Es cierto, cuánto sufrimiento democrático tenemos en este país. No sé cómo podemos siquiera respirar en cada despertar matutino con tanto recuerdo fascista y tanto luchador por las libertades, inocentes plantadores de rosas y besos al prójimo, a medio metro bajo tierra castellana.
Inconsciente de mí, que me he dejado abiertas las ventanas de casa, lo mismo se cuela un misil totalitario de cualquier soldado despistado que intenta oprimir mis recortadísimos derechos.
Libertades que me han regalado, como bien explicaba hace algunos posts quien estaba en Eibar poniendo tricolor manto sobre la balconada del Ayuntamiento. ¿Eres el de la foto que sostiene la bandera o el del lado con el puño levantado? Te hacía algo más joven.
Amantes del pasado dicen con ironía quienes mitifican una guerra de hace cinco siglos. Cinismo en estado puro porque su amada República lo mismo tenía algún agujero que otro. Pero hay que evitar a toda costa que de tales tuberías con grietas caiga agua, o peor aún sangre de fascista, no vaya a ser que descubramos que la izquierda detrás de la palabra demagógica escondía también una escopeta.
¿Dispararían balas o ramos de violetas?
Qué poética es la izquierda, paradigma de la democracia (cómo se les llena la boca con la palabra) que luego hacen cumplir sólo en función de lo que convenga a sus igualitarios y justos intereses.
¿Y la Historia? Chssss, calla, calla, aún estamos a tiempo de hacer que se olvide, de quemarla como hicimos hace 70 años o, en el peor de los casos, de reinventarla a golpe de mito.

