con una pregunta meridianamente clara, y que debe ser apoyado por una mayoría cualificadamente suficiente, que obviamente no se alcanza con el 51%.

Como castellanista que soy no puedo dejar de sentirme afectado por el proceso secesionista catalán, lugar donde residen más de 300.000 castellanos y castellanas, que en su día debieron abandonar a la fuerza su tierra para encontrar una forma de ganarse la vida, a pesar de haber sido en muchos casos discriminados como “charnegos” en su propio país, y que ahora pueden acabar siendo extranjeros en su propia casa. Como castellanista que soy, tampoco puedo olvidar el esfuerzo desplegado por el Estado Español en los últimos ciento cincuenta años en fortalecer la industria catalana, en invertir los ahorros de los españoles en las infraestructuras y el sistema financiero catalán, en generar electricidad, agua y materias primas para dar viabilidad a las empresas y urbes catalanas, en convertir a millones de andaluces, extremeños, aragoneses, gallegos y castellanos en mano de obra barata para alimentar el desarrollismo de Cataluña, a costa de despoblar las grandes mesetas del interior de España.

A pesar de los negros nubarrones que en el horizonte temporal presagian aciagos acontecimientos, no me resisto a intentar advertir algunas oportunidades que esta nueva manifestación de la permanente crisis territorial que vive España puede traernos. Espero que el grave conflicto que la declaración unilateral de independencia puede traernos a todos no se materialice y deseo que la mayor parte de la sociedad española, incluida la catalana, ante este momento histórico, entienda que es el momento de repensar nuestro Estado de las Autonomías, reconociendo el carácter plurinacional de España, dando respuesta a quienes desde el País Vasco, Cataluña y Galicia, pero también Aragón, Castilla, Andalucía o Canarias, entendemos compatible nuestra identidad como Nación Cultural, con nuestra pertenencia al Estado Español, a Europa y a una Comunidad Internacional cada vez más relacionada e interdependiente. Espero que seamos muchos quienes nos pongamos a trabajar en un modelo federal para España, que reconozca las realidades de sus diferentes pero complementarios pueblos, que dé respuestas a las demandas legítimas, que vertebre la solidaridad y la racionalidad, que acabe con las discriminaciones y los privilegios. A todos los españoles este camino nos irá bien, catalanes incluidos. A los castellanos, también.


http://burgosconecta.es/blogs/latenadadelcomun/2015/09/25/castilla-y-las-elecciones-catalanas/#more-243

http://www.partidocastellano.org/content/2015/09/24/castilla-y-las-elecciones-catalanas

Artículo de opinión escrito por Luis Marcos acerca de las próximas elecciones catalanas. Estoy totalmente de acuerdo con lo resaltado en negrita, aunque me parece bastante ingenuo creer que una España federal arreglaría las cosas: ¿de verdad creéis que Artur Mas, Oriol Junqueras y demás profesionales del victimismo, el "hecho diferencial" y el agravio comparativo aceptarían un modelo de Estado igualitario y sin asimetrías? Va a ser que no...
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« Respuesta #16 : Septiembre 25, 2015, 14:14:43 »


Yo tengo unos cuantos petardos preparados para hacer sonar en Madrid en caso de victoria independentista.
La victoria en escaños la doy por hecha (toco madera) y en votos es posible aunque dificil.

De todas maneras, y alegrándome como me alegro por la posible victoria del independentismo catalán, el domingo habrá que sacar a pasear el pendón castellano en Madrid, en la manifestación de la Coordinadora 25S (a las 13:00h en Sol). Que se vea que el nacionalismo castellano también es rupturista con un estado decrépito y en descomposición. ¡¡Mudejar, anímate y vente!!

P.D: una lástima que Aznar no haya aparecido en campaña para darle un subidón final al independentismo. Por primera vez el PP ha estado listo.  icon_mrgreen
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« Respuesta #17 : Septiembre 25, 2015, 14:22:03 »


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Castilla y las elecciones catalanas

El próximo domingo 27 de septiembre, los ciudadanos catalanes están llamados a las urnas para votar a sus representantes en el Parlamento de Cataluña, algo que debiera parecernos rutinario, pues durante los últimos treinta y cinco años, son ya once veces las que se produce. Sin embargo, no se nos escapa que estos comicios son diferentes y que tienen una importancia más significativa, que trasciende al territorio y a la sociedad catalana, desde el momento que han sido convocados en clave “plebiscitaria” advirtiendo la candidatura de “Juntos por el Sí” y las CUP que su objetivo es alcanzar una mayoría parlamentaria que permita la declaración unilateral de la independencia de Cataluña.

Y parece obvio que tanto las otras fuerzas políticas concurrentes a estos comicios como diversos actores sociales, económicos y políticos, tanto catalanes, como del resto de España e internacionales, se toman en serio esta amenaza, pues el “leitmotiv” de sus declaraciones se posiciona básicamente sobre los beneficios o perjuicios de una Cataluña independiente.

