Retomo algo de otro hilo, del Merino de Sotoscueva:
- la aceptación enorme y generalizada de la autonomía por parte de los cántabros, lo que se ve en sus lábaros (visibles en camisetas y pegatas de coches) y en el (a veces desmedido) orgullo de las gentes cántabras por lo suyo, ignorando y/o despreciando los lazos que tienen con tierras del sur.
- la generalizada opinión (de muchos intelectuales y de las altas esferas intelectuales y económicas de la sociedad santanderina) de que la actual CA de Cantabria debería estar integrada en CyL por motivos económicos y políticos, pues ven que Cantabria es una irrelevante región encajonada en el norte, que ni pincha ni corta ni se le nota nada en el panorama español (lo mismo que el resto de CCAA castellanas menos Madrid, vamos).
Los intelectuales dicen una cosa y el sentimiento ciudadano otra
Tienes toda la razón. Esto es de lo mejor que he leído en estos foros y me da esperanza de que sirvan de verdad para algo, superando el frikismo de mapas, fronteras y geopolítica de pacotilla.
Como sabrán muchos lectores, el origen de la Cantabria "independiente" es la avaricia y el sentimiento de superioridad de ciertas elites santanderinas, parcialmente admiradoras incondicionales de lo vasco (
"al fin podremos ser como ellos"), parcialmente cegadas por un sentimiento montañesista equivocado, pero todas engreídas por la situación económica tan avanzada que se llevaba disfrutando varias décadas y corrompidas por la perspectiva de llevarse los cuartos con el nuevo engendro autonómico.
Ya existía de antes una conciencia fuerte de constituir una parte de Castilla con características muy específicas, pero como podían considerarse los madrileños respecto de los paletos de Navalcarnero (con todos los respetos) o los habitantes de las Merindades respecto de los de Tierra de Campos. A esto se debe también que Pereda sirva para adornar regionalismos, no mitos independentistas, y que del fondo carlista y muy conservador de los pueblos no saliera un Sabino Arana. Al revés, los responsables de la separación son los burgueses liberales del puerto de Santander, enriquecidos con el comercio y la industria, protagonistas y mandamases de la región en el siglo XIX y gran parte del XX.
Paradójicamente, Santander es ahora el centro del unionismo. Tiene sentido, porque la caída ha sido dura: Santander hoy no es la Bilbao 2 que prometieron, sino una ciudad geriátrica, funcionarial, anquilosada y empobrecida, sin nada de su antiguo empuje y cosmpolitismo.
En cambio, la gente de los pueblos -incluyendo Torrelavega- que durante todo el periodo anterior habían sido ninguneados, con la autonomía "descubrieron" que eran necesarios. Necesarios para los burgueses cantabristas, claro. De repente ellos eran "la esencia de Cantabria", los "descendientes de los fieros cántabros" y otras payasadas. Poco a poco el esfuerzo de propaganda ha ido calando (a todo el mundo le gusta que le digan que es rico, guapo y listo y que le hagan carreteras y boleras cubiertas, sobre todo si antes era un paletuco) y en cuanto ha aparecido un partido como el PRC dispuesto a aprovechar políticamente la situación la cosa se ha vuelto permanente. Y lo han hecho bien, porque han reconocido el cariño a España de los cántabros y no se han lanzado a experimentos peligrosos.
Dicho todo lo anterior, hay que reconocer también que Cantabria no tenía mucho donde elegir. Castilla-León es un engendro, y que ante la perspectiva de depender absolutamente de Madrid o de Valladolid, la cosa estaba clara. Valladolid era la ciudad retrógrada de curas y militares, mientras que Santander el sitio comercial y abierto a "Uropa". Igualdad, a regañadientes, pero subordinación nunca.
Por eso precisamente apoyo a La Unión, porque en vez de un anexionismo cerril al engendro CyL busca vínculos más "débiles" que casan mejor con la realidad cántabra de hoy, y porque con cooperación económica, que las elites suelen preferir, ya se corta un árbol medio caído. Si las elites pudieron hacer creer a toda la región que eran descendientes de Laro y Corocota, y que conservaban los restos de la identidad "reprimida" por los romanos, ellas mismas pueden devolver a la Montaña a donde nunca debió de salir.
Es cuestión de tiempo y dinero.