No soy partidario de la independencia de Cataluña, ni de ningún otro de los territorios que hoy conforman España. Me parece que los destrozos económicos, políticos, sociales y emocionales que puede generar superan con creces cualquier potencial beneficio. Creo que, además, el procedimiento elegido por los actuales gobernantes de Cataluña para alcanzar el fin que ansían es totalmente inaceptable, violando el marco legal y democrático existente, optando por un proceso unilateral, a pesar de ser muchos más los actores implicados y afectados, pervirtiendo lo que son unas elecciones autonómicas, para convertirlas de facto en un referéndum vinculante e irreversible.

Especialmente desleal me parece el comportamiento en este asunto de Convergencia Democrática de Cataluña, el partido de Pujol y Mas, quienes sin complejos han disfrutado de una posición central en la sociedad y la política catalana durante más de treinta y cinco años, gracias a una Constitución Española que hoy rechazan, pero que en su momento no solo apoyaron sino que contribuyeron a redactar, y a un modelo autonómico que hoy detestan, pero que ha sido claramente beneficioso, especialmente para su comunidad. El Pacto Constitucional, desde el punto de vista del Estado de las Autonomías, implicaba encontrar un terreno de juego aceptable para la mayoría, que obligaba a ceder tanto a quienes preferían un Estado Unitario, como a quienes deseaban la independencia de alguna de las comunidades periféricas.

La deriva separatista de Más y su partido parece seguir un detestable guion, que comienza en la consecución de la autonomía, que pasa por la obtención del mayor número de competencias, presupuestos y privilegios posible, mediante pactos, negociaciones y chantajes, y que finaliza, cuando ya no se puede obtener nada más del Estado y de la sociedad española, en la ruptura independentista.

Por otra parte, tampoco puedo de dejar de reconocer que es absolutamente inviable e insostenible mantener la Unidad de España, de forma democrática, si frente a ella se construyera una sólida, mayoritaria y persistente en el tiempo opinión en la sociedad de Cataluña a favor de la independencia. Y cualquier Sociedad o País democrático debe articular salidas para que si tan extrema opción se consolida, pueda tener un cauce pacífico de expresión. Hoy, en el marco legal español, esa posibilidad es débil pero existe, en el ámbito de la modificación de la actual Constitución Española.

Cualquier modificación territorial en el seno de las sociedades democráticas, solo puede darse en el terreno del mutuo acuerdo, al margen de cualquier decisión unilateral. Así ha sido en la separación pactada de la República Checa y Eslovaquia, o en los referéndums –fallidos para los independentistas- de Quebec y Escocia.

Está claro, y las reiteradas declaraciones de Naciones Unidas sobre la materia lo certifican, que el Principio de Autodeterminación sólo es aplicable para gestionar procesos de descolonización de un territorio y su población respecto a una potencia colonial, situación que es algo impensable en el caso de dos de las más ricas y autónomas comunidades españolas: el País Vasco y Cataluña.

En el ámbito de las sociedades occidentales, las sentencias de la Corte Suprema de Canadá, para gestionar desde un punto democrático las ansias independentistas de la provincia francófona de Quebec, han arrojado luz a cómo desenvolverse ante estos embarazosos procesos, concluyendo que la independencia no puede plantarse desde la perspectiva unilateral, sino desde la negociación; que exige un referéndum exclusivo sobre la secesión con una pregunta meridianamente clara, y que debe ser apoyado por una mayoría cualificadamente suficiente, que obviamente no se alcanza con el 51%.

Como castellanista que soy no puedo dejar de sentirme afectado por el proceso secesionista catalán, lugar donde residen más de 300.000 castellanos y castellanas, que en su día debieron abandonar a la fuerza su tierra para encontrar una forma de ganarse la vida, a pesar de haber sido en muchos casos discriminados como “charnegos” en su propio país, y que ahora pueden acabar siendo extranjeros en su propia casa. Como castellanista que soy, tampoco puedo olvidar el esfuerzo desplegado por el Estado Español en los últimos ciento cincuenta años en fortalecer la industria catalana, en invertir los ahorros de los españoles en las infraestructuras y el sistema financiero catalán, en generar electricidad, agua y materias primas para dar viabilidad a las empresas y urbes catalanas, en convertir a millones de andaluces, extremeños, aragoneses, gallegos y castellanos en mano de obra barata para alimentar el desarrollismo de Cataluña, a costa de despoblar las grandes mesetas del interior de España.

A pesar de los negros nubarrones que en el horizonte temporal presagian aciagos acontecimientos, no me resisto a intentar advertir algunas oportunidades que esta nueva manifestación de la permanente crisis territorial que vive España puede traernos. Espero que el grave conflicto que la declaración unilateral de independencia puede traernos a todos no se materialice y deseo que la mayor parte de la sociedad española, incluida la catalana, ante este momento histórico, entienda que es el momento de repensar nuestro Estado de las Autonomías, reconociendo el carácter plurinacional de España, dando respuesta a quienes desde el País Vasco, Cataluña y Galicia, pero también Aragón, Castilla, Andalucía o Canarias, entendemos compatible nuestra identidad como Nación Cultural, con nuestra pertenencia al Estado Español, a Europa y a una Comunidad Internacional cada vez más relacionada e interdependiente. Espero que seamos muchos quienes nos pongamos a trabajar en un modelo federal para España, que reconozca las realidades de sus diferentes pero complementarios pueblos, que dé respuestas a las demandas legítimas, que vertebre la solidaridad y la racionalidad, que acabe con las discriminaciones y los privilegios. A todos los españoles este camino nos irá bien, catalanes incluidos. A los castellanos, también.


http://burgosconecta.es/blogs/latenadadelcomun/2015/09/25/castilla-y-las-elecciones-catalanas/#more-243

http://www.partidocastellano.org/content/2015/09/24/castilla-y-las-elecciones-catalanas

Artículo de opinión escrito por Luis Marcos acerca de las próximas elecciones catalanas. Estoy totalmente de acuerdo con lo resaltado en negrita, aunque me parece bastante ingenuo creer que una España federal arreglaría las cosas: ¿de verdad creéis que Artur Mas, Oriol Junqueras y demás profesionales del victimismo, el "hecho diferencial" y el agravio comparativo aceptarían un modelo de Estado igualitario y sin asimetrías? Va a ser que no...


A mi en cambio, me parece bastante lamentable el discurso que sostiene el PCAS relativo al proceso catalán, defendiendo lo indefendible y metiéndose en un terreno farragoso (el del federalismo que nadie entiende) en el que poco puede pescar.

En demasiadas ocasiones el PCAS suena a Ciudadanos o a UPyD, y como siempre, el original siempre triunfará frente a la copia.

Debemos ser (y hablo en primera del plural como afiliado) el único partido nacionalista que desea que el resto de nacionalismos no triunfe...para hacérselo mirar... icon_wink
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« Respuesta #18 : Septiembre 25, 2015, 18:05:08 »



A mi en cambio, me parece bastante lamentable el discurso que sostiene el PCAS relativo al proceso poni, defendiendo lo indefendible y metiéndose en un terreno farragoso (el del federalismo que nadie entiende) en el que poco puede pescar.


El PCAS-TC siempre fue federalista, la antigua TC se definía en aquellos lejanos tiempos del procurador por Burgos como "castellanista, federalista, ecologista y de izquierdas".

El federalismo no es una opción que el castellanismo haya abrazado como solución al secesionismo poni, ha estado sobre la mesa casi siempre.

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En demasiadas ocasiones el PCAS suena a Ciudadanos o a UPyD, y como siempre, el original siempre triunfará frente a la copia.


Ni unos ni otros son federalistas sino constitucionalistas al pie de la letra. El PSOE se ha vuelto converso a un federalismo que jamás defendió desde el poder, ni en el gobierno central ni en el poni ni en ninguno de los castellanos. Si somos objetivos resulta que en Castilla es el PSOE el que copia al PCAS, no a la inversa.

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Debemos ser (y hablo en primera del plural como afiliado) el único partido nacionalista que desea que el resto de nacionalismos no triunfe...para hacérselo mirar... icon_wink


El nacionalismo castellano también debe ser el único que es recibido con aversión e incluso abierta hostilidad entre los ciudadanos de su nación. Esto no pasa con ningún otro nacionalismo peninsular.

Por otra parte y sin perder de vista lo anterior ¿qué recibe Castilla de Ponilandia aparte de insultos que rozan la más asquerosa xenofobia? ¿por qué razón un castellanista ha de inmolarse ante su propia población para defender las reivindicaciones de un territorio del que no recibe otra cosa que desprecio?¿presta acaso algún apoyo el nacionalismo poni al castellano?

No es posible siquiera inculcar un moderadísimo nacionalismo castellano entre los castellanos y quieres que el PCAS se enrede en la defensa de nacionalismos ajenos... eso es quijotismo y no lleva a nada.

Bien, a algo lleva... a que la población que ahora en el mejor de los casos ignora al castellanismo acabe por escupirle a la cara.

¿Todo a cambio de qué? pues de "España nos roba" ergo somos unos ladrones, "Castilla nos oprime" ergo somos unos opresores y eso por no hablar que la gran verdad oculta... que Cervantes o Santa Teresa fueron ponies en realidad ¡impensable resulta que un castellano sepa leer y escribir, como van a serlo tamañas figuras!

No hablemos ya del patrimonio cultural expoliado a Castilla y a Aragón custodiado por museos catalanes que ni por asomo, ni por justicia, ni por solidaridad se plantean devolver.

Mientras Ponilandia no respete a Castilla como pueblo ni a la cultura castellana como fruto de los valores de ese pueblo, puede colaborar con el nacionalismo poni su pujolera madre. Cuando cambien de fobias y de discurso entonces ya se vería.
« Última modificación: Septiembre 25, 2015, 18:07:06 por Panadero » En línea



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« Respuesta #19 : Septiembre 25, 2015, 19:17:18 »


El federalismo del PCAS viene de lejos y es una posición que han defendido muchos nacionalistas catalanes y destacados como Duran i LLeida. En este interesante artículo pone de manifiesto una postura muy parecida a la que a mi entender se acoge el PCAS:

http://elpais.com/elpais/2015/09/01/opinion/1441123763_525687.html
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